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SOLO QUEDA LA ESPERANZA DEL BCE

Caruana sale del BIS y España se queda sin cargos en organismos internacionales

España se ha quedado finalmente sin ningún alto cargo en un organismo económico internacional. El último en salir ha sido el exgobernador del banco central, Jaime Caruana, quien dejó el BIS, con sede en Basilea (Suiza), el pasado 1 de diciembre. Su sustituto ha sido Agustín Carstens, exgobernador del banco central de México.

Caruana ha permanecido al frente del Banco de Pagos Internacionales (BIS por sus siglas en inglés) —el banco de los bancos centrales— durante los últimos ocho años y medio y su salida se ha producido después de que el subgobernador del Banco de España, José Viñals, abandonara el Fondo Monetario Internacional (FMI), donde ha trabajado en los últimos ocho años como director de Asuntos Monetarios y Mercados de Capitales. Viñals es desde hace justo un año presidente del banco británico Standard Chartened, fundado en tiempos de la reina Victoria.

Caruana y Viñals eran los dos últimos altos cargos que le quedaban a España en un gran organismo económico internacional desde que Rodrigo Rato abandonó en 2007 por sorpresa —aún le quedaban varios años de mandato— su puesto como director gerente del FMI. Desde entonces, España ha optado por situar al ministro de Economía, Luis de Guindos, como presidente del Eurogrupo, pero con nulos resultados. En la última renovación, Guindos optó finalmente por no volver a presentarse dando su apoyo al candidato portugués Mário Centeno, que resultó elegido.

El ministro de Economía, Luis de Guindos. (EFE)

Esa renuncia se interpreta como una estrategia destinada a conseguir para España un puesto en el comité ejecutivo del Banco Central Europeo (BCE), donde está ausente desde la salida de José Manuel González-Páramo pese a tratarse del cuarto país de la Eurozona respecto de su peso económico.

El candidato al que se pretende suceder es el portugués Vítor Constâncio, que abandonará el cargo de vicepresidente el próximo 31 de mayo. Si España no consigue el puesto, deberá esperar ya a junio de 2019, que es cuando expira el mandato del alemán Peter Praet, aunque profesionalmente ha desarrollado todo su trabajo profesional en Bélgica. Para la siguiente oportunidad, España tendría que esperar a noviembre de 2019, que es cuando finaliza el mandato de Mario Draghi.

El parlamento europeo presiona para que sea una mujer quien ocupe la vicepresidencia del BCE

Los primeros contactos para la renovación de los puestos de mando del BCE, aunque todavía de una manera informal, ya se han producido, y España, con toda seguridad, presentará un candidato que muy probablemente sea Luis de Guindos, lo que le obligaría al presidente Rajoy a hacer una remodelación ministerial.

Los hándicaps de De Guindos

La posibilidad de que un ministro pase de un día para otro a un puesto eminentemente técnico, que además obliga a mantener la independencia respecto del poder político, no es fácil. Y, de hecho, es el principal hándicap de De Guindos, que siempre ha dicho que el nombramiento de un español —él nunca ha revelado formalmente que vaya a presentar su candidatura— sería un reconocimiento a los progresos económicos de España.

El otro hándicap tiene que ver con el hecho de que el parlamento europeo presiona para que sea una mujer —ahora solo la alemana Sabine Lautenschläger forma parte del comité ejecutivo— quien ocupe el puesto de Constâncio, toda vez que las mujeres están infrarrepresentadas en el BCE. A favor de De Guindos juega que tanto el presidente del Eurogrupo —Mário Centeno—, como el comisario Moscovici, de Asuntos Financieros, forman parte de la bancada socialista.

Es cierto que durante los primeros años de vida del BCE no estaba mal visto que un exministro acabara siendo miembro de su comité ejecutivo. De hecho, su primer presidente fue Wim Duisenberg, exministro holandés de Finanzas, pero en los últimos tiempos se ha querido dar una imagen más profesional y menos política con el nombramiento de economistas con un perfil fundamentalmente técnico.

El Gobierno ha reconocido en numerosas ocasiones que España está infrarrepresentada en los organismos internacionales, y los datos le dan la razón. Entre otras cosas, porque la estrategia de los grandes países —Francia, Alemania o Italia en el plano europeo— pasa por situar a representantes de naciones pequeñas en los puestos clave, aunque con singularidades.

El Gobierno ha reconocido en numerosas ocasiones que España está infrarrepresentada en los organismos internacionales

La directora gerente del FMI, Christine Lagarde, es francesa y recientemente París arrebató a Londres la sede de la Autoridad Bancaria Europea (EBA, por sus siglas en inglés). Italia, por su parte, es históricamente el país con mayor representación en los órganos de dirección de la UE, y el propio Draghi es de origen transalpino, mientras que Alemania tiene un evidente peso específico en las decisiones del BCE, donde algunos economistas están situados en puestos clave.

España apenas mantiene una vicepresidencia en el Banco Europeo de Inversiones (BEI) en la persona del expresidente del ICO, Román Escolano, quien sustituyó en 2014 a la exministra Magdalena Álvarez tras verse involucrada por la jueza Alaya en las investigaciones sobre el escándalo de los ERE. Sin embargo, tiene un papel secundario en el FMI pese a ser unos de los mayores contribuidores: 96.820 votos. De hecho, forma parte de un grupo de ocho países americanos entre los que están México, Colombia o Venezuela. Su peso en el comité de gobernadores equivale al 1,92% del total.

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