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La maldición de El Gordo

La maldición de El Gordo

@Daniel Forcada.- - 22/12/2007

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Probablemente, mientras usted compraba algún décimo para el Gordo de Navidad, soñaba con el destino que le daría a esos millones que pueden caerle de la noche a la mañana y hacerle el hombre más feliz del mundo. Más si la suerte llama a su puerta en vísperas de la Nochebuena. Olvidarse de la hipoteca, comprar una casa, un nuevo coche, perderse por algún lugar exótico… La mitad de los españoles tiene claro que le bastaría dos décimos premiados para dejar de trabajar y dedicarse a mejor vida.

¿Seguro? ¿Estamos listos para afrontar un cambio tan trascendental sin que nos deje secuelas? Por un día, todos los telediarios abren con buenas noticias. El Gordo y su lluvia de millones, pese a no ser el mayor premio de la Lotería española, se ha convertido en el evento que más ilusión despierta. Pero a veces, la ilusión concluye en historias trágicas. Por eso, muchos agraciados hablan de cómo sobrevivir a la lotería.

Para la preparación de su libro Hoy, aquí y ahora. Estás a tiempo de ser feliz, Bernabé Tierno charló con varias personas que habían ganado la lotería. El resultado no deja lugar a dudas. Un porcentaje elevado pensaba que la lotería les había creado más problemas de lo que parece. “Vienen amigos, primos, familiares… Todos tienen un problema que solucionar y quieren que les prestes dinero”, afirma. “Parece que tienes la obligación de compartir el premio con ellos y si no lo haces se crean problemas familiares graves. Hasta el mejor amigo se convierte en enemigo de la noche a la mañana”.

Éste es uno de los primeros problemas que acarrea alardear de ser uno de los premiados con la lotería, de aparecer con el cupón en la mano en la portada de todos los periódicos. Hace unos años, Informe Semanal dedicaba uno de sus reportajes a varias personas a las que les había tocado la lotería y a las que TVE volvía a visitar diez años después. La mayoría afirmaba estar arruinada, peor que antes o igual que al principio. Y, además, peleados con todos sus familiares.

Fernando Trías de Bes, co-autor junto con Alex Rovira del best-seller La buena suerte, opina que lo peor que se puede hacer cuando uno recibe muchos millones de golpe es “pensar que ya no merece la pena hacer nada”. Y es que la primera regla de la fortuna es que, aunque llegue, ésta no dura. Así que si este sábado tiene la ventura de ser uno de los agraciados por el Gordo, tome buena nota de los consejos de estos autores, pues muchos, cegados por tanto dinero, acaban despilfarrándolo en un visto y no visto. Se corre el riesgo de caer en la actitud de abandonarse al destino y administrar muy mal la nueva fortuna. “No ha habido una gestión previa de la prosperidad. Ésta llueve demasiado deprisa y no se da la preparación adecuada para afrontar cómo gestionar tanta abundancia”, señala.

Otra de las secuelas que deja el sorteo es la depresión post-gasto. “Tras el subidón de alegría y de energía”, comenta Bernabé Tierno, “uno empieza a darse caprichos (comprar un coche, pagar la casa…), pero en seguida se da cuenta de que el dinero no da para tanto y eso genera un estado de desánimo en muchos agraciados”.

Tres de cada diez dejarían de trabajar

La mayoría lo tiene claro: emplearía el décimo en “tapar algunos agujeros”. Así lo refleja una encuesta elaborada por la empresa de venta de lotería on-line Ventura24.com realizada a más de 3.000 jugadores de El Gordo. La mitad afirma que destinaría los 300.000 euros a pagar la hipoteca o comprarse una casa, mientras que solo tres de cada diez dejarían de trabajar si la suerte se fija en su décimo. En esta línea, la mitad de los entrevistados necesitaría entre medio y un millón de euros para retirarse. Aunque después de resolver los problemas básicos, un 11% montaría un negocio, un 8,7% invertiría el premio en bolsa o en algún producto bancario y cerca de un 8% se iría de viaje. Es significativo que sólo uno de cada diez lo compartiría con sus familiares.

Nos vamos a Almazán, Soria. Allí, el año pasado, el número 20.297 del Gordo llenó la comarca de ilusión. María Victoria Cid, propietaria del despacho de lotería de Rebollo de Duero, vendió 125 series del primer premio, aunque ella no compró ninguno. “En el pueblo se nota que hay mejores coches, muchos se compraron la casa, pagaron la hipoteca, otros han aprovechado y se han casado y los que necesitaban ir a una residencia, se han pagado la plaza”, afirma. Aun así, María Victoria piensa que la vida de sus vecinos no ha dado un cambio radical: “Algún caso hay de quien ya se lo ha gastado todo, pero yo creo que la mayoría lo tiene todavía ahorrado pensando qué hacer con él”.

El restaurante Ventorrillo Canario, en el municipio sevillano de Santiponce, repartió 200 de los 300 décimos del Gordo que se vendieron en la administración de lotería número uno de la localidad. Isabel, la administradora del restaurante, afirma también que el premio no da, “ni mucho menos” para jubilarse. “¿Que si ayuda a ser feliz? Un montón, claro que sí. Te quita las penas, por lo menos, las económicas. Te ayuda a tapar agujeros, aunque no da para dejar de trabajar”.

Con un décimo quizá no, pero con varios números premiados llega el tormento de cómo afrontar la situación sin quedar trastornado en el intento y quedando bien con todo el mundo. “El mejor consejo es seguir el ejemplo del que no dice que le ha tocado la lotería, sino sólo un pellizquito”, recomienda Bernabé Tierno, “que el agraciado se dedique a solucionar sus problemas y, si sobra, a ayudar a los demás. Porque si no, se corre el riesgo de acabar siendo Cáritas”.

Fernando Trías de Bes es aún más categórico: "Qué no se lo diga a nadie. La alegría del momento le hará cometer el error de escampar a los cuatro vientos la noticia. ¡Craso error!” Y añade que “lo mejor es no cambiar sustancialmente de vida. Tapar algunos agujeros, hacer un pequeño viaje y esperar un poco. El dinero se gasta muy rápido y la inflación también lo evapora. Lo que parece que no va a acabarse nunca puede ser, al cabo de siete años, una cuarta parte de lo que fue. Lo mejor es invertirlo bien y esperar un tiempo, reflexionar, pensar bien qué quiere hacer con su vida y luego, en todo caso, decidir”.

Pues a esperar. Y si los niños de San Ildefonso le alegran las Navidades, desde aquí le deseamos la mejor de las suertes. A los demás, nos quedará el consuelo de Bernabé Tierno, que el año que viene quiere fundar el Club del Optimismo Vital: “La mejor lotería es la que uno se busca para sí mismo, que es la que nunca puede fallar”.

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