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CON LUPA

¿Pero realmente quiere el Partido Popular ganar las próximas elecciones generales?

@Jesús Cacho - 09/07/2007

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EL DISCURSO. Si fuera un esforzado charlatán de feria que se gana la vida vendiendo productos milagrosos para el crecimiento del cabello, Rodríguez Zapatero sería un tipo realmente gracioso, consumado caradura, sí, pero muy gracioso, porque dedicar la parte del león de su discurso sobre el estado de la Nación a los logros económicos, que es precisamente la única materia heredada del Partido Popular que no ha tocado, a Dios gracias, en tres años y pico de legislatura, es ocurrencia propia de pillo consumado, truco de Lazarillo, sobre todo si reparamos en que todo lo que ha tocado en ese terreno lo ha manchado con el intervencionismo más grosero desde la Oficina Económica de Moncloa. De donde se infiere que cualquier sociedad en libertad es capaz de progresar por muy intonso que sea el Gobierno que padezca.

Este mal vendedor de palabras que no sabe nada de Economía -ni falta que le hace, a lo que parece-, habla en la tribuna del Congreso de “la excelente marcha de la Economía” (...) “el horizonte económico español está hoy despejado” (...) “las previsiones de nuestra economía están siendo continuamente revisadas al alza” (...) “somos un país a imitar”, y frases del mismo tenor cuya reproducción resultaría tediosa. Como dijo Goethe refiriéndose a Byron: “cuando raciocina es un niño; sólo es grande cuando fabula...” Ni una referencia a los riesgos de un modelo de crecimiento cuyo principal motor, la construcción, está gripado. Tampoco a la pérdida de poder adquisitivo de los salarios frente a las rentas del capital. Uno de esos discursos, en suma, que ofenden la inteligencia del ciudadano medio no sectario.

El de Mariano Rajoy, por el contrario, fue el discurso de un líder preocupado por la deriva de la Nación, un discurso trabajado, bien elaborado, con aportaciones de gran altura conceptual en asuntos que atañen al porvenir de una sociedad como la española que parece no tener una idea clara de su pasado, ni siquiera de su presente y mucho menos de su futuro colectivo en el mundo globalizado en que nos ha tocado vivir. Discurso pegado al suelo, pero con capacidad para remontar el vuelo de los grandes interrogantes que hoy enfrenta España, leído con firmeza, con convicción; discurso con el que se puede estar o no de acuerdo, pero alejado, en cualquier caso, de la arenga de polideportivo o de la charleta de mercado de abastos.

EL POSTDISCURSO. A la hora de réplicas y contrarréplicas llegó la sorpresa, porque, sin que se sepa muy bien por qué, aconsejado por quién, Mariano Rajoy se encastilló en el monotema ETA despreciando la paleta de asuntos que, además del problema del terrorismo, hoy preocupan a ese electorado culto que no milita en PSOE ni en PP, asuntos que van desde la regeneración democrática hasta el cambio de la ley electoral, pasando por la lucha contra la corrupción y un largo etcétera.

Dicen que fue cosa de Arriola, el eterno y carísimo asesor de Génova en la sombra, quien se empeñó en el reclamo de las actas de la negociación entre Gobierno y ETA, porque él ya negoció en la era Aznar y conoce el percal, sabe que los terroristas levantan acta de todo. ¿Y bien...? Esas actas, de existir, pertenecerán a ETA y su credibilidad será cero o próxima a cero, porque habíamos quedado en que ETA no tiene credibilidad, ¿o sí? Ya hemos visto lo ocurrido con las escandalosas revelaciones aportadas por el diario Gara: Flor de un día. Ocurre lo mismo con la exigencia de pedir al Congreso que revoque la autorización al Gobierno para hablar con ETA. Pero, ¿es que no entra en la nómina de las obligaciones de todo Gobierno buscar una salida al problema de ETA? Cosa bien distinta es qué se habla o negocia y, sobre todo, a cambio de qué.

Da la impresión de que Rajoy y el PP hicieron un debate para convencer a los convencidos, para mantener prietas las filas de la militancia, despreciando a ese espectro de votantes de centro que, escandalizados con ZP y lo que ZP representa, desean percibir algún signo, algún síntoma de que vale la pena votar a Rajoy, aunque sea con la nariz tapada. El caso es que, en la cuestión etarra, el líder popular sigue el guión que con tanta convicción predicó Mayor Oreja en el País Vasco, con resultados de sobra conocidos. ¿Hay alguien ahí dentro con algo de talento?

EL MARKETING. Como era de prever, el eficaz aparato de agit-prop socialista se ha encargado de vender el resultado del debate–tenso, agrio hasta rozar el odio personal, porque los contendientes se desprecian profundamente- como una victoria sin paliativos de Zapatero. El desequilibrio mediático entre unos y otros –particularmente en el caso de las televisiones- es tan evidente, que no otra cosa podía esperarse. Nuestro Zapatero remendón, que estaba con el agua al cuello, ha recibido los parabienes como un salvavidas que le permite llegar hasta el final de la legislatura, empresa obligada por mor de las adversas encuestas. Metidos en el mundo de la imaginería virtual que caracteriza a este Gobierno, ZP abordó una remodelación de su Gabinete que es mera operación cosmética, cuestión de titulares para un par de días. Es como si el entrenador de la Sociedad Deportiva Ponferradina decidiera cambiar al final del partido a cuatro jugadores de campo por otros tantos suplentes. Nada con sifón.

EL PROBLEMA DE RAJOY. Pero el cambio de cromos que acaba de efectuar ZP en su Gobierno tiene, a mi modo de ver, la virtud de reflejar el inmovilismo de Mariano Rajoy y su incapacidad para formular un discurso nuevo e ilusionante, más allá del radical “no” con todo lo relacionado con ETA, discurso propagado por nombres nuevos, caras nuevas, gente no quemada por la nefasta segunda legislatura Aznar. Pero ahí sigue el gallego, cual prisionero de Zenda, incapaz del menor cambio, con la cara de Ángel Acebes –el hombre que demostró el 11-M no tener ni idea de lo que se traía entre manos como ministro del Interior- apareciendo todos los días en TV para regocijo de Moncloa, lo mismo que los Astarloa, los Oreja, los Zaplana y tantos otros personajes cuyo tiempo pasó. ¿Realmente quiere el PP ganar las próximas generales?

EL FUTURO. Porque eso es lo que importa, el futuro, ergo la capacidad de esta gran nación llamada España para, con un Estado democrático por herramienta, defender la libertad y prosperidad de los españoles, en el convencimiento de que todos juntos podremos hacer frente, mejor que separados, a los retos de un mundo globalizado cada vez más inseguro. La forma de enfrentarnos a ese futuro es lo que nos vamos a jugar en menos de ocho meses.

Citemos dos párrafos de la conferencia pronunciada por Víctor Pérez-Díaz en el Círculo de Empresarios el pasado 21 de junio: “Hasta ahora, socialistas y populares habían jugado el juego de mantener el acuerdo constitucional y el modelo territorial original; el Gobierno actual ha entrado en la senda de una estrategia revisionista que rompe esta tradición. La opción estratégica a favor de un proyecto hegemónico socialista ligado a un cambio del modelo territorial supone un incremento sustancial de dos riesgos importantes”.

“Primero, el riesgo de una separación gradual, por sus pasos contados, de, al menos, dos comunidades autónomas, las de Cataluña y el País Vasco, en un plazo entre medio y largo, junto con el de un aumento de las tensiones y los conflictos redistributivos de poder político de todas las comunidades autónomas entre sí y con el poder central. Segundo, el riesgo de la absorción de las energías cívicas del país en este problema (con descuido de otros), la reducción del nivel de confianza y solidaridad nacional, el desdibujamiento de la idea de una nación o comunidad política española, y el descenso sustancial del nivel de civilidad en la vida política”. Más claro, agua.

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Opiniones de los lectores (144)

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144. usuario registrado albertovzLunes, 10/07/2007, 17:09 h.

Volverán a ganar los absentistas, como siempre en esta...democracia franquista.

143. VigoleisLunes, 09/07/2007, 19:01 h.

Del mismo modo se podría aducir que detrás de la subida de tipo de interés que constituyen una de las rémoras de este sector, se encuentra el gobierno si es que fenómenos que escapan a su control, se los atribuyes, Emilio, cuando son beneficiosos para la imagen del ejecutivo. Cierto que la política económica del gobierno ha sido como el parto de los montes, y en todo caso, no recibieron una España en la que cumplir con los requisitos de Maastricht era una de las chanzas de moda de la época. Ni de coña se decía por entonces. Cambiando de tercio, el que sí se puso pesado con la letanía del Proceso de Paz, fue Zapatero que parecía un místico en tanto pudo mantener el artificio de que ETA se avenía a una negociación, en la que no pedía nada, jajaja, y algunos ilusos lo creísteis.

142. roizLunes, 09/07/2007, 19:01 h.

Vigoles,algo debe tener la banca española,en I+D pues si no mal se entenderia sus compras de banca extranjera.No es posible un crecimiento tan acelerado sin sistemas muy avanzados,pues de lo contrario no podrian controlar tal crecimiento.

141. VigoleisLunes, 09/07/2007, 18:56 h.

Emilio, el patrón económico diseñado por el PP sirvió hasta un determinado momento y perdone que le diga, salvo unos lugares comunes que usted ha planteado, los cuales no se sustentan en un análisis serio de la realidad económica, de verdad, que su exposición suena a reverberación de una izquierda demasiado complaciente con el gobierno. ¿Qué I+D está fomentando el gobierno? ¿Frases hechas del Presidente? ¿Se ha frenado en seco el sector de la construcción a consecuencia de alguna política del gobierno? Sería tan estridente como la afirmación de la exMinistra de la Vivienda que se ufanaba de que la causa de sus políticas estuviera detrás de la desaceleración del precio de la vivienda.

140. usuario registrado PJCMLunes, 09/07/2007, 18:46 h.

Miguelillo.- Alguna vez le he dicho que desconoce de lo que opina.
La alimaña, obtuvo el 2º grado gracias a Instituciones Penitenciarias, dependiente del Ministerio del Interior.
Se concede este grado, a los presos con graves enfermedades, que no era el caso de la alimaña.
Ni de Rodriguez Galindo ni de Rafael Vera.

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