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El Barça de Laporta o de cómo los mediocres tiran de nacionalismo para ocultar su incompetencia

@Jesús Cacho - 25/06/2007

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Se acabó el fútbol. Unas semanas de descanso por delante, antes de que la pelota vuelva a rodar despertando esas pasiones que ningún otro deporte -suponiendo que el fútbol profesional lo sea- o actividad social, incluida la política, consigue levantar en la sociedad adormecida. Buen momento para realizar un somero repaso al fenómeno que ha caracterizado esta Liga de la mediocridad ganada por el Real Madrid, dando así satisfacción a las peticiones que no pocos culés, como yo mismo, me han formulado en los últimos días: el increíble récord de un F.C. Barcelona que, disponiendo de la mejor plantilla del país, ha sido incapaz de ganar ningún torneo. Un asunto que va más allá del fútbol, para convertirse en recordatorio de sinvergüenzas dispuestos a ocultar su incompetencia en la bandera del nacionalismo. Un caso, pues, muy español.

Haría falta más espacio del que dispongo para describir cumplidamente a un Joan Laporta cuyo origen y vertiginosa ascensión en la nomenklatura social catalana explica muchas de las cosas ocurridas en el club, la más peligrosa de las cuales es la puesta de la sociedad a disposición de los intereses políticos del nacionalismo catalán. Abogado listo y tremendamente ambicioso, hizo un buen matrimonio casándose con una Echevarria (hija del ex presidente de Nissan Motor-Ibérica, un hombre de la derecha españolista de toda la vida, como el propio Laporta), sin que ello le sirviera para formar parte de la Barcelona de siempre, ya saben, esa elite que comparte Polo, Liceo, Puigcerdá, Llavaneras, Viladrau y por ahí.

De modo que cuando este sujeto llegó al Barça podían pasar dos cosas: que se convirtiera en un gran presidente, cosa no extraordinaria dado el historial de su predecesor en el cargo, o que, por el contrario, presionado y manejado por el entorno político, cometiera los mismo dislates, si no mayores, que Joan Gaspart. Lamentablemente, este parece ser el camino elegido por el primer presidente del Barça que ha sido capaz de enseñar los calzoncillos en público sin que lo exigiera el guión. Tras un ejercicio de éxitos, a rebufo de un equipo -obra, en su mayor parte, de Sandro Rosell- capaz de jugar un fútbol primoroso, el Barça de Joan Laporta ha dado este año la exacta medida de la mediocridad de su presidente.

El Barça es una sociedad que maneja un presupuesto cercano a los 300 millones de euros, con una cuenta de resultados, tanto deportiva como económica, que sus responsables están obligados a cuidar con celo extremo. Sin embargo, el presidente de esta gran empresa, molt més que un club, llamada F.C. Barcelona, ha consentido que sus trabajadores no acudieran al tajo a las 8 de la mañana, todas las mañanas, porque se habían acostado tarde tras cerrar alguna que otra famosa discoteca de la ciudad. Y el señor Laporta lo ha permitido, carente de autoridad moral para imponer orden en una plantilla algunas de cuyas juergas ha compartido, generoso hasta la hipérbole en la utilización de la tarjeta VISA del club en la que carga, cuentan en Barcelona, gastos ciertamente extraordinarios, en la acepción más carnal y descarnada del término.

Yo no sé si el señor Laporta es un golfo, algo que tendrá que demostrar la auditoría del club y que debería preocupar a una masa social con la autoestima propia del ciudadano acostumbrado a caminar de pie y a no ser tratado como un vasallo. Lo que está claro es que es un pésimo gestor que, como cualquier presidente que, víctima de sus propios errores, arruinará la cuenta de resultados deportiva de su empresa, a estas horas tendría que haber presentado ya su dimisión.

Obviamente no dimitirá. Muy al contrario, lo que hará será profundizar la deriva del club por la senda del nacionalismo ramplón en la que esta temporada ha sumido al Barça. La cosa no tiene vuelta de hoja: la apelación al nacionalismo se ha convertido en bandera tras la que muchos pájaros intentan ocultar su devastadora mediocridad. A menos fútbol, más nacionalismo. A menos capacidad de gestión, más nacionalismo. Haría falta un tomo entero para describir la conducta del personaje en este terreno, rematada este año por el increíble episodio de manipulación y adoctrinamiento al que sometió al equipo infantil que jugó en el Algarve (Portugal) la final del Mundialito de benjamines, y al que impidió salir al campo a tiempo de escuchar el himno español. Es lo que tienen los conversos: necesitan emplearse a fondo para demostrar su fe en la nueva doctrina y hacer honor al “ens has d'ajudar, Joan, Catalunya és més que el Barça, i tú pots fer moltes coses”.

El resultado es que un club con presencia y vocación internacional, acorde con su denominación fundacional, con el nombre de su primer presidente (Walter Wild), con su himno (Tant se val d'on venim, si del sud o del nord, ara estem d'acord, ara estem d'acord, una bandera ens agermana), un club, digo, con más de 100 años de historia, más de 150.000 socios, más de 1.800 peñas (300 sólo en Andalucía) repartidas por todo el mundo, con el campo de fútbol más grande de Europa, y con millones de seguidores en España y resto del mundo, corre el riesgo de convertirse en manos de los Laporta de turno en una copia en sepia de ese nacionalismo reductor puesto al servicio de los intereses políticos de una clase ahíta de Poder, y a quien la mayoría del propio pueblo catalán da la espalda.

“Si no rectifica, acabará mal”, me cuenta un amigo catalán bien informado, “porque Barcelona es un pueblo y todo se acaba sabiendo”. Incluso lo de la VISA. Barcelona son 400 familias, un círculo en el que difícilmente conseguirá entrar el señor Laporta, por muy genuflexa que sea su conducta ante una gente que nunca lo miró a la cara, nunca se le puso al teléfono, siempre lo ignoró, y que ahora festeja sus ocurrencias. Para quienes, desde fuera de Cataluña, seguimos amando los colores blaugrana, Laporta es el cáncer que hay que extirpar, de modo que hasta que no abandone el cargo, lo único que podemos hacer es formar algo parecido a un “Club de Barcelonistas en el Exilio", Club que me propongo alentar desde El Confidencial y que no se extinguirá mientras este mediocre no abandone la poltrona y sea sustituido por otro presidente dispuesto a hacer del Barça el maravilloso club que siempre fue, querido y admirado en toda España.

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Opiniones de los lectores (76)

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76. insurgent27/06/2007, 10:23 h.

Sr. Cacho, va de enterado pero se le ve el plumero, escriba sobre el presidente de BBVA, y de los 14 MM. de euros que cobra al año, eso si es una estafa "legal" o como el Irreal Madriz esta ahí por un pelotazo urbanistico.Soy del Barça y no quiero un presidente como el del Madriz, pijo y sobrao, celebrando la liga sin haberla ganado. Al del pintor Picasso , efectivamente era malagueño,pinto un cuadro "El Gernika" en homenaje a un ataque terrorista a una ciudad vasca, se estableció definitivamente en Francia, en Barcelona tiene un museo expresamente dedicado a él desde 1960....cuando Franco no le reconocia.¿Donde esta el cuadro? En Madriz, enteraros todos desde donde se sigue mandando. Visca Catalunya lliure.

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75. usuario registrado españa3325/06/2007, 19:01 h.

Veo que en Madrid se tiene un miedo feroz al nacionalismo,por que como todos sabemos españa sin Cataluña y Pais Vasco ni saldria en el mapa y ellos serian la capital de un pais africano,pero no mezcleis churros con merinas,tambien era un equipo catalan en la epoca de vuestro caudillo y era la punta de lanza de los democratas contra el equipo del generalisimo asi que dejar de decir chorradas,otra cosa mas,si otro gobierno de derechas no le hubiera regalado 500 ,millones al Madrid este abria desaparecido

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74. usuario registrado oleguer25/06/2007, 19:00 h.

73, Dalí lo que era un cachondo. Lo mejor del Empordà. Y no sólo se sentía español sino un que era un franquista como la copa de un pino. Aunque sólo para joder. Así era él. Un artista enorme y un cachondo mental. Lo curioso es que algunos se tomen sus presuntas filias y fobias en serio y como ejemplo de vete a saber qué. El gran Dalí. Genio y figura hasta la sepultura.

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73. indimo25/06/2007, 18:49 h.

al 62, Pablo Ruiz Picasso es Malageño, no Catalan, vivio en BCN un tiempo, pero era Malageño, que quereis quedaros todo los Catalanes y eso no esta bien, hombre. Lara, sin embargo era de Jaen, aunque su hijo nacio en Barcelona. La Seat es Alemana y Nestle Suiza y ambas estan llenas de emigrantes trabajando en sus instalaciones de Cataluña. Dali si que era catalan y curiosamente dejo su legado al Gobierno Español, excluyendo a la Generalitat ya que se sentia Español. Por lo demas todo lo que dices es cierto.

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72. usuario registrado liborio25/06/2007, 18:43 h.

Creo que el bálsamo BB va bien para las escoceduras sr. Cacho, y ayer otro repasito en baloncesto.

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