"El éxito y la influencia de El Confidencial se basan en su independencia editorial y financiera"
El presidente de El Confidencial repasa la trayectoria del periódico, reitera su propósito de informar a la sociedad para que sea más libre, denuncia los abusos de los poderes y reafirma su compromiso personal con el proyecto editorial
José Antonio Sánchez tiene por rigurosa costumbre evitar la exposición mediática y social para centrarse en sus funciones y mantener la distancia necesaria para proteger la independencia del periódico. Pero sale a la palestra cuando tiene que defender El Confidencial, el proyecto, hoy realidad, que él y "un grupo de amigos" fundaron en febrero de 2001, hace 25 años. Su única entrevista se publicó el 24 de octubre de 2024 en Dircomfidencial para advertir que este diario “está sufriendo de manera obscena un ataque inmerecido y erróneo” como consecuencia de informaciones relevantes que afectaban al entorno del presidente del Gobierno.
Con motivo del vigésimo quinto aniversario de El Confidencial, el decano de la prensa digital en España, Sánchez rompe su silencio público, como la excepción que confirma la regla, para reiterar el compromiso del periódico con su propósito fundacional y advertir, de nuevo, sobre los riesgos que corren los medios como contrapoder y para reivindicar las libertades de expresión y prensa en el Estado de Derecho y lo hace en un año en que El Confidencial desarrollará un programa de actos para celebrar el aniversario e impulsar su desarrollo y fortalecimiento.
PREGUNTA. La aventura de El Confidencial comenzó en febrero de 2001, hace 25 años. ¿Qué razones te llevaron a iniciarla en un tiempo en el que las probabilidades de fracaso eran obvias?
RESPUESTA. Esa iniciativa tuvo dos claves. La primera es que yo era y soy periodista; estuve en la creación de Diario 16, del que llegué a ser jefe de economía en 1986, con solo 25 años, después de una experiencia de aprendizaje en la Universidad de Columbia, en Missouri. La segunda clave es que en un momento posterior renuncié a mi vocación periodística para dedicarme a la comunicación corporativa. Pero de nuevo la suerte del destino terminó llevándome a Telefónica a dirigir la comunicación y dos años más tarde participé en la creación de Terra como director general.
P. Una combinación de circunstancias que te dio la experiencia analógica y la digital.
R. Sí, porque la suma de ambas experiencias me situó en la aparición del mundo digital, pero regresando a mi vocación periodística. Con mi salida de Telefónica me lo pusieron en bandeja: volví al mundo de la información, a mi vocación, a una actividad que nunca debí abandonar.
P. Y te lanzaste a fundar la sociedad editora de El Confidencial.
R. Titania Compañía Editorial, efectivamente. La constituí con un grupo de amigos, en febrero de 2001. Con solo 360.000 euros de capital inicial. Y pocos meses después, en mayo, ya estaba en marcha El Confidencial.
P. ¿Cuáles eran los criterios fundacionales del diario a los que sueles apelar con frecuencia?
R. El propósito era, es y debe ser en el futuro, este: contribuir a hacer una sociedad libre y mejor informada. Se trata de vincular la información, la buena información, con la libertad. Ese propósito en este medio ha sido permanente, pero ahora todavía más, con las nuevas tecnologías y, en particular, con la inteligencia artificial. Con El Confidencial lo que pretendí y sigo haciéndolo es conectar con las élites, con los llamados lectores influyentes. En aquel tiempo, hace 25 años, releo mis notas y compruebo que calculaba que había quince o veinte mil centros de poder a los que inexorablemente este periódico tenía que dirigirse con una información de la máxima calidad. De ahí viene la cabecera de El Confidencial. Con ese genérico, que hoy es nuestra marca consolidada, se denominaban los medios analógicos selectos con información muy cualificada por aquel entonces.
P. Lo que entendemos que es ‘información con valor añadido’.
R. Sí, claro, información exclusiva, nada de crónicas de teletipo, ni de dimes y diretes. Apostamos por la calidad y por la aportación de profesionales con talento y con capacidad de análisis para ofrecer e interpretar el contexto. Luego ampliamos el registro. El diario se va formando como las capas de cebolla y así pasamos a ofrecer también información política y de sociedad. Pero ese crecimiento siempre ha ido acompañado de la solvencia financiera de la sociedad editora para disponer de independencia y cumplir así con el objetivo fundacional. Por supuesto, no faltaron los conflictos, las dificultades, entre otras razones porque no teníamos ningún ‘rico’ que respaldara nuestra iniciativa. Éramos, suelo repetirlo, un grupo de amigos. Pero en definitiva, el éxito y la influencia de El Confidencial se basan en su independencia editorial y financiera.
P. Esa solvencia para la independencia, ¿se ha ido cumpliendo en estos 25 años?
R. Salvo el primer año, el proceso de crecimiento se ha acompañado con resultados positivos, lo que nos ha permitido ir dosificando y ampliando el espacio y la extensión de nuestra información. Nacimos con dos columnistas y cuatro noticias. Si viésemos ahora aquellos primeros números, resultaría increíble. En 2007, por ejemplo, creamos el vertical Vanitatis, que es una de las grandes webs del género con la revista ¡Hola! La estrategia fue ir de menos a más y así llegamos a la fortaleza de nuestra oferta en el análisis y la opinión, que son fundamentales para la élite a la que nos dirigimos: nuestros suscriptores y lectores.
P. Este periódico, sin embargo, ha dejado al margen un género tradicional como el de los editoriales, que se publican solo en momentos muy especiales.
R. Creemos que lo que nos caracteriza es la aportación de informaciones relevantes que a menudo los distintos poderes tratan de ocultar, pero que son de interés público, que nos afectan a todos como ciudadanos libres en nuestro Estado de derecho, acompañadas de la opinión cualificada de profesionales muy solventes. Da igual donde yo o nuestros profesionales se sitúen ideológicamente (y nunca he ocultado en este sentido mi procedencia). Lo esencial es la publicación de noticias con análisis y de criterios solventes y plurales. Y estas opiniones caben, deben hacerlo, en el marco de la Constitución, dentro de sus amplios límites.
P. Eso lleva a otra cuestión: ¿cómo concilias el hecho de ser el accionista mayoritario, el editor y el presidente ejecutivo?
R. Mira, José Antonio, soy periodista desde casi niño, con 15 años. Con esa edad entré en un periódico como el chaval de los recados. Esta es mi vocación. El Confidencial cumple 25 años y yo 50 en la profesión, cotizando a la Seguridad Social. Pero he tenido que renunciar al ejercicio del periodismo -y es la mayor renuncia que he hecho- para ser lo que soy desde hace 25 años. Ha sido un sacrificio y, por eso como presidente ejecutivo, defiendo los aspectos empresariales y financieros y, como editor, defiendo a los profesionales de la información y esa doble misión la procuro trasladar hacia dentro de la organización y a los ciudadanos, a los políticos, a los empresarios. Te resumo: como gestor tengo que asegurar la sostenibilidad de un proyecto que cuenta ya con más de 200 personas en la plantilla y medio centenar de colaboradores; y como editor tengo que salvaguardar la independencia del periódico.
P. Lo que te exige una relación equilibrada con el director, por concretar el ejercicio de tus dos funciones.
R. Efectivamente, pero todo el poder editorial bascula sobre el director, Nacho Cardero, que lleva en esa responsabilidad 15 años. Tenemos un nivel de entendimiento óptimo; naturalmente, se dan algunas discrepancias, pero cada cual se mueve en su espacio. Él defiende los intereses informativos y de los periodistas (yo también), pero garantizar la cuenta de resultados es también mi función. Ahora bien: como editor tengo que asegurar igualmente el propósito del periódico para que se cumpla frente a cualquier tipo de presión. Creo que este modelo de funcionamiento está siendo eficaz y también ejemplar.
P. ¿Cuándo se produce el verdadero despegue del periódico en audiencia, influencia y capacidad informativa?
R. Sin duda, a partir del año 2005. Es un año clave. Entonces no se firmaban las informaciones. Ese año todo cambia; se acabaron los anonimatos y los seudónimos. También es en ese año cuando empiezo a percibir que existe un espacio más amplio del que pensé inicialmente y por eso ya en 2006 llegamos a los 100.000 usuarios únicos, lo que nos pareció casi inaudito. Entonces tuvimos la seguridad de que El Confidencial había llegado para quedarse. Empezamos a conocer a nuestros lectores influyentes, se hizo hasta una tesis doctoral por el profesor Matías Jove Díaz sobre ese colectivo y nuestra incidencia en ese espacio de élites. El perfil de nuestra audiencia respalda nuestro planteamiento informativo y nuestro propósito.
P. Pero ¿qué hay de los malos momentos?
R. La crisis económica entre 2010 y 2011 fue muy dura, coincidió, además, con una crisis entre los socios, cosa que suele ser inevitable. Es el año del nombramiento del nuevo director, Nacho Cardero, y ahí comienza una nueva etapa en la que buscamos y localizamos talento. Yo entiendo que el miedo en los momentos difíciles se combate con la acción, de modo que cuando los demás recortan aprovecho la oportunidad. Luego, otro momento difícil fue el del COVID, que resultó un gran desafío que, por fortuna, superamos también. Entre otras razones porque tuvimos previsión: fuimos capitalizando la Compañía, lo que luego nos ha servido para enfrentar otras coyunturas complicadas.
P. Y el salto a la suscripción.
R. Sí. Esa decisión la maduramos durante el tiempo de la pandemia. Nos asesoramos con compañías americanas que habían desarrollado con éxito modelos de pago; hicimos la operación con precaución, con mucha preparación. Además, habíamos experimentado con EC Previum, que es el que anticipa a las 22 horas contenidos económicos, financieros y empresariales de la edición del día siguiente con los análisis y opiniones más importantes. Y así logramos que los ‘dircoms’ y los altos directivos tengan un contenido adelantado. Experimentamos con éxito el muro de pago. La suscripción es la que nos ha salvado, posiblemente de un proceso imparable de estrangulamiento financiero desde el gobierno de Pedro Sánchez. Estamos cerca de los 75.000 suscriptores que contribuyen a defender nuestra independencia. Estamos satisfechos y ese apoyo de los suscriptores en momentos de acoso y derribo contra esta casa, que sí, que se están produciendo con la retirada de la publicidad institucional por orden de la Moncloa y el veto a nuestros eventos y viajes oficiales, es esencial. Y no solo por el apoyo económico sin el cual no podríamos continuar, sino por el enorme valor que tiene el respaldo de nuestra comunidad para seguir cumpliendo con nuestro deber sin miedo a nada ni nadie.
P. Los riesgos son enormes para los medios, como el de la inteligencia artificial.
R. La IA es como una ‘bomba atómica’ que pone en cuestión muchas variables de nuestro oficio y de la sostenibilidad del sector: la audiencia, el tráfico, la dependencia de plataformas… Todo esto lo agrava la IA, pero para mí no deja de ser una herramienta que debemos utilizar para ser más eficientes, pero siendo muy conscientes de que el algoritmo no va a sustituir al factor humano, a su inteligencia, al periodismo de enterarse de asuntos que la IA no conoce, aunque luego los incorpore. Así que no hay que tener miedo a esa tecnología. La pasión y el compromiso de nuestros periodistas nunca podrá reemplazarla. Seremos, cada día, más necesarios para combatir el bulo y la mentira.
P. Te caracterizas por ser un ‘cimarrón’, pero has ido creando una relación con todos los actores del sector, incluidos los gestores de medios tradicionales. Hasta el punto de que El Confidencial está incorporado a la AMI (Asociación de Medios de Información).
R. Bueno, es que yo soy de Usera, pero he tenido la suerte, el privilegio, la fortuna de tener una relación extraordinaria con todos nuestros competidores con los que frecuento la conversación. Creo en esa buena relación más allá de diferencias ideológicas, de las circunstancias de cada medio, porque soy un convencido de la convivencia democrática, y más aún en un sector como el nuestro, que no es solamente para nosotros sino para entregarlo a las generaciones próximas, para nuestros hijos. Me siento satisfecho de poder sentarme con cualquier colega para hablar de cualquier asunto. Aunque, como suelo decir, somos perros sin collar, esa relación con todos ha propiciado la incorporación de El Confidencial a la AMI, lo que implica operar en el ámbito de los ‘legacy’.
P. Pero las relaciones con el poder político y económico son más difíciles.
R. Mira, por este despacho han pasado todas las personalidades políticas. Y cuando digo todas, son todas. Incluido el actual presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. He descubierto así las claves de la ‘patología del poder’ no solo en la política, también en el mundo empresarial, muy sensible a las noticias que afectan al interés económico de sus compañías. Todos cuentan con mi máximo respeto, pero el interés general exige publicar noticias relevantes, los ciudadanos tienen derecho a conocerlas. Nuestra función es esa: ser contrapoder. Ciertamente en el ámbito político hay una mayor inestabilidad, otros intereses, pero no por eso se debe dejar de hablar porque, lo repito, lo que se habla cura. Insisto: tiendo la mano a todas horas porque es mi responsabilidad, la misma que me exige publicar informaciones cuyos límites son las leyes, tres de ellas orgánicas, importantes. Esta actitud tiene un coste: cada año no tenemos menos de una veintena de demandas. La cuestión es cuando en lugar de defenderse o discutir los términos de una información, para lo que siempre hay espacio, se plantea la amenaza. Conmigo la amenaza no sirve. Llevo 50 años resistiendo embestidas, pero también recibiendo colaboraciones porque no puedo olvidar las ayudas que hemos recibido y recibimos de entidades públicas y privadas que entienden y aceptan la crítica en una sociedad democrática.
P. Aquí llegamos a la situación actual con el poder político, con el Gobierno.
R. Con el presidente del Gobierno no hemos podido tener interlocución a raíz de unas informaciones sobre su mujer que requerían una respuesta de Pedro Sánchez, una explicación. El Confidencial publicó informaciones que, por su trascendencia, los ciudadanos tenían derecho a conocer. Si la respuesta es el castigo, retirando la publicidad institucional que nos corresponde (ocurrió el año 2024 y el pasado), negándonos información, excluyéndonos de acreditaciones, desatendiendo nuestras invitaciones, entonces no hay una discrepancia, lo que hay es una agresión. Una agresión no solo a El Confidencial sino a lo que representan los medios y a nuestros miles de suscriptores y millones de lectores. Pero, como dijo Felipe González, ‘si te afliges, te aflojas’ y no me gusta afligirme, me gusta ser fiel a los principios y valores en los que se fundamenta este nuestro proyecto. Nuestros periodistas se dejan la vida con pasión y responsabilidad tratando de descubrir lo que el poder trata de ocultar y yo, como viejo periodista que tuve el privilegio de pasar por una universidad de EEUU y sentarme en el despacho del mítico director del Washington Post, Ben Bradlee, no voy a rendirme nunca jamás. Ahora que ya soy mayor, he terminado de creer en que este era mi destino. Por eso el sufrimiento ha merecido la pena.
P. Ya has dicho públicamente que tú sigues al frente de El Confidencial. ¿Te ratificas?
R. Tenía 40 años cuando lancé este periódico y ahora tengo 65 y llevo 50 años trabajando en el mundo del periodismo. Mi vocación de permanencia es hasta el final de mis días, pero siempre prevalecerán sobre mí los intereses de mi gente, de mi familia, que es la que hace día a día este proyecto. Porque tengo un compromiso de lealtad con ellos. Si mi propia aportación, si mi propio desgaste intelectual o físico, típico de la edad, pudiera afectar en algún momento a la estabilidad de El Confidencial tal y como lo he creado y concebido, entonces tendría que buscar fórmulas que permitieran a este proyecto seguir siendo lo que es. Mi sueño, mi ilusión es que este periódico siga siendo, conmigo y con todos los que lo hacéis, y con los que nos puedan sustituir, fiel a su propósito. Y por encima de todo, estará siempre en mi consideración las más de 200 personas que cada día dan lo mejor en este gran periódico. Para mí El Confidencial es una gran obra de arte y mi sueño hecho realidad. Pero como buen estoico, esto que te digo es mi intención, mi voluntad. Luego hay que estar a las realidades. Pero aquí estamos y aquí seguimos.
P. Vienen curvas, ¿cómo afrontas el futuro?
R. Estoy convencido de que lo mejor está por llegar. Buscaremos la excelencia, adaptaremos nuestra propuesta a nuevas demandas, más audiovisuales, mejor emplatado, más comunidad. Y, sobre todo, más investigación, más periodismo, más opinión y análisis que ayude a descifrar las claves de este mundo complejo en el que nos ha tocado vivir. El Confidencial seguirá, como en estos 25 años, marcando la agenda informativa, influyendo en la sociedad española, combatiendo la desinformación y, por tanto, cumpliendo con nuestro propósito de contribuir a crear una sociedad más libre y mejor informada.
José Antonio Sánchez tiene por rigurosa costumbre evitar la exposición mediática y social para centrarse en sus funciones y mantener la distancia necesaria para proteger la independencia del periódico. Pero sale a la palestra cuando tiene que defender El Confidencial, el proyecto, hoy realidad, que él y "un grupo de amigos" fundaron en febrero de 2001, hace 25 años. Su única entrevista se publicó el 24 de octubre de 2024 en Dircomfidencial para advertir que este diario “está sufriendo de manera obscena un ataque inmerecido y erróneo” como consecuencia de informaciones relevantes que afectaban al entorno del presidente del Gobierno.