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EL EROTICÓN

Cuando algo falla... ¡gatillazo!

gatillazo

@Carlos de la Cruz* - 19/06/2007

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Todo preparado, una cena especial, velas, música romántica, sin prisas, sin ruidos, pero algo falla: gatillazo. El pene no alcanza la erección y hay que improvisar otro final. Nada de fuegos artificiales, nada de música celestial. Nada de nada.

En las relaciones eróticas soñadas todo transcurre con facilidad. Todas las piezas encajan. De hecho quien sueña tiene el poder de modificar a su propio gusto, tanto en la duración, como la intensidad del placer. También al gusto puede alterar las posturas, los gestos de tu pareja y hasta las respuestas de tu propio cuerpo: la erección, la intensidad y el momento del orgasmo, el cansancio, las turgencias... Hay control sobre todo y todo hace disfrutar.

La realidad, sin embargo, es más compleja. No hay control, a lo sumo hay intenciones, voluntad, deseos o expectativas. Lo que significa que las 'cosas' no siempre salen como uno o una espera. Y lo que es peor, a veces lo que sucede es justo lo contrario. Deseábamos una erección y el pene queda flácido. Queríamos un coito duradero y sucede que la eyaculación se precipita en el primer momento.

Mal asunto si los deseos se convierten en fantasmas. La expectativa de éxito en posibilidad de fracaso. La intención de que todo salga bien desaparece, y lo que asoma es la obligación de que así suceda. Hasta ese momento, las relaciones eróticas eran para disfrutarlas, puede que a partir de ahora se conviertan en un examen, una prueba que superar. Lejos ya de la idea de sensaciones placenteras, satisfacción personal, coherencia, estar a gusto contigo mismo y con la pareja que, hasta ahora, acompañaban a las relaciones eróticas. El término 'problema' hace su aparición.

Algunas claves

Los profesionales de la sexología sabemos que hay algunas claves para no caer en 'el problema'. Aunque de los fallos o de que no siempre salga según lo previsto no está libre nadie. Y de aquí surge la primera clave: que 'el fallo' aparezca una vez, no debe interpretarse como que a partir de ahora siempre sucederá.

Las etiquetas casi siempre son falsas. El eyaculador precoz no existe, tampoco el impotente. Para los profesionales de la sexología lo que existen son hombres con dificultades en sus relaciones eróticas. Hombres que son muchas más cosas que 'su dificultad' y en los que su erótica y sus posibilidades son algo mucho más grandes.

De los deseos

No hay que confundir desear algo con desear que te apetezca algo. Suena parecido, pero es radicalmente distinto. Distintas raíces, distintos resultados. Los deseos son tales cuando brotan de la persona, cuando el hombre los cultiva, los deja crecer y avanza tras ellos.

Sin embargo, no son deseos eróticos el querer ser como alguien, el querer hacer lo que uno o una cree que a los demás les hace disfrutar, querer ser como el resto, parecer 'osado'... Muchas cosas que se camuflan como deseos propios y que, en realidad, nos resultan bastante ajenas. Está claro que para que el cuerpo reaccione hace falta deseo. No basta con la voluntad.

Los fantasmas

El miedo al embarazo, el temor a ser descubiertos o a que te oigan, el pretender que no se te noten los nervios, el querer parecer experto, poner el listón de las expectativas demasiado alto, estar demasiado pendiente de la nota final... Estas y otras posibilidades son las que se esconden debajo de la sábana del 'fantasma paralizador'. Todo va aparentemente bien hasta que aparece.

Algunos fantasmas se espantan 'dando palmadas', reconociendo el pudor, permitiéndose los nervios o asumiendo tu inexperiencia. Otros requieren de algún método (por ejemplo anticonceptivo) o de un espacio íntimo (cambiar el portal por la habitación). En cualquier caso todos pueden espantarse. Lo importante es no asustarse. No caer en la chiquillada de creer que los fantasmas no existen.

El esfuerzo no basta

En el hombre mucha estimulación podría conducir a una eyaculación precipitada. Sin embargo, su ausencia podría hacer que se perdiera la erección, o parte de su turgencia. Ni mucho, ni poco. La complicación es que ni mucho, ni poco no significan siempre lo mismo, ni es igual para todas las personas.

¿Sería posible que un hombre fuera capaz de decir: “espera, cambia o para” sin que crea que su masculinidad se vea afectada? Es completamente posible. Lo único que hace falta es estar seguro de que las relaciones eróticas no son un examen. Tan sólo se trata de disfrutar y de hacer disfrutar.

Por lo tanto, comunicar deseos y proponer modos es completamente necesario. Y, por supuesto, en ambas direcciones.

*Carlos de la Cruz es psicólogo y sexólogo.

Asociación www.lasexologia.com

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