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CINE

Películas de la Gran Depresión para una época de crisis

@María José S. Mayo - 16/10/2008

Como bien se sabe, las épocas de crisis agilizan la imaginación. Los años que sucedieron al Crack de 1929 dieron lugar a una gran cantidad de obras cinematográficas con las que el mundo de la cultura expió todos los problemas, mientras, ciertamente, el gran público pedía a gritos películas entretenidas con las que olvidarse del panorama gris.

 

Ahora que estamos enfangados por la crisis económica resulta un momento más que curioso para echar un vistazo, inspirados por la página Gawker.com, a esas películas que supieron observar la gran depresión con diferentes miradas: compasivas, tiernas, irónicas… De todo había en el Hollywood que tenía a Hoover en el poder, como lo hay en el de George W. Bush, todavía interesado en esa época en la que la tierra prometida dejó de manar leche y miel y se convirtió en una tierra de éxodos y hambrunas.

 

 

Frank Capra fue un especialista en saber sacar el lado bueno a toda situación. En ¡Qué bello es vivir!, George Bailey, al que la vida le dará una segunda oportunidad por medio de un ángel, tenía que aplazar su luna de miel para salvar de la quiebra a su pequeña compañía de empréstitos durante los momentos que antecedieron a la depresión, en los que la gente corrió a los bancos a por sus ahorros.

 

 

En Los viajes de Sullivan, un productor de cine viajaba por la Norteamerica de la época para conocer la realidad de la gente de la calle y luego reflejarla en el cine. Al final descubría cómo lo que más les gustaba era poder distraerse con historias sencillas y divertidas que les hiciesen olvidarse de los problemas.

 

 

 

Sin duda la gran película de la depresión. John Ford realizó otro de sus soberbios trabajos adaptando Las uvas de la ira, la gran novela de John Steinbeck sobre el éxodo de familias de agricultores hacia el oeste en busca de trabajo en las grandes plantaciones. Tom Joad, su gran protagonista, descubría el valor del compromiso social y la lucha por los derechos de los más desfavorecidos al ser vapuleado junto a su familia y otros tantos campesinos en su búsqueda de trabajo por las carreteras y diferentes latifundios en los que se les tenía casi en condiciones de esclavitud. En estas imágenes se habla del éxito de la novela y la lucha por adquirir sus derechos que finalmente ganó Darryl F. Zanuck.

Un ejemplo más moderno del cine sobre la gran depresión es Cinderella Man, la película que trasladó a la pantalla la historia real del boxeador James Braddock, que volvió al ring para dar de comer a su familia durante esta mala época. La cinta realizó un cuidado fresco de la época con memorables escenas como aquella en la que Braddock (Russell Crowe,) desesperado por la falta de dinero, se acerca al café donde se reúnen todos los que le conocieron en su época de brillante púgil para pedir unos cuantos dólares.

 

 

Los Coen no terminaron de convencer con El gran salto, un trabajo sobre una empresa en la que su director se suicida tirándose de un rascacielos, el mejor momento de la cinta. A partir de ahí todos los miembros deciden unirse para obtener el mayor beneficio económico de la compañía elaborando un detallado plan que consiste en poner a un nuevo director que se deje manipular. Todo parece sencillo hasta que entra en escena Amy Archer (Jennifer Jason Leigh). No hay que perder de vista el papel de recién desaparecido Paul Newman.

 

 
 

Woody Allen se puso realmente tierno a la hora de concebir la historia de La rosa púrpura del Cairo. En ella una mujer (Mia Farrow) acude al cine para escapar de los malos tragos de la vida: los de la sociedad y los de su ámbito privado por culpa de un marido cruel. Ante su insistencia en acudir un día tras otro a ver a su actor favorito, éste sale de la pantalla para conocer a esta mujer que tanto lo adora. Uno de sus momentos mágicos era ese final en el que todo volvía a la normalidad y ella se emocionaba sobremanera viendo a Fred Astaire bailando y cantando el famoso Cheek to Cheek.

 

 

Por último destacamos la primera de las películas sobre la época que realizó Lars von Trier, Dogville. Sin necesidad de apenas decorado, Von Trier daba la vuelta a la tortilla a esa imagen de la sociedad norteamericana como generosa y solidaria ante la adversidad que directores como Capra o Ford se empeñaron en mostrar. En ella, los habitantes de Dogville terminan esclavizando a la pobre Grace (Nicole Kidman), una mujer que llega al pueblo cargada de buenas intenciones.

 

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