Qué debes leer | Así descubrimos a los asesinos ocultos de millones de personas
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Qué debes leer | Así descubrimos a los asesinos ocultos de millones de personas

Un libro maravilloso despliega una de las mayores aventuras jamás contadas, la de aquellos superhéroes hoy olvidados que emprendieron la más grande operación 'policial' de la historia

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Foto: Rocío Márquez.

Aquella fue una hazaña épica ante la que palidecen nuestras gestas más conocidas y celebradas, un hito colegiado en el que se involucró una nómina inaudita de 'superhéroes' —la mayoría ya olvidados— que avanzaron a tientas, una operación 'policial' masiva para localizar y detener a los asesinos ocultos de millones de personas. Una aventura científica pero también filosófica, e incluso artística, de la que mucho tiempo después un libro extraordinario levantó acta para la posteridad.

"Hace doscientos cincuenta años, un desconocido personaje llamado Leeuwenhoek se asomó por vez primera a un mundo nuevo y misterioso poblado por miles de minúsculos seres, algunos de ellos feroces y mortíferos y muchos otros más importantes para la humanidad que cualquier continente o archipiélago".

Así arranca 'Cazadores de microbios' que, publicado en el lejano 1926 por el microbiólogo estadounidense de ascendencia holandesa Paul de Kruif, se alzó rápidamente como una de las obras de divulgación más influyentes de la historia, inspiró a generaciones de investigadores, pero también de curiosos y fascinados lectores, y que hoy, casi un siglo después, vuelve a lanzar en español en una preciosa edición el incansable sello Capitán Swing. Solo dos de sus protagonistas —Koch y Pasteur— forman parte hoy de la cultura popular, pero todos los demás —Spallanzani, Méchnikov, Walter Reed o Paul Ehrlich— son nombres ignotos con un tesoro de historias por descubrir.

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Pónganse en situación. En el momento en el que el relato de Paul de Kruif comienza, en torno a la segunda mitad del siglo XVII, una porción gigantesca del mundo natural constituía un terreno vedado para el conocimiento humano. Presos de sus sentidos más banales, los hombres y mujeres de entonces no creían lo que no veían, imaginaban todavía que las plagas que los azotaban eran producto de sus malos negocios con la divinidad o el destino y aseguraban que las cosas surgían de la nada por una indescifrable e inevitable generación espontánea.

Hasta que lo cambiaron todo comerciantes de telas como el holandés Anton von Leeuwenhoek que urdió el primer microscopio puliendo sus propias lentes, el italiano Lazzaro Spallanzani que comprendió en una decisiva iluminación que ¡los microbios tienen progenitores!, o el ucraniano Iliá Méchnikov, "un histriónico personaje salido de una novela de Dostoievski" que fundó nada menos que la inmunología moderna, disciplina sobre cuyos hombros hoy se alzan nuestros modernos 'cazadores de microbios' que combaten al covid-19, pandemia, por cierto, que dota de una poderosa actualidad a este ensayo clásico y memorable.

"Esta es la crónica", asegura Paul de Kruif y no exagera, "de unos audaces, insistentes y curiosos exploradores contra la muerte. Es el relato desnudo de sus incansables incursiones en este increíble mundo nuevo cuyos planos intentaron trazar estos cazadores de microbios. En la tarea avanzaron a trompicones, cometieron errores y despertaron vanas esperanzas. Algunos de ellos, demasiado osados, murieron —abatidos por los asesinos increíblemente pequeños que estaban estudiando— y han pasado a una oscura y modesta gloria".

Aquella fue una hazaña épica ante la que palidecen nuestras gestas más conocidas y celebradas, un hito colegiado en el que se involucró una nómina inaudita de 'superhéroes' —la mayoría ya olvidados— que avanzaron a tientas, una operación 'policial' masiva para localizar y detener a los asesinos ocultos de millones de personas. Una aventura científica pero también filosófica, e incluso artística, de la que mucho tiempo después un libro extraordinario levantó acta para la posteridad.

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