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CON LUPA

El triunfo de Sarkozy o un mensaje de esperanza para quienes abominan de la izquierda hipócrita

Sarkozy izquierda

@Jesús Cacho - 07/05/2007

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Hay países que en determinadas circunstancias históricas deciden jugarse su futuro a la ruleta rusa y terminan pegándose un tiro en la sien del porvenir colectivo con la elección de gobernantes inadecuados, malamente preparados en lo intelectual y lo técnico, y mucho peor avituallados de esos resortes morales imprescindibles en todo líder político que se precie, ayunos incluso de algo tan poco común como el sentido común. Es el caso de España, que en marzo de 2004 se puso en manos de José Luis Rodríguez Zapatero, un hombre al que, al margen de cualquier matiz ideológico, le faltaban varios hervores para ocupar un puesto de tanta responsabilidad como la presidencia del Gobierno de España, haciendo bueno una vez más aquello que dijera el gran Pío Baroja: “Los españoles hemos tenido desgracia con nuestros políticos”.

Ayer, una mayoría de franceses dejaron en el desván de los objetos perdidos la pistola suicida, optando por elegir como presidente de la República a Nicolás Sarkozy, obligando a la zapatera gala a dedicar al menos otros cinco años a prepararse adecuadamente para el cargo. El ganador ha doblegado un frente bautizado TSS (Tout sauf Sarko, Todo salvo Sarkozy), muy parecido al “Todos contra el PP”, o “Todo salvo el PP” que nuestro peculiar Zapatero remendón ha introducido en la vida española desde que llegó al poder como programa casi único de Gobierno.

La victoria de Sarko está llena de lecturas, casi todas buenas, para España y para los millones de españoles que, respetuosos con la hermosa diversidad de esta gran nación de siglos, desean una España unida capaz de mirarse todas las mañanas al espejo sin avergonzarse, capaz de integrar a todos en un proyecto colectivo, capaz de convertirse en el mejor baluarte de la prosperidad y la libertad individuales. A través de un discurso duro, directo y sin complejos, Sarko ha reivindicado la vocación de una Francia que “no es de derechas ni de izquierdas, porque para mí solo hay un pueblo, el pueblo de Francia”.

El candidato de la UMP ha reivindicado el regreso de la política al frontispicio de la vida francesa, afirmando que “la necesidad de política tiene como corolario la necesidad de nación. La nación también había sido condenada” en Francia, como lo ha sido en España desde que el PSOE volvió al Poder en 2004, abjurando de una política nacional para entregarse en manos del nacionalismo disgregador. Frente al fortalecimiento de ese concepto integrador que reivindica el líder galo, asistimos en España a la liquidación de la nación, una idea que aquí se bate en retirada, desaparecida del discurso político y del debate intelectual, prohibida casi en los medios de comunicación, como pasada de moda, avergonzada, obligada a refugiarse en las catacumbas, porque, como escribiera Umbral en una de sus columnas, “en la actual subversión de valores, un patriota español es un fascista y un fanático de su pueblo es un progre”.

Nuestro carismático Zapatero nos dice que no pasa nada, y que preocuparse por la nación, reclamar la existencia de un Estado capaz de satisfacer las demandas mínimas de cualquier ciudadano en Reus o en Rota, es cosa de nostálgicos del pasado, incluso de fachas. Sarko, por el contrario, reivindica la nación como seña de identidad colectiva frente a un mundo globalizado, “pero la nación no es sólo la identidad”, afirma, “es también la capacidad de estar juntos para protegerse y para actuar. Es el sentimiento de que, juntos, somos más fuertes y podremos hacer frente a lo que, solos, no podríamos afrontar”.

Junto a la exaltación de la idea de nación, la necesidad de hacer que la moral retorne a la política, algo más necesario que nunca en la cloaca de inmoralidad por la que hoy discurre la política española. Es absolutamente inmoral utilizar la Justicia con fines partidarios, haciendo que la Pantoja duerma una noche en los calabozos de Málaga, el mismo día, y casi a la misma hora, en que el presidente, fuera de programa, visita la comisaría afectada, y afirmar al día siguiente, tan fresco, que él, es decir, Zapatero, no sabía nada, y continuar la operación de despiste colectivo con la aparición del juez Torres, en la primera de El País, claro está, afirmando que no conoce a ZP. Cierto, el juez no lo conoce, pero sí conoce, y muy bien, al fiscal López Caballero, amigo personal de Conde-Pumpido, y sin cuya opinión no da un paso.

Cuando estas operaciones –que se parecen como gotas de agua a la detención en su día de Lola Flores y de Mariano Rubio, ex gobernador del Banco de España- se montan con tanto descaro, es que la política y la moral navegan en España con rumbos enfrentados. Inmoral y torticero ha sido el procedimiento seguido por el Gobierno, vía Abogado del Estado y Fiscal General, para evitar la ilegalización de todas las candidaturas de ANV, en contra del más elemental sentido común, algo que sólo puede explicarse por la existencia de algún tipo de acuerdo, formal o implícito, entre el Gobierno y la izquierda abertzale, que obliga al Ejecutivo a facilitar su acceso a las instituciones, de acuerdo con las exigencias de la banda ETA.

De modo que ahí tenemos algo que se ha convertido en leit motiv de esta legislatura: la puesta de los intereses de partido, incluso los personales de Zapatero, por encima de los supremos intereses de la nación. Es el ‘relativismo moral de la izquierda’, francesa y española, que con tanto vigor ha fustigado Sarkozy a lo largo de esta campaña. Es el “haced lo que yo digo, pero no hagáis lo que yo hago” tan propio de nuestra progresía. Es la izquierda dispuesta a devaluar la enseñanza hasta la náusea, tan proclive al aprobado general, tan presta a permitir pasar de curso en el Bachillerato con la mitad de las asignaturas suspendidas, tan reacia a cualquier cultura del esfuerzo, del sacrificio y del trabajo bien hecho. Es la izquierda siempre dispuesta a comprender, disculpar, tomar partido por los alborotadores callejeros –acabamos de verlo en Madrid con los incidentes del barrio de Malasaña- frente a la labor de la policía que intenta mantener el orden.

Es esta ‘izquierda hipócrita’ a la que ha fustigado Sarko con pasión la que, en opinión del líder galo, ha contribuido, con el cuestionamiento de todas las referencias éticas y de todos los valores morales, “a debilitar la moral del capitalismo”, preparando el terreno para “el capitalismo sin escrúpulos y sin ética, para el triunfo del depredador sobre el emprendedor, del especulador sobre el trabajador”.

Es la cultura del “haced lo que yo digo, no hagáis lo que yo hago” de la izquierda española la que ha preparado el terreno en España para la fastuosa eclosión del capitalismo del ladrillo en los últimos tres años, para el atroz intervensionismo de un Ejecutivo convertido en una especie de clan, banda o club de amiguetes dispuesto, desde esa Oficina Económica del Gobierno que anida en La Moncloa, o desde ese Intermoney que le abastece de expertos, a intervenir en provecho propio en toda clase de operaciones económico-financieras, con la ayuda gustosa del peor capitalismo patrio, esos Botines siempre dispuestos a sacar tajada de la corrupción moral -también de la otra- de nuestra clase política.

Enhorabuena a Nicolas Sarkozy y a los franceses, que han sabido huir de los riesgos que representaba la Royal, una bomba de relojería, como nuestro Zapatero prodigioso, andante que, de momento, no llegará a explotarles haciendo añicos su futuro. Y ¿qué decir del programa político de Sarko? Ahí mejor callar. Las elecciones galas han puesto de manifiesto una vez más una realidad ya vieja: en lo económico no hay en Europa derecha e izquierda: sólo hay socialdemocracia a palo seco. Ni rastro de liberalismo. Y así va Europa, claro está. Salud y suerte para Sarko y una recomendación para nuestra triste, plúmbea derecha: lean y aprendan de un discurso del que Rajoy y sus gentes podrían extraer muchas provechosas lecciones.

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Opiniones de los lectores (164)

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164. novato de 3 mesesLunes, 07/05/2007, 19:49 h.

Pues ICQ (ese es su nombre) es algo parecido a Messenger. O sea para mantener una conversación en tiempo real. Muy útil

163. jsantacruzLunes, 07/05/2007, 19:45 h.

Por circunstancias personales he tenido muchos lazos con Francia y pienso que Sarkozy tampoco es nada del otro jueves, pero a diferencia de Royal tiene un programa y las ideas más claras. En cualquier caso estoy de acuerdo con ud. Sr. Cacho en que me da envidia ver que nuestros vecinos del norte, de izquierdas y de derechas, se sienten franceses, cantan la marsellesa y sacan su bandera tricolor sin que por ello sean tachados de fachas. Gracias a los franceses hace muchos años que aprendí a amar España y me da mucha pena lo que sucede en nuestro país.
Por otro lado los políticos franceses debaten sobre temas serios que preocupan a los ciudadanos y tienen un sistema electoral que prima los intereses de Francia y no hace depender el Gobierno entero de partidillos nacionalistas que lo único que quieren es acabar con una gran nación. España tiene mucho que aprender.

162. Eusebio Martínez MuñozLunes, 07/05/2007, 19:42 h.

Para NOVATO DE 3 MESES (161). Ud. puede meterse donde crea oportuno. Aquí lo único que deseamos es que haya buena convivencia y algo de amistad entre los foreros. Si su pregunta es de curiosidad le diré que no conozco el anagrama que Ud. menciona y que no recuerdo haberlo visto. Si lo transcribe completo, con todas las letras que van detrás de cada una de las consonantes, a lo mejor llego a adivinarlo

161. novato de 3 mesesLunes, 07/05/2007, 19:24 h.

D. EUSEBIO, se que es meterme donde no me llaman pero...¿conoce Ud. ICQ o similares?

160. alfioLunes, 07/05/2007, 19:19 h.

Por finnnnn.

Hasta mañanaaaaaaa.

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