A 12 días de los comicios

Cinco cosas que ya sabíamos sobre las elecciones en EEUU y cinco que no

Las elecciones estadounidenses se celebran dentro de 12 días. Serán decisivos algunos aspectos ya conocidos, pero también otros más inesperados. Estas son las claves

Foto: Imagen: Irene de Pablo.
Imagen: Irene de Pablo.

Quedan tan solo 12 días para las elecciones presidenciales de Estados Unidos. Esta madrugada, se celebra el último debate. Mientras Donald Trump recorre todo el país tratando de arañar hasta el último voto, Joe Biden mantiene un perfil bajo para no dilapidar su ventaja en las encuestas. Y millones de personas contienen el aliento en un enfrentamiento que puede marcar el rumbo del país en las próximas décadas.

Estas son cinco claves bastante conocidas sobre las elecciones “más importantes de la historia”, según los dos candidatos. Pero después vienen otras cinco fundamentales menos comentadas pero igual de decisivas para saber quién será el próximo presidente.

Donald Trump, en un acto de campaña en Erie, Pensilvania. (EFE)
Donald Trump, en un acto de campaña en Erie, Pensilvania. (EFE)

  1. Las elecciones no las gana quien más votos consigue sino quien mejor repartidos tiene a sus votantes por el mapa. Los comicios presidenciales son indirectos. Los 50 estados se reparten los 538 votos del Colegio Electoral, que varían según su población. Para ganar se necesitan 270. Hace cuatro años, Trump logró tres millones de votos menos que Clinton pero consiguió 306 votos en 30 estados frente a los 232 en 20 estados de su rival. Ese año, las encuestas fallaron en escenarios muy ajustados en media docena de territorios. Y eso nos lleva al siguiente punto: los ‘swing states’ o estados bisagra.

  2. Las elecciones se decidirán en un puñado de estados. Debido al complejo sistema presidencial, algunas zonas son mucho más relevantes que otras. Estos son los estados bisagra a los que hay que prestar atención: Florida, Pensilvania, Wisconsin, Michigan, Georgia, Carolina del Norte, Arizona, Ohio, Iowa, Nevada, New Hampshire o Maine. De estos, los más importantes son los dos primeros. “Si ganamos Florida, hemos ganado”, dijo Biden recientemente. Pero también existen otros caminos, como arrebatar a los republicanos estados como Georgia, Ohio o Carolina del Norte. Por su parte, si Trump quiere ganar, necesita hacerse como sea con Pensilvania.

  3. Joe Biden domina todos los sondeos. La media de encuestas nacionales le da una ventaja de más de ocho puntos sobre Donald Trump. Nunca nadie en la historia moderna de EEUU ha conseguido lograr semejante remontada, pero las casas de encuestas siguen advirtiendo de que Trump todavía goza de un 10% de posibilidades de ganar. Es un suceso improbable, pero no imposible. El coronavirus ha destrozado el buen estado de la economía estadounidense, la gran baza electoral de Trump para conseguir la reelección. Además, los sondeos apuntan a que la gran preocupación de una mayoría de ciudadanos es la pandemia. Y no valoran muy bien el trabajo de Trump. Pero no nos equivoquemos, porque sigue habiendo un alto porcentaje de gente que se mantiene fiel a su líder.

  4. Trump tiene una popularidad de hierro, especialmente en las áreas rurales y algunos suburbios. Durante cuatro años hemos visto cómo, pasara lo que pasara, alrededor de un 40% de los estadounidenses cerraba filas con el presidente. Ni los 750 de dólares pagados en impuestos en 2016, ni sus amistades con autócratas ni sus declaraciones altisonantes han mermado ese apoyo. Y parte de la izquierda estadounidense sigue sin entender a qué se debe.

  5. Los problemas para entender el trumpismo. En 2016, muchos progresistas en EEUU se llevaron las manos a la cabeza por la victoria de Trump. Cómo es posible que haya ganado, se preguntaban, con las barbaridades que dice. En 2020, parte de la izquierda ya ha abandonado ese voluntarismo, pero todavía hay periodistas, analistas o políticos que son incapaces de entender por qué tanta gente apoya a Trump. O lo justifican todo con su retórica racista. Pero cuando hablas con republicanos te das cuenta de que la historia, como siempre, es más compleja. Los factores que he escuchado en boca de votantes de Trump que justifican su apoyo son diversos: el buen estado de la economía antes de la pandemia; su carácter ante líderes internacionales; el punto final a las guerras en Oriente Medio; la pérdida de empleos manufactureros por las políticas proglobalizadoras de los demócratas; la desigualdad económica rampante; la inmigración; el aumento de las “muertes desesperadas” por alcohol o drogas en los estados más deprimidos, etcétera.

Y sin embargo...

Joe Biden, en un acto electoral en Carolina del Norte. (Reuters)
Joe Biden, en un acto electoral en Carolina del Norte. (Reuters)

6. 2020 no es 2016. La gran mayoría de los demócratas no se atreven a creerse las encuestas por un sencillo motivo: tienen muy presente lo que ocurrió hace cuatro años, cuando los sondeos daban un 90% de probabilidades de victoria a Clinton. Hasta que no vean a Trump salir de la Casa Blanca no van a asumir que Biden ha ganado las elecciones. Pero hay motivos para creer que no estamos ante el mismo escenario. Primero, han mejorado sus sondeos para incluir esa bolsa de votantes de Trump —casi siempre blancos sin estudios en estados rurales— que no vieron venir en 2016. Segundo, Trump ya no es ninguna novedad. O lo adoras o lo odias, pero el factor sorpresa ha desaparecido. Tercero, Hillary Clinton era una candidata con muy mala reputación en grandes sectores de la izquierda y la derecha. Biden, por el contrario, es un personaje bastante bien valorado por una mayoría de estadounidenses.

7. El número de votantes importa. Algunos analistas apuntan a que estas elecciones podrían superar los 150 millones de participación. “Preveo que la participación va a ser excepcional, quizá la más alta desde 1908”, dijo Michael McDonald, director del Proyecto Electoral de Estados Unidos. "A veces me refiero a ello como la tormenta del siglo". Los datos lo avalan: si estas elecciones alcanzan una participación similar a la de 1908 (65,7%), más de 150 millones votarían el 3 de noviembre. 12 millones de personas más que en 2016.

8. El voto por correo. Mucha gente, temerosa de contraer el covid-19, ha preferido votar por correo o hacerlo antes de tiempo. En algunos estados como Texas ya ha votado el 50% de las personas que votaron en 2016. En la mayoría de estados ese porcentaje alcanza el 30%. Por un lado, son buenas noticias para los demócratas, porque al vivir en centros urbanos densamente poblados tienden a votar más por correo. Por otro, puede causar problemas legales en estados contestados. Trump ha insistido una y otra vez que el voto por correo es un fraude, pese a que no hay ninguna evidencia al respecto.

9. Los hispanos y las mujeres. Para analizar las tendencias del voto en un país tan grande como Estados Unidos a veces es útil mirar cómo se comportan políticamente distintos de grupos de población. Este año, si va a haber dos grupos que puedan decantar la elección de un lado u otro son los hispanos y las mujeres. Los primeros son la minoría que más rápido crece de todas y, aunque presenta índices de participación mucho más bajos que otros grupos, podrían ser decisivos en los estados bisagra. Por supuesto, no todos los hispanos votan igual. Una mayoría nacional prefiere a Biden, pero los cubanos o venezolanos afincados en Florida se decantan por Trump. En cuanto a las mujeres, son el colectivo que más ha abandonado al presidente de EEUU en estos cuatro años. Los republicanos necesitan reconquistar a este electorado femenino, especialmente a aquellas mujeres blancas que viven en los suburbios y que fueron claves en la victoria contra Clinton.

10. ¿Se ha aburrido el país de Trump? Si estas elecciones responden a una pregunta, probablemente sea a esta. Trump ha basado su presidencia en un constante show televisivo. “Si gana Biden, os vais a aburrir”, dijo Trump este martes en Erie, un pueblo de Pensilvania. ¿Quiere EEUU desconectar un poco de la política? El periodista de 'Politico' Tim Alberta ha seguido estos años la campaña de Trump. Y su diagnóstico no es muy optimista para el presidente. “Es imposible cuantificar cómo de cansados están los estadounidenses de su presidencia”, escribía Alberta en un reciente artículo. “Pero es un tema de conversación constante que tengo con votantes, incluidos simpatizantes a muerte de Trump. Se sienten atrapados dentro de un ‘reality show’ de televisión y no tienen fuerza para cambiar de canal. Quieren un descanso, aunque no quieran ver un nuevo programa”.

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