La máquina del tiempo | El oficial nazi que se convirtió en un héroe británico
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La máquina del tiempo | El oficial nazi que se convirtió en un héroe británico

"Tomó la muy valiente decisión de hundir su propio barco para que los británicos no lo tomaran ni descubriesen sus secretos". La desconocida historia de Hans Lansdorff

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Imagen: Rocío Márquez.

A las ocho de la tarde del 17 de diciembre de 1939, las miradas de medio planeta estaban fijas sobre el Graf Spee, atracado en el muelle de Montevideo. El acorazado de bolsillo alemán había sembrado el terror en el Atlántico Sur y en el Índico durante los primeros meses de la Segunda Guerra Mundial y se había convertido en un símbolo nazi. Un terror, eso sí, muy elegante. El capitán Hans Langsdorff había garantizado no solo que se respetase la integridad física de los tripulantes de los barcos británicos que había hundido, sino que había llegado a encargar a su sastre ropa a medida para sus invitados.

La situación había cambiado apenas unos días antes. El 13 de diciembre, Langsdorff se topó en Punta del Este con dos cruceros livianos, el HMS Ajax y el HMS Achilles, y un crucero pesado, el HMS Exeter, que lo dejaron para el arrastre. El malherido navío llegó a las aguas de la capital uruguaya el día 14 para acometer las necesarias reparaciones. Con una condición: solo podría permanecer 72 horas, lo estipulado por el derecho internacional. A las ocho de la tarde del 17, debería levar anclas y decidir si huir o luchar contra el enemigo. Si Langsdorff, que ya podía presumir de tener una Cruz de Hierro en su pechera a sus 45 años, seguía la máxima hitleriana, debía hacer esto último. Los británicos se prepararon para el ataque.

Los británicos lo homenajearon en 2019, pero los alemanes le han dado completamente la espalda

Y entonces… algo ocurrió. Un bote abandonó el acorazado cuando este llegó a aguas argentinas y, poco después, un conjunto de detonaciones acabaron con él. En cuestión de minutos, se hundió en el Río de la Plata, donde ahí sigue hoy en día. Langsdorff había decidido salvar la vida de sus marinos aun a costa de hundir su barco y entregar su vida. Tres días más tarde, después de enviar cartas a sus superiores y a su familia, se envolvió en la bandera de su barco y se pegó un tiro. Su cuerpo aún reposa en el Cementerio Alemán de Buenos Aires.

Casi un siglo después, el capitán Langsdorff ha pasado a la historia como un héroe para el bando aliado. No solo por haber traicionado el principio nazi de combatir hasta el último hombre, sino, sobre todo, por haber respetado los códigos morales del mar. En ‘La batalla del Río de la Plata’, la película dirigida por los británicos Michael Powell y Emeric Pressburger que narra el final del Graf Spee, se puede ver al capitán, interpretado por Peter Finch, departiendo en varias ocasiones con el capitán Dove, su enemigo. “Los que le han conocido le respetan mucho, siento que tenga que estar solo en este momento”, desvela con cariño el británico al alemán antes de su sacrificio. “Todo el que manda está solo”.

“Durante el Tercer Reich, que un capitán no se hundiese con su buque y no pelease hasta el final no estaba bien visto”, explicó a EFE una de sus hijas, Inge Nedden, con motivo de los 80 años de la batalla. Nedden tenía dos años cuando su padre se suicidó. También recordó a Langsdorff Jonathan Harwood, nieto del comodoro Henry Harwood, al mando de la flota británica: “Tomó la muy valiente decisión de hundir su propio barco para que los británicos no lo tomaran ni descubriesen sus secretos. Mi abuelo pensaba que había un 50% de probabilidades de que hubiese una batalla y a todos les tomó por sorpresa cuando el Graf Spee se explotó”.

La historia nunca ha sido capaz de aclarar si en la decisión de Langsdorff influyeron las posibles presiones de sus superiores, o si fue una manera de salvar a su tripulación y evitar alrededor de 1.000 muertes. El historiador uruguayo Juan Antonio Varese lo tiene claro: “No tomó esa decisión por cobardía, sino por humanidad”.

Que Alemania haya dado la espalda al capitán mientras que la marina británica lo ha homenajeado resulta revelador: en la ciudad de Ajax, en Canadá, una calle lleva su nombre (Langsdorff Drive) y a finales de 2019, la Royal Army británica celebró una cena en su honor en Portsmouth. En las ceremonias anuales en su honor, además de su familia, sigue personándose el Ejército británico, pero el alemán nunca hace acto de presencia.

A las ocho de la tarde del 17 de diciembre de 1939, las miradas de medio planeta estaban fijas sobre el Graf Spee, atracado en el muelle de Montevideo. El acorazado de bolsillo alemán había sembrado el terror en el Atlántico Sur y en el Índico durante los primeros meses de la Segunda Guerra Mundial y se había convertido en un símbolo nazi. Un terror, eso sí, muy elegante. El capitán Hans Langsdorff había garantizado no solo que se respetase la integridad física de los tripulantes de los barcos británicos que había hundido, sino que había llegado a encargar a su sastre ropa a medida para sus invitados.

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