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DOS PALABRAS

Una nueva cacicada de la SGAE

@Federico Quevedo - 12/01/2008

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Me refiero, lo digo sin tapujos, a esa versión de cuchufleta del himno de España que sabe Dios a cuento de qué se le ha encargado que busquen al Comité Olímpico Español y a la SGAE para que, de una vez por todas, se vea a nuestros atletas mover los labios en las competiciones oficiales cuando obtienen la victoria, en lugar de entonar esa oda de la sabiduría popular que dice así: la la, la-la, la-la-la-la-la-la-la-la-la-la-la-la... etcétera. Pues bien, ya tenemos letra y los de la Cueva de Ali Babá de la SGAE ya se están frotando las manos: cada vez que se cante, clik-clik, la caja registradora de los Cuarenta Ladrones ingresará sus beneficios a cuenta de los derechos de autor. Primero fue el impuesto revolucionario digital, y ahora será el impuesto revolucionario patriótico. Tanto ¡viva España!, tanta gloria bajo el cielo azul, nos va a salir por un ojo de la cara. A ese precio, yo, como Pepiño, me doy de baja, no de la Iglesia, sino del patriotismo republicano de ZP.

Vamos a ver: la Marcha Real, que es tan vieja que sus primeras referencias datan de 1761, no tiene letra, nos guste o no. Seguramente a Isabel II, que hizo de ella himno oficial aunque ya antes se utilizaba, no se le ocurrió pensar en la Olimpiadas, entre otras cosas porque no había, y a nadie se le pasó por la cabeza ponerle letra. Así que, desde tiempos inmemoriales, el himno de España no tiene letra, con la salvedad del tiempo que fue sustituido por el de Riego durante la República. Y si no tiene letra, y nunca la ha tenido, ¿por qué narices nos empeñamos ahora en ponerle una que, además, no concuerda con las notas del himno oficial y obliga a decir ‘democracia’ marcando el acento en la ‘i’? Pero, sobre todo, ¿por qué la SGAE? ¿Por qué el COE? Ya puestos, que se lo encarguen a David Bisbal o a los de la nueva edición de Operación Triunfo, y como premio para el que gane que grabe un disco con el himno en versión hip-hop.

No, hombre. Ya de entrada el haber metido a la SGAE en el negocio –lo de los negocios es lo que más les gusta a los de la SGAE, sobre todo si se trata de limpiarle los bolsillos al personal- dice mucho de la importancia que se le quiere dar al asunto del himno, o sea, ninguna. Y para cuchufletas y patochadas podrían haberse buscado otra excusa. Si ni siquiera en tiempos de Franco prosperó la idea de hacer oficial la letra de Pemán, y eso que era una letra adicta al Régimen, ¿por qué tenemos que cantar ahora esta otra que no casa con la música y que parece que vamos a irnos todos al campo a buscar lirios? Si de verdad fuera tan necesaria una letra para el himno, ya lo habrían pensado los hacedores de la Constitución del 78, y entonces ya había Olimpiadas, aunque bien es verdad que nosotros el oro no lo veíamos ni en pintura por aquellas fechas –tampoco es que ahora nos salgamos del mapa, dicho sea de paso-.

¡Ah! Ya. Que esto tiene que ver con el empeño de Zeta en hacerse pasar por patriota. Pues bien, que se ponga una bandera por colcha, pero que no nos obligue a los demás a comulgar con ruedas de molino. Y, en todo caso, si hay que hacerle una letra al himno, hágase el encargo de escogerla a gente con más criterio, es decir, no al COE y a la SGAE, sino al Parlamento o al Tribunal Constitucional. El Parlamento, creo, sería suficiente porque, con sinceridad, dudo mucho del oído musical de Maria Emilia Casas. Y miren que a mí la letra tampoco es que me horrorice... Reconozco que algunos pasajes me traen un vago recuerdo a la de Pemán, y no se si los progres de la SGAE se han dado cuenta de tanto ¡viva España!, tanta gloria, tanto cielo azul, pero no deja de resultar chocante que acabemos cantando casi lo mismo que cantaban en tiempos de la Oprobiosa, aunque ahora lo disfracemos de cierto pluralismo. ¡Oigan! Si hace falta un himno con letra, busquemos uno nuevo, pero no pretendamos convertir la Marcha Real en lo que no es.

Miren, en mi opinión, modesta, para sentir, de verdad, la Patria, no es necesario cantar letras motivadas por oportunismos de última hora... Basta con escuchar el himno con la mano en el corazón y gritar “¡viva España!” sin que nadie a nuestro alrededor lo escuche. Lo demás, patochadas de la SGAE.

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