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Fernando Arrabal, el 'Escritor': "Mis libros son los menos leídos de España"

Fernando Arrabal

Ana Mendoza (Efe). Madrid.- - 05/07/2007 14:06h

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Fernando Arrabal, el 'Escritor': "Mis libros son los menos leídos de España"
 

El escritor Fernando Arrabal realiza un elogio de la diferencia y se reconcilia con la locura en su nueva novela, Como un paraíso de locos, una obra impregnada de humor y poesía, poco convencional, como sucede casi siempre con las de este autor, que ya cuenta de antemano con que "casi nadie" la va a leer.

"Mis libros son los menos leídos de España, y creo que esta novela va a batir todos los récords", asegura en una entrevista con Efe Arrabal que, a sus 75 años (el próximo mes los cumple), se siente pletórico, con más ganas de trabajar que nunca y convencido de que es el escritor que "más influencia" ha tenido cada vez que ha hablado de política. "O que han creído que hablaba de ella", matiza.

"Todos mis colegas vivieron la dictadura franquista, pero el único que escribió la Carta al general Franco, capital y determinante, fui yo, el menos político", señaló el escritor en alusión a esa obra que publicó en 1978 y que suscitó una gran polémica.

La conversación con Arrabal tuvo lugar este miércoles , mientras el autor de "El cementerio de automóviles" cenaba en el jardín del hotel donde se aloja un contundente plato de huevos fritos con patatas fritas. Sólo a veces respondía a las preguntas concretas que se le hacían sobre el libro, y cada respuesta le daba pie a reflexionar, de forma brillante y amena, sobre los temas más dispares, desde su infancia o el amor que siente por las matemáticas hasta su relación con España o su dedicación a la literatura: "yo soy el Escritor; con 'e' mayúscula", aseguraba.

Nadie espera que un libro de Arrabal sea convencional y Como un paraíso de locos, publicado por Bruguera, no lo es. El autor rinde homenaje al estilo de las vanguardias y deja patente en cada capítulo su amor por la ciencia, por las matemáticas, "por el razonamiento diferente", por la poesía, por el juego y, en suma, por la vida. "Creo que es mi mejor libro, pero es tan complicado, tan difícil, que no sé quién lo va a leer", afirma Arrabal, para decir a renglón seguido que, "gracias a Franco", él es "un personaje desconocido en España".

"Los franquistas me pintaron como una persona sorprendente, contestataria, rebelde e insoportable, y esa imagen la he ido heredando hasta el punto de que gente que es totalmente antifranquista cree que yo soy un personaje que quiere provocar, escandalizar, y no es así", subraya este dramaturgo, poeta, novelista, ensayista y articulista, cuya obra está traducida a numerosos idiomas y ha merecido importantes premios.

Bocadillos de mierda

Durante el franquismo Arrabal era "el único dramaturgo que tenía reputación mundial", y, en su opinión, la imagen que se le atribuía le servía al régimen para justificar la prohibición de sus libros en España. "Se ha llegado a decir que mis obras de teatro tenían éxito en el extranjero porque en ellas repartía bocadillos de mierda", dice el escritor, tras pedir perdón por sus palabras, poco apropiadas quizá para una cena.

"Yo nunca he estado con gente provocadora y ninguno de mis amigos lo era. Picasso no lo era, ni Dalí, Breton o Ionesco. Eran todo salvo provocadores; sería ridículo serlo", insiste el escritor. En la novela, Arrabal se reconcilia "con lo que llamamos locura y con lo que llamamos autismo", dos enfermedades que están en su entorno y que él no entiende "por qué tenemos el derecho de considerarlas como algo de menos valer".

Como un paraíso de locos desarrolla la historia que sugiere el cuadro que aparece en la portada de la novela, pintado por Félez, según el croquis de Arrabal, e inspirado en la obra de El Bosco "La piedra de la locura".

En el óleo de Félez, Arrabal aparece rodeado de los tres extraños personajes que, además del protagonista, intervienen en la novela, y uno de ellos, el general, está a punto de extraerle de la frente "la piedra de la locura".

El protagonista es un superdotado, casto e intacto, que nació el mismo día que Arrabal: el 11 de agosto de 1932. No es como los demás, porque tiene un hándicap mental, y le han diagnosticado un cierto autismo. Sus amigos son dos seres imaginarios: Infinito y Cero, y las conversaciones que mantiene con ellos son de lo mejor del libro. Arrabal, como le sucede al protagonista de la novela, ganó un concurso de superdotados a los 11 años, gracias a las clases que le dio una monja teresiana por la que él sintió verdadera "locura de amor": la madre Mercedes, "una mujer maravillosa que le enseñó "a leer, a escribir y a amar".

La madre Mercedes usaba el cilicio todos los días durante la misa, salvo el domingo, y como "Fernandito" era "muy buen alumno" también le dio uno. "El cilicio era una cosa maravillosa que, desgraciadamente, ha desaparecido. Por eso España está decayendo; harían falta más cilicios en España", asegura Arrabal, que ya hace tiempo que dejó de usarlo. "Le he dicho que creo en Dios, pero punto. Del resto ya nada. Soy un golfo y voy a ir al infierno de cabeza", dice el escritor con su sorna habitual.

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