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"De Estambul a El Cairo" constata el auge del extremismo religioso

EFE - 19/04/2009 09 : 37

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Alfredo Valenzuela.

Sevilla, 19 abr (EFE).- El periodista Eduardo del Campo (Madrid, 1972) ha constatado en su libro "De Estambul a El Cairo" (Almuzara) cómo las guerras de Irak, Palestina, Líbano y el Kurdistán, el conflicto de Israel y Siria, y "el auge del extremismo religioso marcan la memoria y el presente de millones de personas".

Desde la premisa de que "lo que da sentido a un viaje es conocer a la gente que habita a la sombra de las ciudades, paisajes y monumentos que uno admira, y, de paso, asomarse también a uno mismo", Del Campo ha dicho a Efe que se trata de una zona que siempre ha resultado familiar a los occidentales por el "inmenso flujo de historias, noticias y tradiciones que llegan de allí".

"Una gran parte de la realidad española y andaluza de hoy proviene del Creciente Fértil", ha asegurado el periodista, quien decidió empezar el viaje en Estambul por ser "la clásica puerta entre oriente y occidente, entre Europa y Asia, y también la ciudad europea más populosa si así se la considera, y llegar hasta El Cairo, la metrópoli africana, pasando por las regiones de Anatolia, Capadocia y la no reconocida del Kurdistán, en Turquía".

Para proseguir por "el norte de Irak hasta Halabya, la ciudad bombardeada con armas químicas por orden de Sadam Hussein, y luego hasta Bagdad; Siria, Líbano", donde coincidió con miembros de Hezbolá, antiguos combatientes de la guerra civil, supervivientes del Beirut dividido y de la matanza de Sabra y Shatila y con los cascos azules españoles.

En Israel coincidió con un superviviente de Auschwitz, Moshe Haelion, "el único que ha escrito un testimonio del Holocausto en sefardita", la Cisjordania "ocupada y rota por el Muro", Jordania, el Mar Muerto y finalmente el Nilo a su paso por la capital egipcia.

En Turquía, Israel y Cisjordania coincidió con Riccardo Venturi, el fotógrafo autor de las imágenes que ilustran el libro y que "reflejan muy bien los contrastes vitales de esta parte del mundo, que en el fondo es irreductible, ahí están un espectáculo erótico en Tel Aviv junto a las mujeres palestinas que lloran a un combatiente de Hamás muerto en Gaza." Junto a historias trágicas, Del Campo cuenta otras que reflejan otro lado de Oriente Próximo, "el de su dinamismo social y comercial, el de una juventud moderna cuyo exponente podría ese ingeniero de 29 años que dirigía las obras de la construcción del primer túnel submarino entre Europa y Asia, bajo el Bósforo, en Estambul, el de personas y colectivos que luchan a diario por construir allí una realidad más justa y democrática".

Es el caso de los activistas de Derechos Humanos a los que conoció en Damasco y que "dan la cara -y se la parten a menudo- para que un día, pronto, gocen allí de la libertad que la mayoría reclama." Este viaje, efectuado entre noviembre y diciembre de 2007 y febrero de 2008, también recorrió los monumentos de tantas civilizaciones antiguas, como la basílica bizantina de Santa Sofía en Estambul, las ruinas romanas de Baalbek o las fenicias de Biblos en el Líbano, las de los nabateos en Petra (Jordania), las pirámides faraónicas de Giza.

"También la tumba de Abraham en ese templo mitad mezquita mitad sinagoga de Hebrón, en Cisjordania, el Muro de las Lamentaciones en Jerusalén, la ciudad-oasis de Palmira, en el desierto sirio, o las dunas de Wadi Rum, en Jordania, que enamoraron a Lawrence de Arabia" ha añadido el autor.

Pero el eje de estas páginas, que llevan por subtítulo "Diario de viaje por un Oriente roto", no dejan de ser "las personas que viven allí y, en particular, las que han sufrido en el pasado y siguen sufriendo los conflictos bélicos y problemas sociales que desgarran la región." EFE av/vg/pv

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