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Pedro J. Ramírez: "El Confidencial es el periódico al que más queremos parecernos todos los días"
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25 aniversario de El Confidencial

Pedro J. Ramírez: "El Confidencial es el periódico al que más queremos parecernos todos los días"

El director de El Español prevé que "para el periodismo, cualquier tiempo futuro será mejor" y denuncia la "corrupción sistemática" de Pedro Sánchez en la distribución de la publicidad institucional

El periodismo es la crónica de una muerte anunciada más antigua de la historia. Ya en 1952, en la película 'El cuarto poder' de Richard Brooks con Humphrey Bogart como flamante protagonista, se atisban las flaquezas de un oficio acostumbrado a caminar en la cuerda floja. "Los lectores quieren historietas, crucigramas, concursos, quieren saber cómo cocinar un pastel, hacer amigos, horóscopos, apuestas en las carreras, interpretación de los sueños, cómo ganar la lotería y, si por algún casual, tropiezan con la primera página, noticias", se lamentaba el personaje de Bogart ante el ocaso del New York Day.

Sin embargo, el periodismo ha sobrevivido desde entonces a la irrupción de la televisión, a la eclosión de internet y se resiste a desaparecer pese a la erupción de la inteligencia artificial, que tantos retos plantea. El Confidencial cumple 25 años de existencia en un entorno digital que a menudo se antoja hostil, pero en el que se ha consolidado como faro de influencia e información en tiempos cada vez más complejos. Tras un cuarto de siglo, conviene echar la vista atrás y también desplazarla hacia adelante, y El Confidencial lo hace de la mano de algunos de los periodistas más influyentes de nuestro país.

Cualquiera podría pensar que Pedro J. Ramírez, director de periódicos desde los 28 años y a punto de alcanzar su objetivo de cumplir 50 al frente de una redacción, echa de menos aquellos tiempos de bonanza en los que en los periódicos se bebía, se fumaba y se jugaba uno la vida por ir en primera página. No hay, sin embargo, un atisbo de nostalgia en el director de El Español, que, al contrario de lo que dictaba Jorge Manrique, "cualquier tiempo futuro será mejor". También para la profesión de periodista.

De no dedicarse al periodismo, dice que sería "un número en las listas del fracaso escolar". "No hubiera servido para ninguna otra cosa. Hice mis pinitos en el teatro, pero era bastante malo", se sincera en entrevista con El Confidencial. Como director de Diario 16, de El Mundo y, ahora, de El Español, ha conocido la gloria de las viejas cabeceras de papel y ahora reivindica la inestimable labor social de los periódicos nativos digitales.

"El Confidencial, cuando se fundó hace 25 años, siguió la estela de Diario 16 y de El Mundo. Hace 10 años, cuando se fundó El Español, fue a la inversa; siguió la estela de lo que ya habían sido 15 años de buen periodismo nativo de El Confidencial. Sois el periódico al que más queremos parecernos todos los días. Habéis hecho muy buen periodismo de investigación, valga la redundancia, habéis creado opinión y os habéis convertido en un foco de influencia. Si a eso le sumas mi relación personal con José Antonio Sánchez, editor y presidente de EC, me siento padre e hijo de este periódico", apunta.

Cabe preguntarse si, con la explosión de influencers, la amenaza de la desinformación o la inteligencia artificial, el periodismo puede seguir considerándose el "cuarto poder". Para Ramírez, "siempre hemos sido un contrapoder, un elemento de equilibrio y de contrapeso basado en la influencia sobre la sociedad. Creo que ahora ese contrapoder y esa influencia están más repartidos entre distintos actores. Pero, coralmente, la prensa sigue teniendo la misma o más influencia que nunca. La sociedad ha evolucionado, es más sofisticada, mejor formada, más exigente, con más ansia de saber, de conocer todo aquello que los poderes públicos tratan de mantener oculto".

placeholder Pedro J. Ramírez: 'El Confidencial, cuando se fundó hace 25 años, siguió la estela de Diario 16 y de El Mundo. Hace 10 años, cuando se fundó El Español, fue a la inversa; siguió la estela de El Confidencial.' (S. B.)
Pedro J. Ramírez: 'El Confidencial, cuando se fundó hace 25 años, siguió la estela de Diario 16 y de El Mundo. Hace 10 años, cuando se fundó El Español, fue a la inversa; siguió la estela de El Confidencial.' (S. B.)

Aunque parezca que hoy las exclusivas no tumban gobiernos, este director sabe que combatir al poder siempre ha sido igual de áspero. "Desde que en el verano de 1987 Melchor Miralles y Ricardo Arqués encontraron el zulo de los GAL hasta que cayó el Gobierno de Felipe González, pasaron prácticamente 10 años. Para que la verdad se abra camino frente al encubrimiento del poder, hay que ser muy tenaces y aportarle a la sociedad muchos elementos de juicio. El Gobierno, que tiene el control del Boletín Oficial del Estado, de la televisión pública, del Instituto Nacional de Estadística, del CIS… Tiene unas ventajas tremendas", explica.

Que derrocar a un Gobierno nunca ha sido fácil lo demuestra la teoría futbolística del España-Malta de Pedro J: "Trece veces el señor que estaba en la Moncloa ha tratado de mantenerse en ella a través de un proceso electoral, y doce veces en medio siglo lo ha conseguido. Solamente en el año 1996 Aznar consiguió echar como jefe de la oposición al que estaba en el Gobierno. Ese fue el gran triunfo de la información sobre el encubrimiento. Eso es lo que permitió a Aznar ganar unas elecciones a un Felipe que le ganaba en carisma y tenía todos los resortes del poder. Todas las demás veces en las que ha habido cambio ha sido porque el que estaba en la Moncloa no se presentaba. De esas trece veces, once veces el que estaba en la Moncloa ganó, y hubo una vez, en el 2023, en que no ganó pero consiguió quedarse, Pedro Sánchez".

Ramírez es optimista sobre el futuro de la profesión y ha vivido en primera persona su capacidad de adaptación. "Tenemos que ser capaces de reconvertirnos y hay que dejar de tocar la guitarra clásica y tocar una guitarra eléctrica o sintetizadores con la inteligencia artificial. Yo creo que la esencia del periodismo sigue siendo la misma, pero el modelo de empresa periodística cambió dramáticamente a finales del siglo pasado y principios de este". El director de El Español intuye que el modelo de periódicos en abierto está abocado a un declive tan acelerado como el de la prensa impresa de comienzos de siglo. "No se puede luchar contra los elementos. El marco de juego lo pone la tecnología. O somos capaces de proporcionar más valor añadido o no tendrá utilidad nuestro trabajo. El periodismo de carril ha muerto", añade.

Desde que los medios de comunicación nos batimos el cobre por los lectores digitales, todos los periodistas tenemos dos jefes: nuestro superior directo en el periódico y Google. Todos bailamos al ritmo del algoritmo de Google, que, como en los tiempos de Julio César, decide con su dedo pulgar si una noticia se lee o no. "Ha marcado hasta ahora nuestras vidas. Aun así, el saldo para los medios nativos es positivo. Google ha sido un acelerador del desarrollo tecnológico y de nuevos formatos; nos ha permitido competir en mayor igualdad de condiciones con los medios legacy de lo que hubiéramos podido permitirnos por nuestra cuenta", considera.

placeholder Foto: S. B.
Foto: S. B.

No obstante, reconoce que "a su vez nos impone unas hipotecas indiscutibles. Hay tal desproporción entre su poder y peso y el de cada uno de nosotros que se generan unas reglas que muchas veces son injustas porque no sabemos con qué criterios nos están midiendo. El cambio del algoritmo parece un juego infantil del gato y el ratón, a lo Tom y Jerry. Cada mes tenemos que perseguir al ratón de una manera diferente. En la era de la inteligencia artificial también van a cambiar las relaciones entre Google y los medios. Es muy lamentable que entre los editores no exista mayor unidad y mayor cohesión para afrontar este reto".

Pedro J. Ramírez apela a la misma unidad frente al Gobierno, y resalta que "lo que el Ejecutivo hace con la publicidad institucional es un robo a mano armada y una corrupción sistemática". De hecho, el periodista espera que "algún día tengan que responder ante la ley las personas responsables, civil e incluso penalmente, porque están arrebatando a los ciudadanos algo que les pertenece. La publicidad institucional no es del Gobierno, ni es de los medios, es de los lectores. Es el derecho a la información de utilidad pública de los ciudadanos".

Argumenta que el uso que hace Sánchez de la publicidad institucional "es un acto de corrupción sistematizada que se practica desde el Palacio de la Moncloa. Se utiliza la publicidad institucional para premiar a los afines y castigar a los que provocamos molestia o enfado en el señor presidente del Gobierno. Y el enfado se puede producir por un titular sobre un miembro de su familia o por un chiste. El señor de la Moncloa considera intolerable que haya un dibujante que lo ridiculice. Así de patética es la realidad de las relaciones del Gobierno de Sánchez con los medios".

Para Ramírez, la historia se repite como en esa elipsis descrita por Friedrich Nietzsche. Resume en tres los momentos históricos de grandes pulsos entre el periodismo y el Ejecutivo de turno; Felipe González con los GAL, Filesa, Ibercorp, etc.; Mariano Rajoy y la trama Gürtel; y Pedro Sánchez y los casos que afectan a Begoña Gómez, a su hermano y a sus hombres de confianza. Los grandes casos de corrupción terminan "haciendo un Gobierno ineficiente, porque dedica más esfuerzo a intentar tapar sus vergüenzas que a intentar gestionar adecuadamente los servicios públicos". La reacción de los gobiernos afectados por la corrupción contra la prensa que los destapaba siempre ha sido furibunda, aunque destaca que la diferencia entre los viejos tiempos y los actuales es cómo se ha multiplicado el ecosistema mediático. Antes, los receptores de las críticas eran unos pocos y, ahora, son unos cuantos.

placeholder Pedro J. Ramírez posa para El Confidencial. (S. B.)
Pedro J. Ramírez posa para El Confidencial. (S. B.)

"Seguro que José Antonio Sánchez recuerda cuando Eduardo Sotillos, portavoz de Felipe González, llamó a Diario 16 'basura amarilla fruto de la descomposición intestinal' en una radio nacional. Ellos creen que somos más débiles que nunca, pero somos más fuertes porque los principales medios nativos hemos desarrollado medios viables para cumplir nuestra misión democrática", explica. Ramírez saca a colación la analogía de Encarna Samitier, exdirectora de 20 Minutos: "¿Qué le interesa a quien tiene un bar? Que la calle de los bares esté lo más concurrida posible. Hoy, la calle de los medios está llena. Ahora mismo, el problema no es que Sánchez mantenga un conflicto con un bar, es que va contra la calle de los bares y la calle de los bares está contra él. Si por él fuera, aplicaría la Ley Seca".

El director de El Español ha conocido a todos los presidentes de la democracia. Con algunos se llevaba muy bien antes de que fueran presidentes, como José María Aznar o Felipe González. Desde que salió de Moncloa, mantuvo muy buena relación con Adolfo Suárez, al que admira "más cada día". "A medida que pasa el tiempo tengo mayor conciencia de la dificultad y del mérito de la obra que emprendió. Me gustaría seguir contribuyendo a que esa España de la concordia y los pactos pudiera prevalecer frente a lo que Pedro Sánchez tiene entre manos", sostiene.

Se identifica con los jugadores de baloncesto que juegan en la posición de base, porque lo suyo es "repartir juego, como Juan Antonio Corbalán o Carmelo Cabrera". En poco más de cuatro años dejará el despacho de director de periódicos para siempre, aunque periodista será "toda la vida". "La redacción es el lugar en el que me encuentro más en mi hábitat". Para Pedro Jota, no hay vida después de la muerte, hay exclusivas después de la muerte y más allá. Porque la vida se conjuga en presente y siempre con la mirada puesta en la portada del día siguiente. Ahí radica el alfa y el omega de este sacerdocio que es el periodismo, un oficio pegado a las agujas del reloj y en el que la vida sigue mientras uno pueda poner su rúbrica a un artículo.

El periodismo es la crónica de una muerte anunciada más antigua de la historia. Ya en 1952, en la película 'El cuarto poder' de Richard Brooks con Humphrey Bogart como flamante protagonista, se atisban las flaquezas de un oficio acostumbrado a caminar en la cuerda floja. "Los lectores quieren historietas, crucigramas, concursos, quieren saber cómo cocinar un pastel, hacer amigos, horóscopos, apuestas en las carreras, interpretación de los sueños, cómo ganar la lotería y, si por algún casual, tropiezan con la primera página, noticias", se lamentaba el personaje de Bogart ante el ocaso del New York Day.

Pedro J. Ramírez El Confidencial Medios de comunicación 25A
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