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El papelón de Trichet y los suyos: los consumidores pagarán la crisis de las hipotecas 'subprime'

@Carlos Sánchez - 05/11/2007

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La crisis provocada por el hundimiento de las hipotecas ‘basura’ ha derivado en una curiosa circunstancia, por decirlo de una manera suave. Resulta que como el sistema financiero estaba en cuarentena por falta de liquidez en el interbancario (principalmente en las operaciones de más corto plazo) el Banco Central Europeo -que tenía previsto subir los tipos de interés en septiembre- aplazó esa decisión sine die en aras de no echar más leña al fuego y contribuir, con ello, a que las aguas se calmarán.

La decisión fue celebrada por tirios y troyanos. Gracias a esa política de no intervención (ni siquiera de forma preventiva), las bolsas se calmaron, al tiempo que se diluyeron las tensiones de tipos de interés. El euribor, de hecho, tocó techo en septiembre, mientras que en octubre ha registrado incluso un ligerísimo descenso. Aquí paz y después gloria, que diría el clásico. Se habla ya, de hecho, de cierta normalización en el interbancario gracias a que el tumor en forma de hipotecas ‘subprime’ ha sido convenientemente aislado, por lo que no es previsible ninguna metástasis que afecte a órganos vitales. Los mercados de valores han vuelto a subir y algunos gobiernos, como el español, sacan pecho con la satisfacción del deber cumplido. Los agoreros de siempre se han vuelto a equivocar y los máximos del Ibex -se viene a decir- demuestran que los inversores continúan confiando en la economía.

Este argumentario puede parecer el correcto, pero olvida los cadáveres en el armario que ha dejado tan temeraria actuación. Los cuerpos en descomposición no responden, precisamente, a la identidad de los causantes del mal, sino más bien estamos ante pobres contribuyentes cuyo único delito es pagar impuestos e ir a trabajar todos los días. Veamos.

Las advertencias de agosto

El hecho de que BCE se haya incorporado al movimiento de países no alineados en materia de intervención en política monetaria ha contribuido a que la inflación no haya dejado de subir. El IPC armonizado de la eurozona estaba en agosto en el 1,7% y ahora se sitúa en el 2,6%, y ya por entonces Trichet hablaba de que el BCE estaría vigilante contra cualquier presión alcista. No se trata de un juicio personal, todo lo contrario. Lean lo que decían los banqueros de Francfort en agosto, cuando la inflación era un tercio más baja que ahora:

“El aumento de los precios del petróleo, la aparición de tensiones sobre la capacidad productiva y la posibilidad de un mayor dinamismo de salarios y costes, entre otros factores, respaldan la valoración anterior del Consejo de Gobierno de que existen riesgos al alza para la estabilidad de precios a medio plazo. (...) Por tanto, una extrema vigilancia resulta esencial a fin de evitar que los riesgos para la estabilidad de precios a medio plazo lleguen a materializarse, lo que contribuirá a garantizar que las expectativas de inflación a medio y a largo plazo de la zona del euro se mantengan firmemente ancladas en niveles compatibles con la estabilidad de precios”.

¿Y cuales son esos niveles ‘compatibles con la estabilidad de precios’? Pues ni más ni menos que un 2% en términos de inflación y un 4,5% si hablamos en relación al crecimiento de la masa monetaria. Pues bien, el primero de los pilares se encuentra, como se ha dicho, en un 2,6%, y el segundo, en el 11,6%. Como se ve los temores del BCE estaban algo más que fundados. Pero desde entonces no se ha hecho nada de nada.

Por si no fueran suficientes estos argumentos, el Banco de España acaba de publicar una nota en la que aporta otro motivo de preocupación. Sostienen Esther Moral y Carlos Vacas, del Servicio de Estudios, que “los indicadores de utilización de la capacidad productiva están registrando niveles muy elevados en el área del euro, con valores cercanos a sus cotas máximas en los últimos 20 años”. No se trata, por lo tanto de un fenómeno pasajero. La conclusión que obtienen no deja lugar a dudas: “las tensiones de demanda que evidenciarían los desarrollos descritos podrían apuntar la aparición de presiones inflacionistas en la zona del euro”.

Es decir, que hay un tercer argumento de peso que pone de manifiesto hasta qué punto la inflación es un problema real. Sin embargo, y he aquí la paradoja, monsieur Trichet y los suyos no parecen darse por aludidos y continúan mirando únicamente la estabilidad del sistema financiero. Se trata de un inmenso error que la economía europea pagará algún día.

Ser fundamentalista a la hora de valorar la importancia de la inflación (como ocurrió en el pasado) es tan malo como ver los aumentos de precios como algo parecido a un mal menor que la economía debe asimilar con total naturalidad. Un ejemplo ilustra de que hablamos. Si en octubre el IPC español se hubiera mantenido estable en los niveles del 2,7% precedente, la Seguridad Social seguiría teniendo en un su hucha unos 2.300 millones de euros que ahora debe destinar para compensar el aumento de los precios. No es que los jubilados vayan a ganar más, simplemente es que así no perderán poder adquisitivo. ¿Y que decir de las empresas que van a tener que destinar cientos de millones de euros a compensar el aumento de la inflación? El problema no es que haya cláusulas de revisión automática -que debe haberlas- sino el hecho de que la inflación se haya disparado, con las consecuencias negativas que ello tiene en términos de competitividad y de remuneración del ahorro.

La inflación, como se ha dicho muchas veces, es un impuesto que pagan los pobres, y por eso sorprende el manto de silencio que rodea a la inactividad del BCE, cuyo cometido fundamental, que se sepa, sigue siendo controlar los precios, no la solvencia de determinadas entidades financieras que por su mala cabeza y su codicia han querido ganar duros a cuatro pesetas pescando en las procelosas aguas de las hipotecas ‘subprime’.

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Opiniones de los lectores (9)

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9. josemiguel09/11/2007, 17:06 h.

Estimado Carlos Sanchez: Según su articulo cual es la decicisón que dbe de tomar el BCE, es preferible que rebiente el sistema financiero para contener la inflacción como ha hcho la FED, subir los tipos para despues bajarlos. O es preferible una pausa antes de continuar. Los pobres no paguan puesto que sino no serian pobres, por eso se reclama una renta Básica universal para que todo el mundo pueda consumir. Los que pagan y pagan siempre son los consumidores, porque sin consumo no hay beneficios y sin beneficios no hay impuesto de sociedades, ni ingresos para pagar a los trabajadores que a su vez pagan el IRPF. La inflacción solo es mala para el dinero pero no para el que tiene bienes. Un saludo www.rentabasica.blogspot.com

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8. LA PESCADILLA COMILONA08/11/2007, 12:35 h.

Su articulo no tiene desperdicios, estoy de acuerdo en todo con ud, Pero de nada servirá que la opinión publica sepa de los teje y manejes de los politicos puestos a dedo en el BC,puesto que estos señores obedecen a sus amos los gobiernos que los pusieron, lo que me extraña es la pausividad de los banqueros alemanes que se han olvidado de su historia con la INFLACION, nosotros en España somos maestros en disfrazarla de que mientras sigamos creciendo no habrá desempleo, crasso engaño por parte de los que nos gobiernan aquí, por que al final esto es la pescadilla que se come la cola.

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7. usuario registrado Alberto Dietz07/11/2007, 19:33 h.

Conviene ir a www.mises.org para aprender qué significa inflación.

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6. usuario registrado albertovz05/11/2007, 21:02 h.

¡Pobres 'paganos'... tan religiosamente dispuestos a apechar con las pifias bancarias y bursatiles aunque nada tengan que ver!

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5. usuario registrado agarcía05/11/2007, 18:28 h.

Nada nuevo bajo el Sol: los bancos centrales son los bancos de los bancos; o, en sentido más amplio, del sistema financiero, y actualmente de la economía financiera que se ha convertido en la "economía real". A los ciudadanos, cada vez mas percibidos como entes virtuales, "recursos humanos", o elementos imprevisibles del sistema, que les vayan dando. Vamos, que si ahorran, los castiga la inflacción por no gastar y alimentar la burbuja; y si no ahorran: mejor, ya vendrán a pedir prestado.

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