Anatomía de un bulo: este es el camino que recorren las 'fake news' hasta llegar a tu móvil
Las noticias falsas no se producen por casualidad, sino que responden a una industria perfectamente montada y estructurada. Así funciona
Desde hace algunos años, las fake news están, por desgracia, en su fase de mayor esplendor. Quien más, quien menos, todos nos hemos enfrentado a ellas. Sobre todo, cuando hemos visto a un familiar, a un amigo o a un compañero de trabajo creerse una noticia que, a nuestros ojos, es evidentemente falsa. También, aunque no seamos tan conscientes, hemos caído en ellas. Porque siempre tendemos a pensar que ‘las fake news son otros’, pero lo cierto es que ninguno estamos libres de ellas. Otra cosa es que nuestro sesgo nos haga creer que son ciertas.
En El Confidencial, que este año cumple 25 años informando con independencia, llevamos un cuarto de siglo midiendo el pulso a esta industria de la mentira. No como observadores, sino como diana: cada exclusiva incómoda trae consigo su dosis de presiones, desmentidos interesados y campañas de descrédito. Por eso conocemos bien el mecanismo. Y por eso lo contamos.
Se ha escrito mucho sobre la incidencia de los bulos, pero no tanto sobre su elaboración. ¿Cómo se crea una noticia falsa? ¿Cuáles son sus partes? ¿Y sus objetivos? ¿Cómo se difunden hacia una audiencia masiva? Lo hemos analizado: estas son las fases que recorren las fake news: desde que se forjan en la mente de alguien hasta que acaban en nuestro móvil.
Fase 1: Generación
El primer paso de una noticia falsa es evidente: su generación. Sin embargo, tenemos que dar un pasito atrás para hacer algunas preguntas adicionales. ¿Quiénes crean los bulos? Y, sobre todo, ¿para qué lo hacen?
La primera pregunta es medianamente sencilla de acotar: la mayoría de bulos proceden de grupos de presión política, lobbies, instituciones públicas y privadas… y hasta gobiernos. De hecho, según el informe The Global Disinformation Order, elaborado por la Universidad de Oxford, los propios estados son los mayores difusores de bulos. Y señala a algunos sospechosos habituales, como Rusia, Corea del Norte, China o Irán. En cualquier caso, cada vez son más los gobiernos que recurren a las fake news.
La segunda pregunta, la relativa a la motivación, no es tan sencilla de responder, ya que puede deberse a varias causas:
1.- Instalar una mentira. El objetivo más evidente: que la mentira se instale en la cabeza de los ciudadanos. ¿Para qué? Para derrocar a un Gobierno, acabar con un ministro o una empresa, conseguir un rédito político… Tras producirse el Brexit, por ejemplo, tanto Boris Johnson como Nigel Farage admitieron que las promesas que lanzaron de reducir la inmigración o de conseguir 350 millones de libras semanales extra eran, sencillamente, falsas.
Pero podemos encontrar un ejemplo mucho más claro y cercano: a finales de 2025, en España se extendió el rumor de que las famosas balizas v16 servirían para geolocalizar y –sobre todo– controlar a los conductores, algo que desmintió categóricamente a la Asociación Española de Protección de Datos (AEPD). El desmentido, por supuesto, no ha frenado a quienes acusan a la DGT (y por consiguiente, al Gobierno) de espiar a los españoles.
2.- Crear confusión. A veces ni siquiera hace falta colocar una versión falsa y concreta sobre un hecho; basta con colocar muchas. El objetivo con esto no es instalar un bulo específico, sino generar confusión entre la población ante las múltiples versiones. Gracias a esa confusión, se consigue que los ciudadanos acaben dudando, de manera sistemática, de cualquier versión o de la institución que la lanza. Hace años, por ejemplo, se demostró que Rusia, poco después de derribar el avión de Malasia Airlines, lanzó más de 50 versiones distintas en redes sociales. El objetivo, como decimos, era instalar la confusión suficiente para que nadie diese credibilidad a ninguna. Ni siquiera a la verdadera.
En España también tenemos casos similares. No han sido pocas las ocasiones en las que activistas o grupos de toda orientación política han hablado de un presunto pucherazo electoral. En el epicentro de las críticas, el Gobierno, Indra y Correos. Da igual que se haya dicho, hasta la extenuación, que Indra no recuenta los votos y que Correos no puede alterar el voto por correo: el objetivo de quienes lanzan este bulo es que los votantes desconfíen de nuestro sistema electoral.
3.- Ayudar de buena fe… pero equivocándose. En (pocas) ocasiones, los bulos parten en realidad de la buena voluntad de personas que, sin embargo, se están equivocando. En 2018, en San Vicente Boquerón, un pequeño pueblo del estado mexicano de Puebla, un mensaje empezó a correr por Whatsapp: "Todos alerta, porque una plaga de secuestradores de niños entró en el país (...) Estos criminales están involucrados en el tráfico de órganos. En los últimos días, desaparecieron niños de 4, 8 y 14 años".
En realidad, los dos aludidos eran hombres que simplemente habían sido detenidos por beber en la calle. Sin embargo, ya no había quien parase a la turba, que acabó asaltando la comisaría, llevándose a estos dos hombres y, finalmente, los mató prendiéndoles fuego.
Fase 2: Lanzamiento
Cualquiera podría pensar que lanzar un bulo es tan sencillo como elaborarlo y darle al botón de ‘Publicar’, sin importar el día, la hora ni el lugar desde el que se crea. En ocasiones es así, pero, a medida que la generación de fake news se sofistica, nada queda al azar. Tampoco el espacio físico en el que nacen.
Un ejemplo de ello lo tenemos en Veles, un pequeñísimo municipio de poco más de 40.000 habitantes en el norte de Macedonia. En 2016, un grupo de estudiantes universitarios crearon más de 100 diarios online con dos objetivos principales: el primero, influir en las elecciones de Estados Unidos. El segundo, hacerlo con noticias total y absolutamente falsas. No es que fueran especialmente seguidores de Donald Trump; simplemente, descubrieron que las noticias que le favorecían eran especialmente ‘clicables’. Merced a eso, no solo ganaron una cantidad ingente de dinero, sino que también auparon a Trump en su primera victoria electoral, ante Hillary Clinton.
El lanzamiento de una noticia falsa puede estar condicionado por el factor temporal en dos direcciones. Si la ‘noticia’ está vinculada a la actualidad, el momento de sacarla es esencial y debe calcularse muy bien su recorrido, que puede extenderse durante varios días o semanas. Por ejemplo: si se pretende influir en unas elecciones, el bulo no se lanzará el día antes de las votaciones, sino con más antelación, para que su periodo de difusión se prolongue. No es casualidad, de hecho, que los jóvenes macedonios titularan así una de sus publicaciones: ‘Apenas unos días antes de las elecciones, Hillary Clinton admite la derrota. ESTO LO CAMBIA TODO’. No solo es un titular atractivo, sino que además, previendo que circulará durante cierto tiempo, no marca una fecha concreta (‘unos días antes de las elecciones’).
En otros casos, la noticia falsa no tiene por qué estar necesariamente vinculada a la actualidad más inmediata, sino a un hecho más atemporal o, al menos, no tan acotado en el tiempo. A día de hoy, por ejemplo, siguen siendo recurrentes los bulos sobre los efectos adversos de la vacuna del covid (o de cualquier otra enfermedad), sobre los remedios milagrosos contra el cáncer, sobre diversos atentados terroristas o sobre las fórmulas de inversión que te harán rico en pocos días. Estos bulos resultan especialmente rentables para sus promotores, ya que, al ser atemporales, pueden ‘reciclarse’ y lanzarse varias veces con el paso de los años.
Fase 3: Segmentación y amplificación
Una vez lanzado el bulo, llega el momento clave: que se expanda al máximo. Para ello, cualquier podría pensar que la fórmula es sencilla: dirigirlo a todo tipo de audiencias. Pero en la difusión de fake news, nada es tan obvio como parece.
En estas lógicas, podríamos aplicar una frase de contexto bélico: divide y vencerás. Para amplificar un bulo, la diversificación es esencial. Y esa diversificación se ejecuta eligiendo muy bien a qué audiencia va a ir dirigido: edad, raza, sexo, ideología política…
La segmentación va a conseguir dos cosas. En primer lugar, que el mensaje llegue exactamente a quien tiene que llegar: el usuario que mejor lo va a encajar en su esquema mental, aquel que no va a dudar, ni por un momento, del bulo en cuestión, ya que seguramente refuerce su pensamiento previo. Y en segundo lugar, que los usuarios ‘no ideales’ no reciban ese bulo, de modo que no puedan rebatirlo en su fase inicial de expansión. El escándalo de Cambridge Analytica demostró la validez de este punto: mientras una mitad de los votantes de Estados Unidos recibía noticias falsas que alentaban su odio y dirigían su voto, la otra mitad ni se enteró.
En esta estrategia, internet es el hábitat perfecto. Según un estudio de la EAE Business School, el ecosistema digital es el mayor caladero de fake news. Y por delante de las redes sociales se sitúan las claras vencedoras de esta guerra: las apps de mensajería instantánea, principalmente Whatsapp y Telegram, En este punto, el bulo ya ha llegado a tu móvil.
Fase 4: Confrontación
Conseguir que el bulo llegue solo a quien tiene que llegar (es decir, a quien se lo va a creer) es una estrategia exitosa, pero es evidente que, en algún momento, todo saltará por los aires. Y ese momento llegará cuando las fake news salgan de su entorno ‘seguro’ y lleguen a todo el mundo. Es decir, cuando las personas que no se van a creer estas noticias se topen con ellas.
Llegados a ese punto, se producirá el caos: usuarios discutiendo entre ellos, cuentas de redes sociales confrontando, discusiones entre personas de ideología contraria, insultos, acoso… El bulo se ha ido de madre y ahora ha entrado en un terreno pantanoso y enfangado. Un terreno que, en realidad, es ideal.
Porque podríamos pensar que la difusión masiva de una noticia falsa hará que esta se desmienta, pero nada de eso. Habrá desmentidos, por supuesto, pero serán en vano y apenas tendrán éxito: cada cual ya ha elegido su bando y las posiciones están fijas, así que difícilmente nadie se moverá de su silla.
De hecho, los desmentidos no harán más que reforzar el bulo. ¿Por qué? Seguro que te ha pasado. Estás en X o en Facebook, te encuentras una noticia que sabes que es falsa y, sea cual sea tu intención (desmentir el bulo, confrontar con alguien…), comentas la publicación original, la citas o la enlazas para dar tu visión. Nadie duda de tus buenas intenciones, pero acabas de picar en el anzuelo: al interactuar con la publicación, estarás aumentando su engagement, con lo que se difundirá todavía más. Y, al igual que lo has hecho tú, lo hará otra mucha gente. ¿Conoces esa famosa frase de la cultura de internet que dice ‘Don’t feed the troll’? Pues seguramente esa sea la mejor estrategia.
Como hemos ido viendo, las fake news no son hechos aislados, accidentales ni improvisados, sino toda una industria que, además, está perfectamente articulada y sigue un procedimiento que asegure su éxito. Eso no quiere decir que no se puedan combatir, por supuesto, pero conviene que sigamos una de las máximas de toda batalla: no infravalorar al enemigo.
Desde hace algunos años, las fake news están, por desgracia, en su fase de mayor esplendor. Quien más, quien menos, todos nos hemos enfrentado a ellas. Sobre todo, cuando hemos visto a un familiar, a un amigo o a un compañero de trabajo creerse una noticia que, a nuestros ojos, es evidentemente falsa. También, aunque no seamos tan conscientes, hemos caído en ellas. Porque siempre tendemos a pensar que ‘las fake news son otros’, pero lo cierto es que ninguno estamos libres de ellas. Otra cosa es que nuestro sesgo nos haga creer que son ciertas.