Joe Biden aún no ha sido elegido presidente de EEUU. ¿Qué falta para que eso suceda?
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Joe Biden aún no ha sido elegido presidente de EEUU. ¿Qué falta para que eso suceda?

Las elecciones presidenciales estadounidenses no son directas. Aún faltan tres semanas para que Joe Biden sea oficialmente elegido presidente del país

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Imagen: Pablo López Learte.

En la mayoría de países occidentales, los resultados de las elecciones presidenciales o legislativas se conocen prácticamente de inmediato. En Estados Unidos, el recuento no solo es mucho más lento, sino que cada estado tiene sus propias leyes electorales y, en el caso de las presidenciales, un proceso de nombramiento largo y enrevesado. Su institución central es el colegio electoral, un mecanismo ideado originalmente para compensar el muy distinto número de habitantes de cada estado, pero hoy sujeto a una enorme controversia que siempre instiga el partido que, en un momento dado, resulta perjudicado por él.

Sea como sea, aunque los resultados electorales del 3 de noviembre ya han sido declarados por todos los estados y ese resultado da ganador a Joe Biden, este aún no ha sido nombrado como el próximo presidente. Un paso más en esa dirección se dará este lunes, después de que todos los intentos de Trump de detener judicialmente el proceso hayan fracasado, cuando se escoja a los miembros del colegio electoral. Será un paso casi irreversible. Pero ni siquiera el último hasta que, el 20 de enero, si no media un suceso inesperado, Biden sea investido, quizá por primera vez en la historia en ausencia del presidente saliente.

¿Qué es el colegio electoral?

Las elecciones presidenciales en Estados Unidos son indirectas. Los miembros del Congreso y los gobernadores son elegidos a través del voto popular, pero el líder del país es escogido a través del Colegio Electoral, un sistema por el cual los 50 estados del país se reparten 538 votos. Cada estado tiene un determinado número según su población. Para ganar se necesita una mayoría de 270.

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Varios hombres siguen el resultado de las elecciones estadounidenses en un bar de China. (EFE)

¿Qué significa esto? Cuando un estadounidense vota está decidiéndose por una lista de compromisarios designados por los partidos de su propio estado, que se comprometen a apoyar al candidato de ese partido. El próximo lunes 14 de diciembre, los compromisarios elegidos en cada estado se reúnen para emitir su voto de forma oficial por cada candidato. Sin embargo, hasta el 6 de enero, los senadores y congresistas estadounidenses no se reúnen para hacer el recuento final de estas papeletas. Si todo va según lo previsto, 306 compromisarios votarán por Joe Biden y solo 232 por Donald Trump.

¿Qué ha pasado desde las elecciones?

Desde que los medios de comunicación estadounidenses liderados por la agencia de noticias AP aseguraron que Joe Biden había ganado las elecciones —un método repetido en todos los comicios anteriores—, Donald Trump ha hecho todo lo posible por revertir el resultado. La tesis del actual presidente de EEUU es que en los principales estados clave (Pensilvania, Georgia, Arizona, Wisconsin o Michigan) ha habido fraude electoral y que se han contabilizado cientos de miles de votos por correo "ilegales" a favor del Partido Demócrata. Su equipo ha sido incapaz de presentar ninguna prueba convincente que apoye dichas declaraciones y ha perdido más de 50 apelaciones en las cortes de todo el país. Si la derrota en las elecciones del 3 de noviembre contra Joe Biden fue un 3-1, la pelea judicial se acerca más a un 5-0 en contra de los republicanos.

El primer momento realmente duro para la campaña de Trump llegó hace unos días, cuando el Tribunal Supremo de EEUU rechazó la apelación de los republicanos que querían revertir los resultados de Pensilvania oponiéndose al voto por correo que usaron allí 2,5 millones de personas. El viernes ese golpe se repitió aún con más fuerza cuando el Supremo rechazó tajantemente la petición del estado de Texas de que se anularan millones de votos en algunos de los estados clave.

placeholder Partidarios de Trump se manifiestan el sábado en protesta por el resultado electoral. (Reuters)
Partidarios de Trump se manifiestan el sábado en protesta por el resultado electoral. (Reuters)

Pese a que Trump no haya conseguido nada, su deslegitimación de los resultados está teniendo consecuencias sociales y políticas en el país. Primero, porque una gran mayoría de los republicanos —entre el 70 y el 80% según las encuestas— piensa que hubo fraude en las elecciones. Segundo, porque funcionarios involucrados en el proceso de recuento de votos están siendo amenazados debido a los bulos de fraude. "Esto tiene que parar. Son las elecciones. Es la base de la democracia", dijo Gabriel Sterling, un republicano encargado del sistema de voto en Georgia, después de que varios de sus empleados recibieran amenazas de muerte.

La situación también es preocupante aún entre las filas del Partido Republicano. Muchos políticos, por miedo a enfrentarse al presidente y líder más popular entre los conservadores estadounidenses, se han negado a reconocer a Biden como presidente electo. Hace unos días, el 'Washington Post' entrevistó a los 249 congresistas y senadores republicanos para saber cuántos estaban dispuestos a reconocer a Biden. Solo 25 se atrevieron a decir públicamente que el líder demócrata había ganado las elecciones.

¿Puede Trump revertir el resultado?

No. Casi todas las apelaciones judiciales han sido denegadas y la derrota ha sido abrumadora. Incluso el Tribunal Supremo, de mayoría conservadora (Trump nombró a tres de los nueve jueces que lo componen), ha rechazado las alegaciones de fraude. Si Trump tenía alguna mínima opción de revertir el resultado electoral, esta semana se han evaporado.

Entonces, si no tiene ninguna opción, ¿por qué sigue con esta lucha judicial? Una posible lectura es que Trump y el Partido Republicano estarían recaudando dinero para próximas escaramuzas. Desde el 3 de noviembre, la campaña de Trump ha conseguido recaudar más de 210 millones de dólares gracias a sus gritos de fraude.

¿Qué pasa hasta la toma de posesión?

El proceso poselectoral estadounidense es complejo y tarda varias semanas en culminarse. Sin embargo, como aseguraba un experto legal de EEUU recientemente, la certificación de los votos electorales por cada estado y la consecuente emisión de los votos por cada compromisario que se producirá esta semana es "un clavo más en el ataúd". Ahora, la pelota se moverá al Congreso en Washington D.C., donde las dos cámaras contarán y verificarán oficialmente los resultados definitivos el 6 de enero.

placeholder Los representantes de Carolina del Norte en el colegio electoral firman su declaración. (Reuters)
Los representantes de Carolina del Norte en el colegio electoral firman su declaración. (Reuters)

Ese será el último día importante de todo este proceso turbulento. ¿Por qué? Porque se podrá comprobar si los republicanos siguen dispuestos a no reconocer los resultados o han representado una mera pantomima para satisfacer el ego de Trump.

Después, si nada se tuerce por el camino, el 20 de enero tendrá lugar la investidura de Joe Biden. ¿Asistirá Donald Trump? No está seguro. Su estrategia, según cuentan distintos medios estadounidenses, es que pase lo que pase él seguirá afirmando que le han robado las llaves de la Casa Blanca. Incluso, según el medio digital Axios, podría montar un espectáculo paralelo el mismo 20 de enero para robarle los focos. Por un lado, una ceremonia con distanciamiento social y aforo limitado para recibir al nuevo presidente de EEUU, Joe Biden. Por otro, un hombre dispuesto a seguir en su huida hacia adelante con millones de personas detrás que creen que ha habido pucherazo.

En la mayoría de países occidentales, los resultados de las elecciones presidenciales o legislativas se conocen prácticamente de inmediato. En Estados Unidos, el recuento no solo es mucho más lento, sino que cada estado tiene sus propias leyes electorales y, en el caso de las presidenciales, un proceso de nombramiento largo y enrevesado. Su institución central es el colegio electoral, un mecanismo ideado originalmente para compensar el muy distinto número de habitantes de cada estado, pero hoy sujeto a una enorme controversia que siempre instiga el partido que, en un momento dado, resulta perjudicado por él.

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