Praia do Norte, en la localidad lusa de Nazaré, se ha convertido en un templo del surf debido a sus enormes olas. (Efe)

30 metros de agua y espuma. Esa fue la ola que en 2011 cabalgó Garret McNamara. Una hazaña que consolidó a este rincón del mundo como uno de los enclaves naturales más idóneos para practicar surf. 

Su posición geográfica, a orillas del Atlántico, y los temporales que suelen azotar la zona son pura gasolina para que se generen estas enormes olas. (Reuters)

Con una extensión de más de 200 kilómetros de largo y una profundidad de casi 5.000 metros, el cañón de Nazaré es el mayor desfiladero submarino de Europa.(Efe)

 

El cañón de Nazaré tiene forma de embudo. Pasa de cien kilómetros en su parte oceanica a cien metros en su salida a la costa. Algo que produce un efecto amplificador en las olas. (EFE)

La estructura geográfica de esta región genera un chorro a presión submarino que da lugar a esas inmensas olas. (Efe)

En la zona de Nazaré apenas viven 259 personas. Algo que contrasta con la cantidad de personas que se congregan allí para ser testigos de este espectáculo de la naturaleza. (Efe)

 

Surferos y tormentas: estas son las olas más grandes del mundo

Praia do Norte es algo así como la meca del surf en estas partes del mundo. La localidad lusa de Nazaré, un pequeñísimo pueblo de apenas 259 habitantes, es le punto de peregrinación de miles de personas cada año que acuden a presenciar este espectáculo natural. 30 metros de agua y espuma. Esa fue la ola que en 2011 cabalgó Garret McNamara. Una hazaña que consolidó a este rincón del mundo como uno de los enclaves naturales más idóneos para practicar surf. 

Con una extensión de más de 200 kilómetros de largo y una profundidad de casi 5.000 metros, el cañón de Nazaré es el mayor desfiladero submarino de Europa. Tiene forma de embudo. Pasa de cien kilómetros en su parte oceánica a cien metros en su salida a la costa. Algo que produce un efecto amplificador en las olas. 

Esta estructura crea una interferencia constructiva entre las olas entrantes. Un efecto amplificador. Recoge la energía virgen del swell y la ajusta al tamaño mermante del cañon. El resultado: un chorro submarino que se convierte en las mayores olas del mundo. 

 

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