¿Harto de las videollamadas? Las cinco claves que explican tu fatiga, solo para suscriptores
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EL 'PAPER' DEL MES

¿Harto de las videollamadas? Las cinco claves que explican tu fatiga, solo para suscriptores

Atrapado frente a un espejo, con muchos ojos puestos en ti y perdiendo información no verbal: así te sientes en las videoconferencias, según un estudio

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Ilustración: Irene de Pablo.

Es demasiado pronto para saber si la pandemia va a cambiar el mundo mucho o poco, pero ya no hay duda de que está consolidando algunas tendencias, y una de las más importantes es el teletrabajo. Cada cual le verá sus ventajas y sus inconvenientes, pero entre lo más odiado están las reuniones virtuales, que difícilmente pueden sustituir el contacto cara a cara presencial. Lo mismo ocurre con las clases 'online' y otros encuentros sociales. No solo pierdes información y las interacciones son más frías, sino que para mucha gente resulta una actividad agotadora, hasta tal punto que el cansancio que provoca ya se conoce como 'Zoom fatigue' (fatiga de Zoom), tomando el nombre de una de las plataformas más utilizadas para las videoconferencias.

¿Por qué nos cansa tanto? En los últimos meses, han aparecido algunos estudios reveladores que hablan del esfuerzo cognitivo adicional que se necesita para interactuar con otras personas en este contexto. Entre ellos, una reciente publicación de científicos de la Universidad de Stanford (EEUU) y de la Universidad de Gotemburgo (Suecia) recoge los datos de una investigación con más de 10.000 participantes en la que confirman que existen cinco mecanismos no verbales que llevan al agotamiento frente a la pantalla. Descritos antes de forma teórica por Jeremy Bailenson, investigador del Laboratorio Virtual de Interacción Humana de Stanford, este estudio prueba de forma experimental cómo nos afectan.

Foto: Imagen: Sergio Beleña.

El primero es la 'ansiedad por el espejo'. Como su nombre indica, Zoom y otros sistemas de videoconferencia, aparte de mostrarnos a los demás interlocutores, también nos devuelven nuestra propia imagen, como si estuviéramos de forma continua frente a un espejo real. La investigación psicológica sugiere que este tipo de exposición lleva a centrar la atención en uno mismo, lo que provoca un efecto negativo y ansiedad.

El segundo mecanismo que nos provoca fatiga es la sensación de estar atrapados físicamente. En realidad, está muy relacionado con el anterior: la necesidad de permanecer dentro del campo de visión de la cámara, con un encuadre muy reducido, para que los demás nos puedan observar, genera una incomodidad que no experimentaríamos en una reunión presencial. Acostumbrados a movernos, caminar o estirarnos, la videoconferencia nos limita, una situación que incluso hace mella en nuestro rendimiento cognitivo.

El tercero se conoce como 'hipermirada' y se refiere a la percepción de que los demás tienen continuamente sus ojos puestos en nosotros. En los encuentros cara a cara, la persona que habla atrae la mirada de los demás. El orador se siente juzgado y durante su intervención está alerta desde el punto de vista fisiológico, pero lo normal es que solo se trate de unos segundos o unos minutos. Mientras no intervienen, el resto de las personas permanecen relajadas. En cambio, en una reunión virtual, todos los participantes tienen la sensación de que el resto les mira directamente todo el rato, estén interviniendo o no, de manera que mantienen esa excitación fisiológica de forma prolongada, una situación que, de nuevo, lleva a la ansiedad.

Las mujeres experimentan una mayor ansiedad por el efecto espejo y sufren en mayor medida la carencia de una buena comunicación no verbal

Los dos últimos mecanismos se refieren a la carga cognitiva que implica, por un lado, producir señales no verbales y, por otro, tratar de interpretar las que emiten los demás. En una reunión física, los gestos y las miradas no solo nos ayudan a completar la información y a interpretar el sentido de los mensajes, sino que aligeran la conversación. Son cosas tan sencillas como asentir con la cabeza, pero si las llevamos a una reunión 'online', tenemos que hacerlo de forma exagerada para que se aprecie y estar muy atentos para percibirlas en los demás. En definitiva, un esfuerzo añadido con escasas opciones de éxito, lo que provoca frustración.

Por otra parte, uno de los principales objetivos del estudio era comprobar si estos mecanismos afectan de forma diferente a hombres y mujeres. De hecho, hay muchos aspectos de la comunicación no verbal que son diferentes según el sexo y, en este caso, contribuyen a que ellas tengan una mayor fatiga de Zoom, según el estudio. Así, experimentan una mayor ansiedad ante el espejo y sufren en mayor medida la carencia de una buena comunicación no verbal, porque suelen mostrar más expresiones faciales e interpretan en mayor medida los gestos de otras personas.

Es demasiado pronto para saber si la pandemia va a cambiar el mundo mucho o poco, pero ya no hay duda de que está consolidando algunas tendencias, y una de las más importantes es el teletrabajo. Cada cual le verá sus ventajas y sus inconvenientes, pero entre lo más odiado están las reuniones virtuales, que difícilmente pueden sustituir el contacto cara a cara presencial. Lo mismo ocurre con las clases 'online' y otros encuentros sociales. No solo pierdes información y las interacciones son más frías, sino que para mucha gente resulta una actividad agotadora, hasta tal punto que el cansancio que provoca ya se conoce como 'Zoom fatigue' (fatiga de Zoom), tomando el nombre de una de las plataformas más utilizadas para las videoconferencias.

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