Àngels Barceló: "Es más fácil trabajar contra gobiernos de derechas y más difícil hacerlo con progresistas"
3,4 millones de oyentes, 42 años de profesión y una convicción: el periodismo no es un negocio de audiencias, es un contrato con la verdad. En esta entrevista, la periodista comparte qué es lo que queda cuando se apaga el ruido
Levantarte todos los días a las cuatro de la madrugada para tomar un taxi que te lleve desde tu casa a la Gran Vía de Madrid no debe ser fácil. Lo hace cada día, desde hace ya bastantes años, Àngels Barceló (Barcelona, 1963), nueva protagonista de la serie de entrevistas a periodistas influyentes que El Confidencial está publicando en el marco de su 25 aniversario. Sostiene en esta entrevista —siempre ha huido de convertirse en protagonista y por eso son contadas sus charlas con periodistas— que no lo hace ni por el dinero ni por el ego. Ni siquiera por el éxito. Al fin y al cabo, esto último ya lo ha conseguido con su trabajo. Cada mañana, según el Estudio General de Medios (EGM), escuchan el Hoy por Hoy en algún momento del día más de 3,4 millones de oyentes.
No tiene intención de retirarse, pero deja una cosa clara. Es probable que debido a una convicción íntima. Sigue creyendo que ser periodista es lo más parecido a un sacerdocio. En su caso, por la pasión por el directo y por la necesidad que tiene de contar las cosas que pasan, ya sea desde la televisión o desde la radio, los medios en los que ha trabajado desde hace más de 42 años. “Me gusta hacer hasta la lotería de Navidad”, responde cuando se le pregunta de dónde saca tanta energía. Ante tanta pasión, no es de extrañar que de lo único de lo que se arrepienta sea del sacrificio personal que ha supuesto el largo periplo.
La entrevista se celebra en un lugar mágico. Concretamente, en El Palomar, una de las bibliotecas con más solera —todas lo son— del Ateneo de Madrid. Su voz tenue, abrigada por el silencio de libros decimonónicos e iluminada por la luz cenital que de forma vaporosa dejan pasar las viejas ventanas del templo del saber, suena algo distinta a la de la radio. Más pausada, menos atropellada. Probablemente, porque imponen —y mucho— los altísimos anaqueles, capaces de crear una atmósfera inolvidable. Desde luego, poco propicia para las ínfulas. “No soy consciente de que sea una persona influyente; empiezo a serlo cuando me encuentro con los oyentes o cuando un comentario mío, que piensas que no va a tener trascendencia, la tiene en algún político, pero cuando me siento en la silla del programa no me siento influyente”.
Lo que nos pasa
Barceló ha encontrado su fórmula para el éxito, lo que le permite sobrevivir en un mundo cambiante, como es el de los medios de comunicación: “No quiero decirle a la gente lo que tiene que pensar. La gente tiene que tener la suficiente información para ser ellos quienes opinen por sí mismos”, asegura convencida. Hay una cosa que sí echa de menos y que, en su opinión, es una de las causas de la polarización política, algo que le preocupa mucho: “Nunca tenemos tiempo para tener un debate profundo sobre lo que nos pasa. Ya no hay debates ideológicos. Ya no hay ni tiempo ni espacio para los argumentos. No hay matices. Se habla de políticos y de partidos, no se habla de política. Se habla de que hay que echar a Pedro Sánchez o de que hay que evitar que la derecha y la ultraderecha lleguen al Gobierno”, asegura con cierto hastío. Los políticos tienen mucha responsabilidad, sugiere: “Muchos han crecido en tertulias televisivas y les cuesta mucho distinguir cuándo están en un plató, en una entrevista o en el parlamento”.
¿Las causas? El mercado de la información va tan deprisa que arrastra todo lo que encuentra a su paso, y es en este contexto en el que los políticos no colaboran para cerrar un clima adecuado para el diálogo. No es de extrañar, por eso, que Barceló recuerde con cierta nostalgia otros tiempos. “Yo tengo muchos años”, dice, “y siempre podré decir que viví una época en la que podíamos ejercer nuestra profesión. Sin embargo, la precariedad es ahora uno de nuestros principales males”. Volverá a esta cuestión.
Àngels Barceló: ''No quiero decirle a la gente lo que tiene que pensar''. (A. L.)
No es irrelevante este comentario. La precarización está, de hecho, en el núcleo de sus preocupaciones. Básicamente, por una razón. La capacidad de los periodistas para controlar el poder se resiente, y con ello la calidad de la democracia. En su larga experiencia ha llegado a una conclusión: “Es más fácil trabajar contra los gobiernos de derechas y más difícil trabajar con gobiernos progresistas”. Lo explica: “Los gobiernos progresistas, como conocen mi talante, a veces exigen una adhesión inquebrantable, y por eso es más difícil fiscalizar al Gobierno que está en la misma línea editorial”. Lo que aborrece es que los periodistas “nos convirtamos en voceros de partidos de derecha o izquierda”.
Lo más fácil sería ser asexuada ideológicamente, pero para la directora del Hoy por Hoy eso sería lo mismo que traicionar su forma de entender la profesión. “Yo no entiendo el periodismo sin el compromiso político, pero no el compromiso partidista. Es el compromiso de las preguntas difíciles, de la fiscalización del poder, de las denuncias de las injusticias, de la búsqueda de la verdad… Ese es el compromiso del periodismo, y claro que se trata de un compromiso político. Levantar las alfombras forma parte del compromiso”, remacha su comentario mientras mira con cierta complicidad una de las cámaras con las que ha trabajado durante tantos años, ya sea en TV3 o Telecinco.
Me falta una asignatura
Tal vez por eso no le gustan las redes sociales. “Cuando empezaron, todos dijimos que cualquiera podía ser periodista, pero no, eso es falso”. En coherencia con ese razonamiento, abandonó hace años las redes sociales y hoy solo sigue en Instagram “a cocineros y gente que da recetas”. Lo suyo es el periodismo, carrera que no acabó. Ella misma lo saca a colación sin necesidad de hacer la pregunta: “Me falta una asignatura”, reconoce sin ningún pudor. Está convencida de que el periodismo es un oficio que se hace estudiando y ejerciendo, pero, sobre todo, “respetando un código que ha volado por los aires”.
Àngels Barceló posa para El Confidencial en el Ateneo de Madrid. (A. L.)
La guerra de las audiencias tiene mucho que ver con este fenómeno y Barceló lo tiene claro. “Yo dejé la televisión, cuando me iba muy bien, por la presión de las audiencias. Pensé que me estaba convirtiendo en quien yo no quería ser”. En la radio, aclara: “Medimos las audiencias cada tres meses, pero no cada minuto”, se responde a sí misma. Su experiencia le ha llevado a un convencimiento: “Un buen periodista tiene que mirarse en el espejo cuando se lava los dientes por la noche o cuando se desmaquilla y preguntarse: ¿Soy yo?, ¿me reconozco?”.
Vuelve, en este sentido, a la precariedad como uno de los males que aquejan esta profesión (no es desde luego la única). “El periodismo cuesta dinero. Sin embargo, los periodistas hemos sido tan pudorosos que hemos hablado de otras crisis, pero no de la nuestra, cuando nuestro trabajo es fundamental en cualquier democracia”. Afina su reflexión: “Las redacciones están cada vez más esquilmadas. Están formadas por gente muy joven con bajos salarios, sin experiencia, que no han podido aprender de sus mayores porque han sido expulsados porque costaban mucho dinero”, asegura con amargura. Su conclusión no puede ser más dolorosa: “Imagino mal el periodismo del futuro por la precariedad. Yo veo a gente muy joven haciendo periodismo y siempre me pregunto: '¿Cuál es su futuro? ¿Qué van a hacer?'”.
Levantarte todos los días a las cuatro de la madrugada para tomar un taxi que te lleve desde tu casa a la Gran Vía de Madrid no debe ser fácil. Lo hace cada día, desde hace ya bastantes años, Àngels Barceló (Barcelona, 1963), nueva protagonista de la serie de entrevistas a periodistas influyentes que El Confidencial está publicando en el marco de su 25 aniversario. Sostiene en esta entrevista —siempre ha huido de convertirse en protagonista y por eso son contadas sus charlas con periodistas— que no lo hace ni por el dinero ni por el ego. Ni siquiera por el éxito. Al fin y al cabo, esto último ya lo ha conseguido con su trabajo. Cada mañana, según el Estudio General de Medios (EGM), escuchan el Hoy por Hoy en algún momento del día más de 3,4 millones de oyentes.