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Un país, unas elecciones, un sistema político obsoleto

elecciones europeas

@Carlos Sánchez - 05/06/2009

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Hace algún tiempo un director de cine se quejaba amargamente de que en la España actual era prácticamente imposible rodar una película de los años 70 en escenarios reales. Argumentaba que era fácil rodar en exteriores una escena del siglo XVI o XVII, toda vez que algunas ciudades españoles conservan todavía magníficos cascos históricos. Sin embargo, decía, era imposible filmar cómo se vivía en la España de la Transición, salvo que se quiera hacer en estudio. Simplemente porque las calles, los edificios y, por supuesto, el mobiliario urbano son hoy tan distintos que resultan irreconocibles para aquella época.

Este ejemplo ilustra los transcendentales cambios que ha sufrido este país en los últimos años. No sólo en el terreno económico, que son evidentes, sino también en costumbres sociales o culturales. Un par de datos pueden reflejar mejor que ninguna otra cosa lo que se está hablando. El sueldo por hora trabajada de un ingeniero o un licenciado ascendía en 1976 a 441,35 pesetas, mientras que un jefe administrativo cobraba, como media, 226,01 pesetas, menos de 1,5 euros la hora de trabajo.

Sin entrar a debatir sobre el coste real de la vida y lo que daban de sí esas 400 pesetas, no hay ninguna duda de que este país no es el mismo. Ha cambiado radicalmente y hasta se ha hecho mayor en muchos aspectos. Existe, sin embargo, un espacio en el que pocas cosas han cambiado: el sistema político. Básicamente permanece igual, como si el país fuera exactamente el mismo.

Los partidos ocupan todos los ámbitos de representación política y social gracias a un sistema electoral diseñado en la Transición, precisamente para reforzar su poder en unos momentos en los que el país necesitaba instituciones democráticas fuertes. Con esa ley electoral, se pretendía favorecer claramente a los partidos mayoritarios en detrimento de los más pequeños, lo que en la práctica provocó la expulsión de grupos muy activos durante la oposición al franquismo que fueron dilapidados del mapa político.

“La sociedad civil -empresarios, sindicatos, medios de comunicación, intelectuales…- se arruga ante el poder político”

Sistema bipartito

Se institucionalizó, por lo tanto, a un sistema bipartidista imperfecto en el que los partidos centrales -UCD y PSOE- tenían a su izquierda y derecha dos formaciones pequeñas (AP y el PCE) que nunca pudieron tener una influencia política decisiva. La unión del centro derecha simplificó todavía más el escenario político y lo mismo ha sucedido en la izquierda, donde el PSOE ha fagocitado a casi todo lo que estaba a su izquierda.De esta manera, ha acabado por constituirse un sistema político que tiene mucho de oligopolio dominado por dos grandes fuerzas que controlan el 83,81% del voto popular y 323 de los 350 escaños del Congreso de los Diputados. Como se ve, un bipartidismo casi perfecto que sorprende si se tiene en cuenta que la propia Constitución española habla de un sistema de representación proporcional.

Así es como se ha constituido un sistema político cerrado y altamente jerarquizado en el que los dirigentes políticos hacen y deshacen a su antojo sin apenas contrapoderes. Ni dentro ni fuera de su partido. Los afiliados y simpatizantes son irrelevantes en la toma de decisiones gracias a la existencia de sofisticados métodos de control político. El principal, la existencia de listas cerradas que vienen a ser la garantía de que todo está bajo control.

Extramuros del partido ocurre algo parecido. La sociedad civil -empresarios, sindicatos, medios de comunicación, intelectuales- se arruga ante un poder político que concede dádivas en forma de subvenciones o adjudicaciones de toda suerte y condición.

Y así se explica que este país haya tenido que soportar en las dos últimas semanas una de las campañas electorales más absurdas de nuestra reciente historia democrática. En la que no ha habido ni una sola idea original ni el más mínimo talento para afrontar uno de los periodos históricos más atractivos de las últimas décadas desde el punto de vista intelectual. Se dirá que también en Europa pintan bastos en cuanto a participación electoral. Pero se olvida que España ha sido -junto con Irlanda y Portugal- uno de los tres países que más se han beneficiado de su pertenencia a la UE, por lo que el desapego hacia las instituciones europeas puede ser letal para nuestros intereses.

Es evidente que detrás de este desinterés está el frenazo en la construcción europea por falta de liderazgo y por el fracaso de una ampliación hacia el Este que se hizo sin que la UE dispusiera con carácter previo de una arquitectura institucional suficiente. Pero desde luego no es ajena a este proceso de desilusión la existencia de una clase política mediocre que vive como si en este país todo estuviera como en 1977. Luego se quejarán de que más de la mitad de los votantes vayan a quedarse en casa.

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Opiniones de los lectores (10)

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10. usuario registrado jibaro»05/06/2009, 22:47 h.

Yo tampoco votaré. Me entra el telele cuando a estos politicuchos de tres al cuarto, se les llena la boca con la palabra Democracia. Bien saben ellos que nos están engañando y que esto no es Democracia ni nada. Es el mayor engaño que se ha hecho y se hace a un pueblo en el mundo occidental, solo comparable al que le hizo y le hace Fidel Castro a los cubanos. También el que le hizo el PRI a los mejicanos. No se debe votar para manifestar nuestro rechazo hacia esta gente. Para que sepan que no los queremos y que el Sistema se debe cambiar.
Un saludo.

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9. usuario registrado tocobarchin»05/06/2009, 17:44 h.

El sistema no es obsoleto, es una desgracia. Llevo años votando al PP, a la vista de cómo vienen actuando los Partidos y, que las elecciones europeas sirven para que politicos jubilados cobren sueldos de escándalo, habí decidido abstenerme. Ayer recibí el sobre del PP y, pensando que es el partido que pudiera librarnos de la desgracia de Zapatero, guardaba el sobre para utilizarlo el domingo; pero hoy, leo las declaraciones de Mayor Oreja en la COPE, no queriendo saber nada de la investigación sobre el 11-M y he decidio no votar o votarle a un partido minoritario.

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8. usuario registrado manoto»05/06/2009, 14:01 h.



Hay un detalle que olvida de las ciudades españolas:Casi todas tienen Facultades y Universidad ¿para que?,el nivel de los profesores es tan bajo como el de los alumnos,pero cuestan y mucho dinero.

Hoy en El Pais un catedratico de la Universidad de Madrid nos relata las horas perdidas en el bar o en los soportales de la Uni.Nos cuenta como a la gran mayoria se la "suda" el supenso pues ir alli es pasar el tiempo eso si con un buen bugui que el viejo le ha regalado.Llega a tal grado su fustracion que le ruega a Zapatero no suelto ni un euro mas mientras no este justificado por la eficacia en su utilizacion.

En cuanto a la sociedad civil si de la transiccion salio con el deso de lograr una sociedad mas solidaria y justa,los ultimos digamos 10/12 años han sido de "nuevos ricos a gogo".No habia tiempo para temas de regenracion democratica todo el tiempo era para consumir y comprar mas cosas tanto a los hijos como a la mujer.

Quedamos anestesiados en nuestros viajes a NYork y ver como podiamos comprar y comprar con el euro.Todo era barato y al mismo tiempo necesario.

A los politicos les ha sucedido lo mismo.La campaña ha sido de una indignidad asombrosa;pero aqui nidios se asombra

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7. usuario registrado Tonico»05/06/2009, 13:08 h.

Sr Sánchez. "Dilapidar" no tiene el sentido que usa usted en el cuatro párrafo de su artículo. Imagino que querrá usted decir que esos grupos fueron expulsados del campo político o, ahora sí, que su potencial político fue dilapidado. No dilapidemos el potencial semántico de nuestro querido español. Atentamnte. A.

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6. usuario registrado le corbusier»05/06/2009, 11:56 h.

YA ESTÁ AQUÍ EL LISTO QUE TODO LO SABE

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Acerca de...

@Carlos Sánchez

Quise ser periodista para viajar; pero al final algo debió fallar y he acabado siendo una especie de tecnócrata del periodismo económico. No me quejo. Ello me permite aprender todos los días y contar lo que sucede. Sin apriorismos y sin necesidad de echar mano de los célebres espejos deformantes que colgaban del Callejón del Gato, y que tanto asombraban a Valle-Inclán. Nací en Madrid en el mismo año en que Bardem estrenó Calle Mayor y soy Licenciado en Ciencias de la Información. He escrito un par de libros sobre el capitalismo español y trabajado en radio, televisión y prensa escrita. Y al final he descubierto que Internet es todo eso y algo más. Carlos Sánchez es subdirector de El Confidencial.

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