Qué escucha Héctor G. Barnés | Jazz, música clásica y electrónica: ¿es el disco del año?
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Qué escucha Héctor G. Barnés | Jazz, música clásica y electrónica: ¿es el disco del año?

'Promises' no es ni jazz, ni electrónica, ni música clásica, sino mucho más que eso; quizá, simplemente, 'espiritual': es un tratado de paz, un estado mental desconocido en pandemia

placeholder Foto: ¿Es este el disco del año? (Imagen: Rocío Márquez)
¿Es este el disco del año? (Imagen: Rocío Márquez)

'Dramatis personae'. Introduzcamos al saxo tenor Pharoah Sanders, una de las grandes leyendas vivas del jazz a sus 80 años. Nacido en Arkansas (EEUU) de la unión de una cocinera y un funcionario, y emigrado a la Nueva York de principios de los 60, fue recogido de las calles, adoptado y nombrado por el loco de Sun Ra antes de formar parte de la banda de John Coltrane, con quien grabó 'Ascension'. Como dijo de él Albert Ayler, "Coltrane era el padre, Pharoah era el hijo, y yo soy el Espíritu Santo". En Impulse!, Sanders grabó algunos de sus grandes discos, como 'Karma', ese experimento de ritmos en cinemascope sin el cual, la carrera de Kamashi Washington no habría existido.

Introduzcamos a Floating Points, alias bajo el que intenta darse algo de misterio Sam Shepherd, que es todo lo contrario a Sanders: un escuchimizado treintañero de Manchester que se doctoró en neurociencia y epigenética en el University College de Londres mientras pinchaba como DJ en los clubes de Londres. "Es mejor no ponerse demasiado creativo cuando haces experimentos", explicaba cuando le preguntaban por la influencia de la música en su carrera científica.

Introduzcamos a la London Symphony Orchestra, la más veterana de las orquestas de la capital británica, fundada en 1904. Podríamos hablar de Hans Richter, su primer director, o de Leonard Bernstein, que la dirigió por primera vez en 1966, pero a los fans de John Williams, que son muchos y muy buenos, les gustará saber que es la orquesta que tocó en la banda sonora de la primera parte de la saga de 'La guerra de las galaxias', en 'Supermán' y en 'En busca del arca perdida'.

¿Qué ocurre si metemos a los tres en una batidora y le damos al botón de play?

El resultado: 'Promises', que desde su publicación hace un par de semanas ya ha sido aplaudido por la crítica como uno de los álbumes del año. No es ni jazz, ni electrónica, ni música clásica, sino mucho más que eso; quizá, simplemente, 'espiritual', el término que estamos utilizando todos los críticos vagos. Es difícil –y, sobre todo, inútil– intentar definirlo cuando puede escucharse, pero lo intentaremos: 'Promises' es un tratado de paz, un estado mental desconocido en era de pandemia, un lugar emocional al que la música moderna, acostumbrada a perseguir fantasmas y regurgitar convenciones, no suele acceder. Una pequeña obra maestra (qué termino más pretencioso para definir la sencillez de este trabajo) que devuelve el misterio a la música.

Construido sobre una línea de piano y clave interpretada por Floating Points, que suena oriental, pero también a lluvia tropical, el trabajo se configura alrededor del saxo del cada vez menos activo Sanders, que establece a lo largo de nueve movimientos un diálogo con el oyente, en el sentido más estricto. En ocasiones, en lugar de soplar por su boquilla, parece que está charlando con ella. Que nadie se espere fanfarrias sinfónicas: cuando irrumpe la orquesta, lo hace de manera puntual, cuando ya nadie la espera, cuerdas atacando el sueño hipnótico del saxo. Una más de las sorpresas que depara el disco.

"La mayor parte del tiempo no sé qué tocar, así que simplemente uno mis notas a sentimientos"

Los aficionados al jazz reconocerán el homenaje a Ornette Coleman de la portada diseñada por Julie Mehretu. A su manera, el álbum también es el tributo de Floating Points a una generación del jazz que terminó olvidada, una vez el género cayó en desgracia. Sanders llevaba 10 años sin grabar y apenas da entrevistas. En una reciente charla con 'The New Yorker' decía lo siguiente: "La mayor parte del tiempo no sé qué tocar. Así que simplemente empiezo a tocar, e intento hacerlo bien, y unirlo a otros sentimientos que encuentro en la música. En plan, toco una nota, y quizá esa nota significa amor. Y otra nota puede significar otra cosa. Seguir adelante hasta que tal vez se desarrolle en algo bello". En 'Promises' hay muchas notas como esas.

'Dramatis personae'. Introduzcamos al saxo tenor Pharoah Sanders, una de las grandes leyendas vivas del jazz a sus 80 años. Nacido en Arkansas (EEUU) de la unión de una cocinera y un funcionario, y emigrado a la Nueva York de principios de los 60, fue recogido de las calles, adoptado y nombrado por el loco de Sun Ra antes de formar parte de la banda de John Coltrane, con quien grabó 'Ascension'. Como dijo de él Albert Ayler, "Coltrane era el padre, Pharoah era el hijo, y yo soy el Espíritu Santo". En Impulse!, Sanders grabó algunos de sus grandes discos, como 'Karma', ese experimento de ritmos en cinemascope sin el cual, la carrera de Kamashi Washington no habría existido.

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