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con capacidad para 400 personas

El histórico Centro Gallego de Buenos Aires acaba en brazos de la sanidad privada

En una habitación de su gran hospital murió Alfonso Daniel Rodríguez Castelao, la figura más destacada de la cultura gallega del siglo pasado. El majestuoso edificio de la avenida Belgrano no es solo un sanatorio. También dispone de un teatro con capacidad para 400 personas que lleva el nombre del de Rianxo, una biblioteca con más de 20.000 volúmenes y una pinacoteca con cuadros de Laxeiro, Seoane, Maside y del propio Castelao. Todo eso y mucho más es el Centro Gallego de Buenos Aires, emblema de la emigración, que será vendido por 42 millones de euros para poner fin a una historia centenaria pero marcada en los últimos años por una crisis en forma de deuda monstruosa.

Los socios del centro aprobaron el 19 de diciembre en asamblea la venta del histórico edificio al gigante español de la sanidad privada Ribera Salud, en alianza con la Fundación Favaloro. La operación incluye la cesión de la gestión de su centro sanitario, un hospital de 34.000 metros cuadrados que ha dado cobertura a lo largo de los años a decenas de miles de emigrantes gallegos en la capital argentina. Lo hicieron apenas seis años después de que la Xunta pagara otros 11 millones para desvincularse definitivamente de la sociedad, tras una larga etapa en la que contribuía con casi cuatro millones de euros anuales. Los gallegos que aún pertenecen a la entidad quedan bajo la cobertura de una mutua financiada por el Gobierno de España, según destacó el presidente gallego, Alberto Núñez Feijóo, que aseguró que la venta carece de "relevancia desde el punto de vista sanitario".

(P.L.)

No es la opinión de la conocida periodista argentina Mirian Lewin. "Socios desde hace más de medio siglo, ahora ancianos, dicen que están abandonados: les cortan medicación oncológica, se suspenden cirugías, faltan médicos y material y hay servicios cerrados", advertía ya en marzo. La institución, motor y corazón en su día de la inmensa colectividad gallega en Buenos Aires, llegó a ser un ejemplo sanitario, con sus seis plantas y dos sótanos, 60 salas de consulta, seis quirófanos y medio millar de camas. En la actualidad, su hospital era lo más parecido a un edificio fantasma sin dotación ni personal, lo que deja a muchos de los socios al amparo del Programa de Atención Medica Integral argentino, una obra social de jubilados y pensionistas de bajo o nulo prestigio.

La cobertura quedó suspendida el pasado 18 de diciembre, como advertía una circular remitida por el director médico del centro solo cinco días antes, en la que se anunciaba: "En virtud de los acontecimientos de público conocimiento por los que atraviesa la institución, a partir del próximo lunes 18 del corriente mes y año se suspende toda la atención médica en dicho centro hasta nuevo aviso". Los socios tratan de incluir en las negociaciones con Ribera Salud, aún abiertas, la cobertura por el nuevo operador en las mismas condiciones que hasta la fecha.

Las consecuencias de la privatización definitiva del centro no son solo sanitarias, sino también culturales y simbólicas. Fundado en 1907 y ubicado en un enorme edificio de Belgrano, llegó a ser con sus hasta 120.000 socios la mayor institución creada por gallegos fuera de Galicia. A lo largo de buena parte del siglo XX, una de las primeras cosas que hacían los emigrantes al llegar a Buenos Aires era asociarse a la mutua del centro. Allí se curaron, nacieron y también murieron miles de emigrantes, que exhibían con orgullo la pujanza de la que llamaban "la casa".

El peligro que la venta supone para el valioso patrimonio cultural que atesora el centro no lo niega Feijóo. Los socios reclaman que permanezca en el centro tras la venta, pero será una comisión de seis representantes de la institución la que negociará con Ribera Salud las condiciones del traspaso. Feijóo ya ha trasladado a la directiva del centro el interés de la Xunta por proteger ese legado. "Estamos valorando cómo se pueden preservar esas obras", afirma el presidente gallego, que sin embargo advierte que la legislación argentina es "restrictiva" y no facilitará que las obras sean compradas y traídas a Galicia.

Aunque las negociaciones tratan de garantizar que se retenga la propiedad y el control del patrimonio, a nadie se le escapa que en un país en una situación como la que atraviesa Argentina el caballo de batalla es la asistencia sanitaria. Con la esperanza de que se les siga garantizando, los socios se pronunciaron masivamente a favor de la oferta, en una votación en la que el sí venció por mayoría de 2.151 apoyos frente a 56 del no. Entre los trabajadores también arrasó el voto afirmativo: 671 a favor frente a las 13 en contra.

Con el hospital intervenido por el Gobierno argentino desde hace cinco años, a través del Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (INAE) , la asamblea extraordinaria puso a los socios en la tesitura de elegir entre aceptar la oferta de Ribera de Salud o plantear la quiebra de la entidad, a la que la conducían "las nefastas y sucesivas administraciones" y "la falta de legitimidad de quienes ocuparon cargos dentro de esta institución". Es una situación que, según sus actuales gestores, dejó al Centro Gallego "al borde de su cierre, de su desintegración, de su fin".

La llegada de Macri al poder ha supuesto una liberalización de servicios y ha abierto el sector sanitario y otros muchos de la economía argentina a la inversión extranjera. Ese es el contexto en el que se enmarca el acuerdo entre el centro y Ribera Salud, una entidad que facturó en su último ejercicio 449 millones de euros y logró un resultado de explotación de 20,3 millones, gracias principalmente al modelo concesional de atención sanitaria que aplica en cuatro hospitales de la Comunidad Valenciana y dos de Perú. El grupo, en el que trabajan unos 6.000 profesionales, es propiedad al 50% del Banco Sabadell y de la compañía norteamericana Centena Corporation, que se hizo años atrás con la participación de Bankia.

La desvinculación de la Xunta del hospital del Centro Gallego de Buenos Aires se concretó en 2011 con la liquidación de la Fundación Galicia Saúde, a través de la que la Consellería de Sanidade gestionaba la clínica conjuntamente con el Centro Gallego. "No se puede gestionar con eficacia un centro sanitario a 10.000 kilómetros de distancia", se justificó el Gobierno gallego, que instaba al central —gobernado entonces por el PSOE— a encargarse de las necesidades sanitarias de los españoles en el exterior. Los socialistas, mientras, acusaron al Ejecutivo de Feijóo de "dejar caer el centro".

[El día de la morriña: la diáspora de medio millón de gallegos]

La venta de la institución ha sembrado la inquietud en Galicia, donde la oposición trata de forzar garantías respecto al patrimonio del centro. El BNG anunció un grupo de iniciativas para reclamar "las medidas necesarias" para que los fondos patrimoniales sean trasladados a Galicia. La portavoz de cultura nacionalista en el Parlamento gallego, Olalla Rodil, aseguró que la Ley gallega de Patrimonio Cultural obliga al Gobierno gallego a "salvaguardar el patrimonio cultural que se encuentre en el exterior, especialmente en Latinoamérica". En virtud de esa ley, el BNG insta a la Xunta a que "actúe y defienda el patrimonio gallego en la diáspora". En Marea, mientras, ha instado tanto a la Xunta como al Gobierno central a actuar "de inmediato", para proteger los bienes antes de que se formalice la venta. El grupo parlamentario registró una proposición no de ley para que el Gobierno gallego negocie con el de Argentina los términos en los que se garantiza un patrimonio tan extraordinario como cargado de simbolismo.

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