6'

un exsacerdote lucha por recuperarlas

Dos pilas bautismales de la Edad Media, (pen)último expolio de los Franco en Galicia

Han pasado casi 60 años, pero Celso Alcaina lo recuerda con todo detalle. Él era entonces un joven estudiante en Roma que pasaba el mes de agosto de 1960 en su pueblo natal, el pequeño lugar de Moraime (Muxía, A Coruña), cuando supo por boca del párroco lo que había sucedido esa misma mañana, un asunto que aún le persigue tantas décadas después. Ocurrió que un camión enviado por Carmen Polo, que disfrutaba de sus vacaciones en el pazo de Meirás, se había llevado dos pilas medievales de gran tamaño que adornaban la casa rectoral, pertenecientes a la iglesia de San Xulián. “El cura, asustado, me contó que las metieron en el camión y se las llevaron, sin más”, precisa. No las han vuelto a ver, pero durante todo este tiempo Alcaina tampoco ha dejado de luchar por su devolución.

El pazo de Meirás y dos esculturas del maestro Mateo que lucían en la Catedral de Santiago, que los Franco se niegan a devolver, no son los únicos casos de expolio que implican a la familia del dictador. Pero mientras estos se ventilan en público, solo ahora ha optado Alcaina —hombre de amplia formación, sacerdote, abogado y con cinco licenciaturas, exmiembro de la Consagración para la Doctrina de la Fe— por difundir los hechos. Lo hace después de años de denuncias ante el Arzobispado de Santiago, la Xunta y la Delegación del Gobierno, entre otras instancias, algunas incluso en vida del dictador. Cuenta incluso con un acta que recoge la exposición de lo sucedido que aquel cura, de nombre José Barrientos, y el propio Alcaina realizaron ante un notario en 1980.

Celso Alcaina.

Y lo que había sucedido es que, la víspera, y no se sabe muy bien cómo, tal vez en plena ruta cultural, la mujer de Franco llegó con su chófer hasta aquella apartada iglesia de San Xulián, templo medieval del siglo XII que antiguamente se integraba en un monasterio. Y con el ojo que la caracterizaba, reparó en las dos grandes pilas que el cura, ajeno a su valor, había arrumbado en el patio de su vivienda, entre gallinas que correteaban. La torpeza del párroco le debió de parecer la ocasión perfecta. “Carmen Polo le preguntó por las piezas, y al comprobar que no era consciente de su importancia, le replicó: ‘Pues me las llevo yo para Meirás”. Así lo narra Alcaina, a quien no se le han borrado los detalles de la conversación.

Es cierto que la mujer del dictador le avisó inicialmente de que era preciso que Barrientos avisara al Arzobispado, cosa que hizo esa misma tarde, pero antes de que llegara la respuesta de Santiago apareció aquel camión en cuyo interior desaparecieron las dos pilones medievales. “No sé si estarán en Meirás, es muy posible que sigan todavía allí, porque eso es lo que expresó doña Carmen, pero yo no he entrado jamás allí”, relata el testigo directo del testimonio del cura.

La aparición de aquellos señores que cargaron con las pesadas piezas y se las llevaron sembró el pánico en el cura de Moraime, que comenzó a ser consciente de la importancia del suceso. Sobre todo cuando recibió la llamada del Arzobispado, y el vicario de la archidiócesis, Benito Espiño, le pidió que se presentara en Santiago. Y lo que Espiño le dijo es que bajo ningún concepto se podría haber concedido permiso para llevarse los dos pilones. Pero que, dada la identidad de la persona que los había usurpado, era conveniente no presentar reclamación alguna. “Se encogieron de hombros”, resume Alcaina.

Buscando recuperarlas desde 1980

Esa conversación con el vicario general del Arzobispado figura en el acta que levantó un notario de Vimianzo en septiembre de 1980. Fue después de que el cura y abogado permaneciese muchos años en Roma, y que, “con la democracia”, y ya de regreso en España, se le ocurriese que quizás era el momento de revolver el asunto. Al primero que se lo planteó fue a Domingo García Sabell, que años más tarde sería delegado del Gobierno en Galicia, pero con el que coincidió en su calidad de presidente de la Real Academia Galega. Fue él quien le advirtió de la importancia de dejar testimonio escrito, y así fue como Barrientos y Alcaide se presentaron ante notario.

Fue necesario vencer la resistencia del por entonces todavía cura de Moraime, que ya contaba entonces con 88 años. “Pero me tenía en gran estima, yo había estado en El Vaticano, vivía en Madrid y fui quien le alertó de la importancia de los hechos”, explica Alcaina. Así que accedió, y en ese acta está todo: la inesperada visita de Carmen Polo, la aparición del camión al día siguiente, la decisión del Arzobispado de dejarlo correr… También dio testimonio el notario de los libros de inventario de bienes de la parroquia, de 1920, en los que aparecen descritos los dos pilones que en esos años reposaban en el interior de la iglesia, hasta que en 1945 se decidió desplazarlos a la casa rectoral y sustituirlos por otros “más modernos”. Se trata de dos piezas de un metro de diámetro por otro de altura, una estriada, destinada a pila bautismal, y la otra lisa, para contener agua bendita.

"Está en estudio..."

Una copia del acta se la envió a García Sabell, ahora sí delegado, otra a la recién creada Xunta de Galicia y una tercera al Ayuntamiento de Muxía. “Y esa misma acción he repetido una o dos veces más desde entonces, siempre sin éxito”, observa el sacerdote y abogado. Una de ellas ocurrió con Félix Porto ya al frente de la alcaldía de Muxía, y por ahí han venido los escasos avances logrados por Alcaina. “Me contó que se puso en contacto con el Gobierno gallego en varias ocasiones, y que la respuesta de este es que no pueden hacer nada al respecto porque es una cuestión de la Iglesia”. A pesar de que la iglesia es Bien de Interés Cultural (BIC). En cuanto al Arzobispado de Santiago, sabe que la única respuesta que ofrece es extraoficial y se resume en tres palabras: “Está en estudio”.

Interior de la Iglesia de San Xulián de Moraime. (Xunta de Galicia)

“Yo creo que el Estado y las administraciones deben velar por el arte”, opina el impulsor de esta larga y silenciosa lucha por la devolución de las dos piezas. Le impulsa esa creencia, la injusticia de lo que considera una apropiación y un abuso de poder y el propio valor artístico de las pilas, hechas con la misma piedra de esa iglesia románica del siglo XII a la que pertenecían. “Una de ellas más gótica que románica”, puntualiza, aunque supone que fueron talladas a la vez. Todo eso le mueve, pero también el vínculo personal. “No en vano, en una de ellas me bautizaron a mí”.

11 comentarios

Hoy en portada