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Chéjov nunca abandona las tablas

Chéjov nunca abandona las tablas

Raúl Fernández y Pere Arquillué, como Platonov.

@María José S. Mayo - 03/04/2009

Aunque su faceta de escritor de relatos sea muy poderosa, lo cierto es que Anton Chéjov es un dramaturgo al que todos los directores de teatro acuden como osos a la miel. Tio Vania, La gaviota, Las tres hermanas y El jardín de los cerezos son sus obras más destacadas, pero la cartelera madrileña acaba de acoger su primera pieza teatral. Es Platonov un ejercicio de juventud en el que se reclama el derecho de vivir plenamente, por más que las convenciones sociales nos lleven a lo contrario.

 

Le toca esta vez a Gerardo Vera posar su mirada en esta obra del autor ruso bajo la versión de Juan Mayorga, -el dramaturgo más solicitado de nuestra escena-, pero es un habitual en las programaciones del Centro Dramático Nacional que el propio Vera dirige. El año pasado pudimos ver un portentoso Tío Vania, y el anterior, un particular Las tres hermanas, adaptada bajo el título de Un hombre que se ahoga por el mago de argentino de las tablas, Daniel Veronese (no se pierdan Mujeres soñando caballos, que se vio hace tiempo en Madrid y ahora se puede contemplar en Barcelona).

 

En Madrid, el Teatro de la Guindalera le tiene especial aprecio. No solo triunfó con su muy especial montaje de La gaviota, sino que puso en escena la adaptación que Brian Friel –un obsesionado con el escritor ruso: también tomó a dos de sus personajes y los juntó en Afterplay- hizo de su relato más conocido, La señora del perrito, en El juego de Yalta. Tres de sus actores básicos de esta pequeña sala, encabezados por María Pastor, han desembarcado en el Centro Dramático Nacional para interpretar a alguno entre la multitud de personajes que pueblan este Platonov.

 

 

El montaje nos mantiene pendiente de su juego inicial en torno a la casa de Anna Petrovna, donde los personajes entran y salen de escena con una fluidez pasmosa. Todos los actores están a la altura, si bien Mónica López ejerciendo de anfitriona, el propio Platonov, Pere Arquillué, y Carmen Machi, que interpreta a Sacha, la mujer del protagonista, son los que llevan la voz cantante y ofrecen los mejores destellos de todo el espectáculo.

 

Pasada la hora y media, todo se hunde en el terreno de los lugares comunes, de la acumulación de escenas que ya no tienen mucho que aportar, lo que deja al desnudo a un dramaturgo todavía verde en cuanto a concreción y sutilidad. Un autor en el que lo mejor está aún por venir. Sirva pues este Platonov para descubrir una puesta en escena bien hecha y unos actores muy solventes, pero serán otras obras las que nos llenen con los grandes temas de Chejov: la soledad, el paso del tiempo y tantos otros más.

 

 Platonov puede verse en el Teatro María Guerrero de Madrid hasta el 24 de mayo.  

 

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