02/05/2009
(06:00)
“Es importante que la gente sepa que lo de Obama no es una conspiración de los friquis, sino algo muy bien trazado desde los centros del poder más rancios e universales”. Lo afirma Daniel Estulin, autor de La verdadera historia del Club Bilderberg, y uno de los autores que señalan con más insistencia al nuevo mandatario estadounidense como un esbirro de ocultos intereses. Y es que Obama es la nueva estrella de ese mundo en que los poderes oscuros acechan en la sombra. En primera instancia, porque no hay presidente norteamericano que pueda escapar de las teorías de la conspiración. Pero, además, porque Obama posee el perfil perfecto para encajar en esas teorías. No es como su predecesor, George W. Bush, cuyas conexiones con poderes fácticos eran más o menos evidentes (neocons, grupos religiosos, industrias de la energía y del armamento) y cuyos planes para el nuevo orden mundial estaban en las páginas de los diarios más prestigiosos. Obama, por el contrario, representa el rostro afable del sistema, alguien de maneras moderadas y de actitud claramente empática, que ha sido acogido como el salvador por la clase media y media-baja. El rostro perfecto y el perfil adecuado, según esta clase de teorías, para dar cuerpo al nuevo Manchurian Candidate, al nuevo “mensajero del miedo”.
En ese sentido se pronuncia Pedro Palao, periodista y escritor, autor de Leyendas urbanas y conspiraciones (Ed.
Y ese otro lado es el de sus sospechosas conexiones. A Obama se le han atribuido toda clase de vínculos tenebrosos. Para empezar, se le señala como miembro de los Bilderberg, grupo de presión de corte globalizador y liberalizador, de quienes se dice que constituyen el gobierno mundial en la sombra. El periodista y escritor Bruno Cardeñosa, autor del reciente Expedientes del misterio lo niega: “las reuniones del grupo Bilderberg no son públicas pero sí lo son las listas de sus miembros. Y Obama no figura entre ellos”.
El segundo rumor extendido es la pertenencia de Obama a los Illuminati, una supuesta sociedad secreta que constituiría el verdadero poder en la sombra. Algo que quedaría ratificado por una reciente portada de la revista Vogue, en la que aparece su esposa, Michelle, haciendo con su mano derecha el gesto que identificaría a los miembros de esa sociedad. Cardeñosa rechaza del todo tales imputaciones, ya que que la existencia misma de los Illuminati “no es más que una leyenda, un mito. Los Illuminati no existen”.
Otra cosa, y de mucha mayor relevancia, sería su pertenencia a antiguos y relevantes think tanks estadounidenses, que habrían elegido a Obama para llevar a cabo sus planes de futuro. Cardeñosa resalta la vinculación de Obama con
Lo que, según Estulin, quedaría ratificado por la pertenencia de numerosos cargos de
“Títere del capitalismo financiero”
En definitiva, que esta configuración de
En ese orden, Palao subraya que las teorías de la conspiración fijan tres pasos para que el nuevo EEUU siga dominando el mundo: “Debilitar a Rusia para que deje de ir por libre, hacerle creer a Europa que no son imperialistas y que van a mantener un nuevo talante y sobre todo crear pequeñas insurrecciones en el interior de China, en comunidades islámicas, en la esperanza de que el país oriental actúe al estilo de cómo lo hizo en el conflicto del Tibet antes de las olimpiadas”. Pero, sobre todo, el gran paso sería el ataque económico. “Una de las acciones que en teoría están previstas es Sudán. El objetivo sería intervenir en ese país, utilizando la excusa humanitaria, cuando en realidad se buscaría que China dejara de obtener de dicho país africano en torno al 7% del petróleo que utiliza”. Y, como telón de fondo de ese enfrentamiento, encontraríamos, de nuevo, la energía. Algo que explicaría tanto las tensiones con Rusia, asegura Cardeñosa, dado sus recursos naturales, su ubicación estratégica en las rutas del gas como “la obsesión de Obama por las tecnologías alternativas y los repetidos intentos de recuperar la energía nuclear”.
Pero, más allá de la realidad o no de tales tesis, lo cierto es que el mundo de la política está ya totalmente impregnado de conspiraciones. El hombre de la calle sospecha crecientemente de los intereses que se esconden tras las acciones y declaraciones oficiales: “No nos fiamos de nada ni de nadie y es lógico, nos movemos en un plano marcado por las estrategias geopolíticas de tan vasta magnitud que es muy difícil saber, por mucho que lo intentemos, dónde estamos”, asegura Palao.
Pero, además, el hombre común también sospecha de este conjunto de teorías, de las que cree que responden a segundas intenciones. Como asegura Palao, “no hay mejor forma de disimular una verdad que crear una mentira paralela, difundirla mediante la rumorología y luego intentar silenciarla. Al hacerlo, todo el mundo piensa que aquello que se desea acallar es la realidad y ésta, para la gran mayoría, deja de ser relevante. Las sociedades secretas llevan décadas usando esa estrategia y hasta la fecha parece que les ha salido bastante bien”. Y es que, en el fondo, y en lo tocante a los poderes que gobiernan el mundo “nos suele pasar como en la historia del cuento sufí, que en lugar de mirar la luna nos fijamos en el dedo que la señala”.