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No hay trabajador para tanto pedido

Repartidores en la nieve: ¿es ético pedir a Glovo o Deliveroo durante una tormenta?

Madrid amaneció despejada ayer martes, después de domingo y lunes nevando sin parar. La demanda de pedidos a Deliveroo se duplicó durante ambos días, según fuentes de la empresa: incluso la noche del domingo la 'app' colapsó y cerró temporalmente en algunas zonas de la ciudad. El mal tiempo es el agosto de la de comida a domicilio: a más gente metida en el hogar con menos ganas de bajar a la calle, más repartos calentitos que entregar. ¿Qué opinan los trabajadores a los que les toca llevarlos? "Hay mucha más gente en casa", reconoce Carlos (nombre ficticio), un repartidor de Deliveroo, "así que nos favorece mucho que haga mal tiempo".

Carlos explica su postura no en el parque en el que suelen hacer base los repartidores, sino dentro de un Burger King: hace tres grados fuera y entre pedido y pedido se resguardan ahí. El sistema de Deliveroo premia el mal tiempo y paga a sus repartidores un 50% más si "se conectan" estos días —esto es, 6,37 euros por entrega en lugar de los 4,25 euros habituales—. Como la demanda se dispara y todo el mundo pide, las horas muertas esperando a que entre un pedido se reducen: si la queja más común entre los repartidores de esta empresa (por la que fueron a la huelga el verano pasado) es que trabajan gratis cuando están 'conectados' pero no hay pedidos, en días de nevada es al revés.

"Quien quiere trabajar, trabaja. Hay muchos repartidores que no quieren, así que hay más pedidos para los que sí", continúa Carlos. "El que está trabajando es porque quiere, a nadie le obligan. Si nevara todas las semanas, sería ventajoso para mí".

Deliveroo se rige por la ley del más fuerte: si aguantas la ventisca y te metes con la bici en el temporal, cobras más. "Por un lado, tienes más faena", apunta Ramón, que ya lleva casi un año con la empresa. "Pero por otro, es muy incómodo y tiene sus peligros". Como los repartidores son autónomos, los gastos si tienen un accidente corren por su cuenta. La empresa evita cualquier relación laboral con ellos en pos de la flexibilidad.

Foto: Reuters.

El incentivo es diferente en Glovo, la otra niña bonita del sector y que además es una empresa española (no como Deliveroo, que es inglesa). Su sistema —también basado en autónomos— es pernicioso: se fundamenta en la 'excelencia', y si no repartes cuando hay picos de demanda (cuando nieva) no eres 'excelente', así que pierdes puntos y la posibilidad de mejorar tus condiciones.

La compañía ofrece un bonus del 30% por mal tiempo, pero no suele cumplir pagándolo, según varios repartidores consultados. "Ponen un bono que sale cuando recibes el pedido. Pero cuando lo cierras, lo han quitado", explica Alicia*, una repartidora de la empresa. "Hay que estar pendiente y sacar capturas para reclamarlo por correo".

"La última vez que llovió me resbalé y me caí. Ayer, al ver que nevaba, no quería trabajar", continúa. "Pero Glovo te manda un correo diciendo que eres libre de elegir tus horas y que si has escogido esas ya no te las puedes quitar".

El sistema de Glovo es pernicioso: se fundamenta en la 'excelencia'; si no repartes cuando hay picos de demanda (cuando nieva), no eres 'excelente'

Los cuadrantes de Glovo abren los lunes y los jueves, y en función de tu puntuación como repartidor puedes escoger mejores o peores horas de reparto. Esta semana, varios repartidores vieron el clima y trataron de evitarlo, pero el sistema se lo impidió 'libremente'. "La gente pide más a domicilio y hay más trabajo, pero algunos no queremos trabajar con el mal tiempo. Varios compañeros sufren de asma y este clima les perjudica, pero si apagan y no reparten, saben que amanecerán con una puntuación bajísima. Si se supone que eres autónomo, eres libre de elegir cuándo quieres trabajar".

Nueva economía, más precariedad

Como en cualquier bien o servicio, que el consumo sea responsable también depende de que el consumidor se informe de lo que hay detrás. En el caso del reparto, "siempre ha sido una profesión muy dura", explican desde Comisiones Obreras, "pero cada vez pierde más derechos: el mensajero puro y duro ya no existe y se ha convertido en este tipo de cosas".

El sindicato lleva tiempo intentando que a todo el que entrega paquetes se le aplique el convenio de logística, con un salario mínimo superior al de mensajería. Pero las 'apps' de reparto de 'última milla' se han encargado de que la relación con sus repartidores no sea laboral, así que están aún más desprotegidos: ni salario mínimo si no hay pedidos, ni cobertura por accidentes si llueve o nieva y se caen.

"Es un mundo al que hemos llegado tarde", reconocen en CCOO. "Se nos acerca gente de Deliveroo a preguntar, pero no son asalariados y no los representamos. Se está intentando reconocer la relación laboral, pero tal y como está la regulación, es lento. Para empezar a regularse como trabajadores, tendrían que llevar seis meses contratados y no suelen estar tanto tiempo. Las empresas lo aprovechan y los sindicatos vamos muy por detrás", concluye. "Los empresarios del sector de la mensajería siempre dicen: yo pagaré más cuando tenga más trabajo. Estas empresas deben de tener un volumen de pedidos bárbaro, pero el margen es tan pequeño que se buscan las vueltas para pagar menos al repartidor".

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