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DOS PALABRAS

¡Queremos saber lo que pagan Los Borbones de hipoteca cada mes!

Borbones hipoteca

@Federico Quevedo - 07/12/2007

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A las puertas del Congreso de los Diputados cientos de personas se congregaban para ofrecer a sus políticos lo que más se merecen en estos tiempos: una ración doble de pitos y abucheos -Montilla se la llevó triple- que volvía a poner de manifiesto la enorme brecha abierta entre el pueblo y sus gobernantes, y la profunda división que esta legislatura ha provocado en la sociedad española. Fue el de ayer el último aniversario de la Constitución antes de las elecciones generales. La Carta Magna cumplió XXIX años y lo hizo asediada por el nacionalismo radical, por un lado, y por una clase política instalada en el enfrentamiento y el conformismo complaciente, por otro. A doce meses de su trigésimo cumpleaños la Constitución necesita que la quieran, como dice Manuel Marín de si mismo –“yo ya solo estoy para que me quieran”-, y que la refuercen o, de lo contrario, perecerá en esta marea revisionista que ayer invadía los pasillos del Congreso y las calles de Madrid.

A Marín, presidente del Congreso por poco tiempo y jubilado de la política por decepción, estuvieron a punto de saltársele las lágrimas. Ha conseguido lo que pocos presidentes del Congreso: que no le quieran ni en su partido ni en los bancos de la oposición, y quizá eso diga mucho en su favor... O no. Pero ayer se dejó llevar por una letanía de buenos deseos y mejores intenciones, y se arrancó con un discurso cargado de reproches hacia aquellos a los que ha tratado como a alumnos de primaria durante toda esta legislatura, y que como alumnos de primaria se las han hecho pasar canutas al maestro de ceremonias y embaucador en paro desde marzo. Pero al menos cabe reconocerle que, entre tanta desazón que reína en las filas socialistas, y entre tanto desencuentro del partido de los cien años de honradez con la honradez, él tuviera la dignidad de defender aquello en lo que siempre ha creido: la Carta Magna que tantas alegrías nos ha dado, que tanto nos ha hecho progresar, y que tantas discordias nos ha traido con los victimistas de siempre y sus recelos hacia la Nación de todos.

Y mientras entre las paredes que guardan el recinto de la soberanía nacional se elevaban elegías por los muertos y odas a la unidad nada creibles y embadurnadas de cinismo e hipocresía de salón, en las calles de Madrid los ciudadanos que atraviesan este puente sobre las aguas turbulentas de la discordia salían a la calle a poner a caldo a sus políticos y a exigir venganzas y humillar realezas. A pocos metros de donde la política hacía un último e improductivo esfuerzo de sentido común, por la madrileña calle de Alcalá camino de la Puerta del Sol, espectadora de tanta historia de amores y odios a la patria encallada en el arrecife de sus negaciones, centenares de banderas republicanas, de banderas rojas y moradas, y miles de españoles de carné que no de sentimiento, desafiaban al sistema y elevaban de nuevo un grito de venganza contra el liberalismo constitucional por algo que pasó hace ya más de siete décadas. Eran más, muchos más incluso, que los que dos días antes rodearon la Puerta de Alcalá en un falso abrazo de unidad contra el terrorismo. Ya nada es creible. Todo parece fruto de un espejismo.

Esta legislatura, que ya presenta sus últimos estertores, pero que viene agonizando desde que a Rodríguez le diera ETA con la puerta en las narices de la negociación, acaba igual o peor de cómo empezó, con más frentes abiertos, y con muchas más incógnitas sobre lo que el futuro puede depararle a esta Nación milenaria que ya no será igual a como la conocimos y la quisimos en el Pacto de la Concordia del 78. Hay cosas que son ya inevitables. Hemos recorrido en estos años caminos cuyo regreso es harto difícil por no decir imposible. Quien gane el próximo mes de marzo deberá gestionar una herencia, no ya complicada, sino sumamente incómoda y difícil para poder gobernar con las mismas exigencias de consenso y sentido del límite que Marín elogiaba ayer de la Transición y pedía que no se tomaran como antiguallas de viejos o nostálgicos, porque consenso y sentido del límite siguen siendo virtudes propias de políticos serios y sensatos.

Hoy todo está en cuestión: la Nación, la Constitución y las instituciones. Nada parece que pueda prevalecer con la misma melodía desafinada y a la vez armónica con la que se había venido sosteniendo un sistema imperfecto hasta nuestros días. Pero, ¿qué sistema es perfecto? Ninguno, seguramente, y por eso del aprendizaje de los errores propios era posible encontrar respuestas a los muchos interrogantes que nos íbamos haciendo a medida que el tiempo los ponía de forma inevitable sobre la mesa del consenso nacional. Pero esa mesa ya no existe y quien la ha roto, ayer, en una especie de petición extrema de auxilio, reclamaba una unidad imposible cuando él mismo, atrapado en la soledad de su destino, se mostraba incapaz de afirmar lo único que el país le pide que afirme con rotundidad para poder volverle a dar su confianza: “No volveré a negociar nunca más con ETA”.

Esa sencilla evidencia de que todo su discurso está levantado sobre una mentira, es la que hace que el dilema sobre nuestra propia identidad se extienda más allá de las fronteras del 9 de marzo, fecha prevista para las elecciones generales. Se trata, sin duda, de un caso de emergencia nacional que requiere una voluntad bravía por las dos partes, izquierda y derecha, de llegar a acuerdos que frenen el ímpetu de las aguas que empujan a esta nave hacia el torbellino de su propia autodestrucción. Con Rodríguez es imposible, pero sin Rodríguez pueden darse las condiciones para que una grosso coalitione devuelva a la nave a aguas tranquilas y pacíficas, y emprenda una serie de reformas que modernicen nuestro sistema democrático. ¿Es eso un sueño? Ayer, por las calles de Madrid, camino de la Puerta del Sol, miles de personas coreaban a la vez: “¡Queremos saber, queremos saber, lo que pagan Los Borbones de hipoteca cada mes!”. Esa es la realidad de hoy. Lo demás son futuribles más o menos desados. Lo que queda ante nuestros ojos es un país que duda de su sistema, de su Constitución, de su Gobierno... Y de su Rey.

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Opiniones de los lectores (35)

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35. usuario registrado Damianca07/12/2007, 21:20 h.

¿Cuánto debe el "exquisito" Llamazares personalmente e IU como partido?


O la vaca paca Gloria Marcos de Valencia.....

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34. usuario registrado Damianca07/12/2007, 21:14 h.

Quevedo ¿qué pagas tú de hipoteca y quien la abona? Seguro que no habría huevos para le preguntases a Cossiga esto mismo, calzonazos.

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33. usuario registrado joanfg07/12/2007, 19:28 h.

Respecto a "donaciones" que hacen particulares o empresas a partidos políticos y al Rey, después se les devuelve ej. a los periódicos, emisoras contratando publicidad institucional en dichos medios, a empresas constructoras concediendo obras públicas etc. pero es un mal generalizado en todos los países. El tribunal de Cuentas ya ha expresado en más de una ocasión la faltas de transparencia de los partidos políticos, pero sus doce miembros son designados por las Cámaras Legislativas. Sí hay un cambio de ley de financiación de partidos éstos cobrarán más pero estaremos con los mismos vicios. Es un problema de difícil solución.

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32. usuario registrado nou07/12/2007, 18:55 h.

Si yo también conozco de cifras pasadas directamente a "incobrables" o de expedientes con orden de no demandar.

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31. usuario registrado joanfg07/12/2007, 18:52 h.

Respecto a las deudas de los partidos políticos los bancos sí que se las reclaman interponeniendo las correspondientes demandas, yo conozco casos como por ej. a ERC hace años (y no la estoy criminalizando). Normalmente el banco intenta llegar a un acuerdo amistoso aunque no recupere todo el préstamo. Pero también hacienda tiene trato de favor con las grandes empresas, se establecen negociaciones y el tratamiento es diferente al que tendría con un particular y la ley lo permite. Muchas veces es en la interpretación benévola que se hace de un precepto legal, otras veces concediéndo plazos más amplios, etc.

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