publicidad

  

OPINIÓN

España, en el corazón de las tinieblas

BIOGRAFÍA

Dice Ambrose Bierce que el reportero es un escritor que, con suposiciones, se abre camino hasta la verdad para dilapidarla seguidamente con una tempestad de palabras. Dilapidando verdades y palabras llevo más de 20 años. Nací en Diario 16; crecí en El Mundo y me licencié en este Confidencial. He sido corresponsal político de 20 Minutos en este siglo XXI adC (antes de la crisis). Comparto este Sin Enmienda con una columna diaria en Público. Si conocen un trabajo respetable, háganmelo saber.

 Deja tu comentario

BUSCAR USUARIOS

Valorado (2/5) Valorado (2/5) Valorado (2/5) Valorado (2/5) Valorado (2/5)(2/5 | 1 voto)

|

 Compartir

Juan Carlos Escudier.-  12/01/2008

Hay que reconocer que la terrible crisis económica que, al parecer, ha invadido nuestros hogares, se ha hecho fuerte en la despensa y nos conducirá directamente al abismo salvo que votemos a Rajoy, nos ha pillado por sorpresa. Antes las crisis se veían venir de lejos y los más temerosos tenían tiempo para empaquetar sus pertenencias y salir del país. Ésta, en cambio, ha sido fulminante. Un día de éstos nos fuimos a la cama animosos y despreocupados y horas después nos despertamos sudorosos en el corazón de las tinieblas. Que el PP nos ampare.

Esta crisis al descuido en la que nos hallamos inmersos es más peligrosa que todas las anteriores, a tenor de los comentarios de algunos conspicuos economistas liberales. Afirman estos señores que será inevitable que el paro aumente –ya lo está haciendo-, sobre todo en la construcción, lo que dejará en el paro a muchos inmigrantes. ¿Que qué pasará entonces? Pues que estos inmigrantes, muy peligrosos alejados de un andamio, se transformaran en delincuentes que atacarán a las personas de bien –quizás otros albañiles pero de Ciudad Real y no de Quito-, a los que ya les traerá al pairo que suba el pan porque les habrán quitado la cartera. Espeluznante panorama.

En Génova, tal es costumbre, llevaban tiempo prediciendo el cataclismo. Había, de hecho, señales inequívocas. La primera resultó un poco confusa porque después de rogar durante años que los precios de los pisos se moderaran y de contemplar cómo se hacían ricos un puñado de especuladores mientras amplias capas de la población debían conformarse con vivir debajo de un puente -si hubiera habido puentes para todos, claro-, cuando por fin esto sucedía se nos revelaba el misterio: el fin del mundo estaba cerca porque a los señores del ladrillo les iban mal las cosas en Bolsa, lo que generaría paro y delincuencia.

El segundo signo fue más evidente. Han subido los precios en las panaderías, en las gasolineras y en los bares, y eso intranquiliza por mucho que Solbes nos diga que lo que pasa en las tabernas es que ahora pagamos el hedonismo, esto es, que nos ponen los mejillones en vajilla de La Cartuja y eso no es gratis. Quizás por ignorancia, a muchos nos pareció una consecuencia lógica de que el petróleo esté a 100 dólares y de que en 2007 hubiera malas cosechas, por no hablar del biodiesel, que hace que los ganaderos compitan ya con las petroleras para conseguir cereales o forraje.

Como la inflación crecía, se produjo el tercer estigma: los tipos de interés también subieron. Como el peso de España en la Eurozona sigue siendo irrelevante, hemos de suponer que los culpables de que el BCE haya elevado los tipos no hemos sido nosotros sino la espiral inflacionista de toda Europa, donde se ha alcanzado el récord de los siete últimos años. Ello, evidentemente, ha disparado la factura de las hipotecas, pero no tanto la morosidad que sigue en niveles de risa: el 0,63%, la misma que en 2002 cuando gobernaba el PP. En resumidas cuentas, la gente tiene más dificultades para llegar a fin de mes pero sigue pagando religiosamente sus carísimas viviendas.

El cuadro general vendría a ser el siguiente: la inflación está por encima del 4%, han subido las hipotecas y cuesta mucho más vender los pisos. Sin embargo, España ha crecido en 2007 un 3,7%, el paro está en mínimos de los últimos 30 años, la deuda nunca estuvo tan baja en los últimos 20, hay tres millones más de ocupados, se ha elevado la productividad a casi el 1%, ha aumentado un 26% la renta per cápita en cuatro años y se cuenta con un superávit presupuestario del 1,8% del PIB para poner las cataplasmas que hagan falta. Como puede colegirse, la situación es dramática.

Lo que para algunos es la madre de todas las crisis, un armagedón ante el que el Gobierno se cruza de brazos por una mezcla de ceguera y estulticia, para otros es una desaceleración cíclica para la que, además, estamos mejor preparados que en el pasado. Es obvio que si el petróleo sube a 300 dólares y si los tipos de interés se duplican habrá llanto y crujir de dientes, pero entre tanto no se percibe una atmósfera de suicidios colectivos en los parques de las grandes ciudades. Tampoco los bancos, que este pasado año se ahogaron en beneficios, dan muestras de estar en las últimas. La famosas subprime les afectan poco o nada, entre otras cosas porque los pobres incautos que en este país piden créditos los garantizan hasta con su propia vida, además de con el piso de la suegra.

En consecuencia, que es posible que la crisis nos alcance aunque de momento nosotros corremos bastante más. Otra cuestión es si el Gobierno está tomando las medidas necesarias para minimizar los daños del enfriamiento económico. Este pasado jueves dijo Solbes que lo mejor es hacer el don Tancredo, o sea nada, mientras aseguraba que quienes suscribieron hipotecas a interés variable con los tipos en mínimos debieron suponer que subirían y haberlo hecho a tipo fijo, así que a otro con el cuento. Y que bajar las retenciones de las nóminas ayudaría a algunos –que no son tantos, en su opinión- a llegar a fin de mes pero que dispararía la inflación. En definitiva, que tenemos un paraguas estupendo para la lluvia pero cuando cae uno siempre se moja un poco.

¿Y qué propone el PP? Casi sin respirar Martínez Pujalte nos contó la receta: bajar el IRPF y que no paguen los que cobran menos de 16.000 euros, recortar el impuesto de Sociedades, disminuir el gasto corriente, aumentar la competencia, liberalizar sectores, impulsar un mercado único, rebajar la presión fiscal y el peso del sector público, aumentar las pensiones mínimas más que el PSOE, mejorar la conciliación en el trabajo, invertir en educación y nuevas tecnologías, financiar la dependencia y facilitar el acceso de los jóvenes al empleo y la vivienda. ¿Dónde hay que firmar?

Valorado (2/5) Valorado (2/5) Valorado (2/5) Valorado (2/5) Valorado (2/5)(2/5 | 1 voto)

|

 Compartir

 
los más leidos los más leidos los más comentados los más enviados
Ediciones anteriores      Suscripción al boletín                                              Anúnciate
Auditado por Ojd