La segunda generación de vacunas ya está aquí y nos va a cambiar la vida para siempre
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HORIZONTES DE VERANO

La segunda generación de vacunas ya está aquí y nos va a cambiar la vida para siempre

La evolución del virus y de la inmunidad marcará el futuro inmediato de los proyectos de vacuna, los que ya han triunfado y los que todavía tratan de adaptarse

Foto: Imagen: Irene de Pablo.
Imagen: Irene de Pablo.
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Las vacunas nos han salvado el cuello. Es difícil imaginar cómo habríamos podido recuperar el pulso económico y social sin este extraordinario logro científico contra el covid. ¿Hubieramos podido? Mejor mirar hacia delante. Tras el verano, casi todo el país habrá recibido sus dosis y habremos superado la famosa barrera del 70% de vacunados, la cifra aproximada que citan los epidemiólogos para alcanzar la imunidad de grupo. No es que el virus vaya a desaparecer, pero se interrumpirá su circulación en gran medida y evitaremos la enfermedad grave.

Así que tenemos por delante un curso marcado por una cierta vuelta a la normalidad, pero eso no quiere decir que nos olvidemos para siempre de las vacunas del covid. Primero, porque no sabemos cómo evolucionará la inmunidad que proporcionan, ya que es poco probable que estemos protegidos para siempre. Segundo, porque tampoco podemos estar seguros de cómo se comportará la pandemia: ¿surgirán nuevas variantes en países que amenazarán nuestra protección? No lo sabemos. Y tercero, porque la investigación no se detendrá pase lo que pase.

Foto: Una dosis de Pfizer. (Reuters)

Ahí entran en escena las vacunas de 'segunda generación'. Los expertos ya usaban esta expresión cuando apenas conocíamos las primeras para referirse a las que, en un futuro cercano, aportarán mejoras o se adaptarán a la evolución del coronavirus. Esto no quiere decir que las marcas sean distintas a las que conocemos. De hecho, al haber llegado primero, Pfizer-BioNTech, Moderna, AstraZeneca y Janssen parten con ventaja. Desde el punto de vista del desarrollo científico y tecnológico, han demostrado que su producto funciona y ya tienen una sólida base sobre la que hacer cambios. Y algo muy importante: a nivel social, contarán con la ventaja de que su aceptación será mucho más fácil, incluso después de toda la polémica alrededor de AstraZeneca.

El reciente fracaso de la alemana CureVac, basada en la tecnología ARN como Pfizer y Moderna pero que se ha quedado en un 47% de eficacia en los datos preliminares de sus ensayos clínicos, nos recuerda que el desarrollo de estos fármacos es mucho más complejo de lo que ha podido parecer en estos últimos meses. No obstante, habrá otros proyectos que se sumarán al grupo, como el de la estadounidense Novavax, que sí que ha presentado buenos resultados y tiene todas las papeletas para convertirse en la quinta vacuna aprobada por la Agencia Europea de Medicamentos (EMA).

En cualquier caso, las farmacéuticas que han triunfado han iniciado ya su particular campaña para convencer a los gobiernos de que será necesaria una tercera dosis, aunque todavía no hay datos para estar seguros de que haya que hacerlo. Los anticuerpos que generamos gracias a las vacunas irán descendiendo poco a poco, como es normal, pero eso no quiere decir que no estemos protegidos, ya que tanto las vacunas como haber pasado la infección también crean esa resistencia. Esto quiere decir que nuestro sistema inmunitario tiene memoria y que a través de células especializadas (linfocitos T) puede identificar y destruir otras infectadas y producir más anticuerpos. Es difícil valorar hasta qué punto seguimos protegidos y por cuánto tiempo, pero de momento los datos son bastante buenos.

Pendientes del virus

El gran temor está en las posibles mutaciones del virus. Hasta ahora, se ha observado que su capacidad para cambiar es limitada, pero aun así se han desarrollado variantes más transmisibles que han llegado a preocupar porque escapaban de los anticuerpos en experimentos de laboratorio. Sin embargo, los datos que vamos conociendo son tranquilizadores, gracias a esa inmunidad celular. Aunque en el Reino Unido han saltado las alarmas por la variante delta, procedente de la India, todo parece indicar que quienes tienen las dos dosis de cualquiera de las vacunas están protegidos. Algo similar ocurre con el resto de las cepas.

Foto: Dos pacientes infectados con covid reciben tratamiento en un hospital de Nueva Delhi, India, en abril. (Reuters)

Entonces, ¿ya está? No. La baja inmunización de la mayoría de los países del mundo sigue dando oportunidades al virus de seguir contagiando y evolucionando. Por eso no se puede descartar que alguna de las variantes sea capaz de burlar nuestras defensas, de provocar reinfecciones graves o de contagiar a quienes estén protegidos con vacunas de primera generación, basadas en la secuencia del virus original de Wuhan.

De hecho, la vacunación protege de la enfermedad grave, pero no se sabe hasta qué punto evita que nos infectemos. La lógica lleva a los inmunólogos a pensar que en ausencia de síntomas o con pocos síntomas es mucho más difícil que el SARS-CoV-2 pase de persona a persona, así que la vacunación sería casi sinónimo de cortar las cadenas de transmisión. Hay estudios que apuntan en esa dirección (el virus circula menos entre los vacunados), pero parece que la posibilidad de contagiarse no desaparece del todo por estar inmunizados.

Por eso, es posible que este virus evolucione en otro sentido y acabe siendo estacional. De hecho, se conocen otros cuatro coronavirus que provocan simples catarros y algunos vaticinan que ese puede ser el futuro del covid más pronto que tarde. ¿Esto implicaría vacunaciones periódicas o no? El virus de la gripe también es estacional y se organizan campañas de vacunación cada año, pero el motivo es que su capacidad de mutación es vertiginosa, así que es necesario vigilar su evolución y adaptar las vacunas permanentemente. En cualquier caso, la mayoría de los expertos consideran probable que las personas mayores y otros grupos vulnerables tengan que volver a recibir inyecciones (principalmente, porque su sistema inmunitario es más débil), aunque podría ser suficiente con una tercera dosis exactamente igual que las anteriores.

Sea cual sea el escenario, no cabe duda de que habrá nuevas vacunas listas para el reto. Los grandes laboratorios ya trabajan con adaptaciones a las variantes, que se siguen de cerca gracias a la secuenciación de los genomas del virus que se realiza en todo el mundo, aunque con distinta intensidad en unos países y en otros. De hecho, la tecnología del ARN es muy flexible en ese sentido, así que a Pfizer o a Moderna les bastarían unas pocas semanas para reaccionar ante cambios radicales del SARS-CoV-2.

En busca de ventajas competitivas

Ahí también surgirá la oportunidad para que salgan adelante otros proyectos con algún tipo de ventaja competitiva. Por ejemplo, la de los españoles Luis Enjuanes e Isabel Sola en el Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC), que podría ser extraordinariamente potente, de una sola dosis y de aplicación intranasal. Sí, en lugar de un pinchazo, un espray. La idea es que ofrezca una mayor protección en las vías respiratorias, la puerta de entrada del virus al organismo. Algunos estudios indican que una vacuna dirigida a las vías respiratorias podría generar una respuesta inmune más potente que evite la infección. Eso sí, nos acercaría mucho más al fin de la transmisión.

placeholder Transporte de vacunas de ARN en Honduras. (EFE)
Transporte de vacunas de ARN en Honduras. (EFE)

Otros proyectos plantean ventajas logísticas con respecto a algunas de las vacunas actuales. Por ejemplo, la necesidad de congelación para su distribución complica el transporte de las vacunas de ARN en muchos países. Incluso si hay que seguir vacunando periódicamente más allá del esfuerzo para atajar la crisis actual, algunos expertos consideran inviable mantener este sistema incluso en los países avanzados. Con esa baza juegan otros proyectos españoles que están cerca de iniciar los ensayos clínicos, como el de Mariano Esteban y Juan García Arriaza, también en el CNB-CSIC.

El tipo de producción (las de ARN requieren tecnología muy sofisticada) o el precio también son factores que entran en juego a largo plazo y que pueden dar cancha a otras vacunas que aún no han salido al mercado, sobre todo pensando en países con menos recursos. Es el caso de un proyecto de la Universidad de Texas que desarrolla su vacuna contra el covid en huevos de gallina embrionados, un proceso que no tiene secretos porque es el que se utiliza de forma clásica para las vacunas de la gripe y algunas veterinarias. Esto permitiría que muchos países fabricasen las vacunas en su territorio, algo impensable con las más avanzadas, por mucho que se hable de liberar las patentes.

Otros mercados

La extensión de la inmunización a nuevos grupos sociales, como los niños y los adolescentes, también podría dar pie a generar nuevas vacunas. En los ensayos que se han puesto en marcha, no son exactamente iguales que las de los adultos, sino que llevan una dosis menor. En este terreno, también llevan ventaja los mismos fabricantes que ya están inmunizando al resto de la población, especialmente Pfizer y Moderna, así que no parece que vaya a haber sorpresas.

Foto: Un gato recibe una vacuna contra el covid-19 en una clínica en Moscú. (Reuters)

Donde sí podría haberlas es en el mercado veterinario. Una vez controlada la pandemia en humanos, no se descarta inmunizar a los animales domésticos (está comprobado que las personas los pueden contagiar), sobre todo si las vacunas humanas no logran atajar por completo la transmisión. Curiosamente, el proyecto que lidera Vicente Larraga en el Centro de Investigaciones Biológicas Margarita Salas (CIB-CSIC) ha recorrido el camino inverso: es un fármaco sintético de ADN cuyo procedimiento está basado en el que ya utilizaron para desarrollar una vacuna contra la leishmaniosis canina (se encuentra en la fase IV, de solicitud de permiso de fabricación y comercialización a la EMA). Por eso, creen que, una vez lograda la vacuna humana, sería factible producir dosis para los animales.

La carrera por la vacuna que comenzó hace año y medio aún no ha concluido. Incluso si la pandemia queda atrás en pocos meses, como un mal recuerdo del pasado, este desafío científico dejará una huella indeleble en la historia de la ciencia en general y, por supuesto, en la industria farmacéutica. El éxito de las vacunas de ARN ya se intenta trasladar a otras enfermedades como el VIH, ya que si han triunfado contra el covid es porque acumulan años de investigación frente al zika, el ébola o el chikungunya, pero aún no habían sido comercializadas. La crisis también ha evidenciado la importancia de tener un sector biotecnológico potente que sea capaz de responder al desafío. España no tenía fábricas de vacunas humanas, pero ha adaptado rápidamente varias destinadas a las vacunas veterinarias. Por eso, la siguiente generación de vacunas contra el covid no mira solo al covid: está enfocada en la próxima pandemia.

Las vacunas nos han salvado el cuello. Es difícil imaginar cómo habríamos podido recuperar el pulso económico y social sin este extraordinario logro científico contra el covid. ¿Hubieramos podido? Mejor mirar hacia delante. Tras el verano, casi todo el país habrá recibido sus dosis y habremos superado la famosa barrera del 70% de vacunados, la cifra aproximada que citan los epidemiólogos para alcanzar la imunidad de grupo. No es que el virus vaya a desaparecer, pero se interrumpirá su circulación en gran medida y evitaremos la enfermedad grave.

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