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Los números que hay tras el discurso

Desmontando el 'milagro económico' de Portugal

03.06.201705:00 H.

El 'milagro económico portugués' se ha convertido en un fenómeno en las redes sociales de España y en muchos medios de comunicación. Tal éxito social no se debe a la recuperación económica (Irlanda ha sido el verdadero ganador de la crisis y apenas se ha escrito de su éxito), ni tampoco a su efectividad al reducir el déficit (salvo España y Francia, todos los países del euro han salido del Procedimiento de Déficit Excesivo), sino a la ideología del Gobierno: la alianza de izquierdas conformada por el Partido Socialista, el Bloco de Esquerda y el Partido Comunista.

Cualquier recuperación económica es motivo de celebración, pero si la ideología impide ver los números, surgen los problemas. El mejor ejemplo es el paradigma de la austeridad. El discurso que se ha extendido a favor de las políticas del presidente António Costa asegura que Portugal ha conseguido rebajar el déficit y, además, terminar con la austeridad y elevar el gasto público. Mientras tanto, en España, Rajoy ha profundizado en los recortes y además el déficit sigue descontrolado.

En efecto, Portugal ha hecho los deberes para ajustar sus cuentas públicas (algo que no ha hecho España), pero ha sido a base de aplicar recortes. En 2015 y 2016 el gasto público bajó en algo más de 6.260 millones de euros (datos de Eurostat), lo que significa un ajuste del 7% del presupuesto, en gran medida paralizando la inversión pública. Por el contrario, España ha aumentado el gasto público en algo más de 6.650 millones de euros, un 1,5% más. En 2014, justo antes de que Costa llegara al Gobierno, el gasto público de Portugal era del 51,8% del PIB, dos años después ha caído en más de 6 puntos hasta el 45,1%.

Es cierto que la economía portuguesa ha vuelto a crecer, un 1,4% en 2016, pero la salida de la recesión se produjo mucho antes, en 2013. De hecho, en 2015 creció un 1,6%, más que en 2016. Este crecimiento permitió a Costa recuperar el nivel de PIB previo a la crisis en su primer año de mandato. Sin duda un motivo de celebración, pero contenida, ya que la mayor parte del crecimiento ha sido nominal y no real. ¿Qué significa esto? Que el PIB ha crecido por los precios. Sin embargo, en términos reales (sin inflación) está a más de un 4% de volver a los niveles precrisis y todavía tardará dos o tres años en recuperarlos, mientras que España acaba de hacerlo este año.

El PIB portugués creció un 1,4% en 2016 y para este año la Comisión estima un avance del 1,8%. Un ritmo nada despreciable, pero que no se acerca a las tasas de la economía española que creció un 3,2% en 2016 y que para este año se espera que avance un 2,8%.

El enfermo de Europa

Portugal es, con permiso de Grecia, el país del euro que presenta mayores desequilibrios económicos. Costa no es el culpable –esto es evidente–, pero la realidad del país es que está en una situación muy delicada. Portugal, como España, ha sido uno de los países más beneficiados por los 'vientos de cola' internacionales: la caída del precio del petróleo, de los tipos de interés y la recuperación de la demanda externa, lo que ha permitido estos últimos años de bonanza. Sin embargo, el Gobierno no ha conseguido aprovechar este escenario tan favorable para mejorar sus desequilibrios. Y a partir de 2018 la 'tregua' podría acabarse.

El gran problema de Portugal es su abultada deuda, tanto privada como pública, que multiplica por cinco el tamaño del PIB (un 271% del PIB la privada y un 130% la pública). Los procesos de desapalancamiento son muy dolorosos, ya que cercenan la inversión y, por tanto, la actividad económica. Pero el verdadero peligro de la deuda es el coste financiero que genera. Ahora que los tipos de interés están en mínimos históricos en Europa por las políticas expansivas del BCE, Portugal se deja casi uno de cada diez euros del presupuesto público en pagar el servicio de la deuda. En total un 4,2% del PIB se tiene que destinar a pagar a los acreedores del Gobierno (en España es el 2,8%), en su mayor parte extranjeros.

Cualquier subida de los tipos de interés se 'comerá' todo el esfuerzo realizado por el país para ajustar su déficit público. Un incremento de 100 puntos básicos (un 1%) en el coste de la deuda elevaría la factura financiera casi un 30%, por lo que sería necesario destinar casi el 13% de los recursos públicos para pagar cada año el servicio de la deuda. ¿Qué ocurrirá cuando el BCE deje de comprar deuda pública y empiece a subir los tipos de interés a partir de 2018? Esta es una de las grandes preocupaciones de la Comisión con Portugal.

Las agencias de 'rating' también alertan del desequilibrio de sus cuentas públicas poniendo al país en 'bono basura', lo que ahuyenta a muchos inversores internacionales. Costa ha criticado a estas agencias porque no han tenido en cuenta los avances económicos del país a la hora de mejorar su 'rating'. Sin embargo, la realidad es que la deuda pública del país, lejos de caer, se ha asentado por encima del 130% del PIB.

El problema de la banca

El Gobierno de Costa tiene un problema añadido para reducir la deuda pública: la debilidad del sector financiero. Hace menos de tres meses autorizó la inyección de 2.500 millones de euros en el banco Caixa Geral de Depósitos, una entidad pública que todavía atravesaba problemas de solvencia. Este es solo un ejemplo de los problemas que tiene actualmente el sector financiero, inmerso en diversos procesos de recapitalización o cambios en la estructura accionarial en los que está participando la banca española, mucho más saneada y con músculo financiero (a excepción del Popular).

A los bajos niveles de capital se le une el problema de los préstamos dudosos (Non Performing Loans, NPL) que S&P estima en torno al 16% de los créditos de la banca. La debilidad del sector financiero dificulta la recuperación económica, ya que corta el flujo de crédito: una entidad en problemas no concede préstamos. Esta situación es similar a la que vive la banca italiana, acosada también por los préstamos dudosos y la baja rentabilidad, o la que atravesó España en los peores momentos de la crisis.

Los problemas de la banca han roto el canal de transmisión de la política monetaria. En otras palabras: los esfuerzos del BCE por estimular el flujo de crédito no dan resultado cuando el sistema financiero atraviesa problemas. La última encuesta sobre el acceso a la financiación de las empresas en el área del euro (EAFE) muestra que las pymes portuguesas apenas percibieron una mejora en el acceso al crédito entre octubre y marzo.

Costa y Rajoy en la última cumbre bilateral luso-española. (EFE)

Suben los salarios

Los países desarrollados tienen el reto de conseguir que la recuperación económica llegue a toda la sociedad. Para avanzar hacia el crecimiento inclusivo, el Gobierno de Costa aprobó una subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) del 5% en 2016, de otro 5% en 2017 y así hasta acumular un avance del 25% en la legislatura. Este año el SMI portugués es de 649,8 euros al mes en 12 pagas (7.798 euros al año), un 21% menos que en España.

En torno al 20% de los trabajadores portugueses se han beneficiado de esta medida, lo que sin duda es un gran triunfo para Costa. Sin embargo, en economía todo tiene un coste y, en este caso, lo soportan las empresas. La remuneración por asalariado aumentó un 1,4% en 2016 (en España se estancaron en el 0%) y los costes laborales unitarios, un 1,6% (en España cayeron un 0,4%), según los datos de la Comisión Europea. Como contrapartida, en 2016 la productividad laboral en Portugal cayó un 0,3%, mientras que en España avanzó un 0,5%, según los datos de Eurostat.

La economía portuguesa (como la española o la italiana) tiene un grave problema de productividad que podría agravarse si pierde competitividad respecto a sus competidores. El único camino que tiene Portugal para rebajar la deuda externa (que triplica al PIB) es el de acumular superávits por cuenta corriente y así devolver poco a poco el pasivo. En otras palabras, mantener el crecimiento de las exportaciones en un mundo cada vez más competitivo.

El ajuste de los últimos años ha servido para corregir el déficit por cuenta corriente, pero el superávit que ha conseguido es exiguo: del 0,8% del PIB, un ritmo insuficiente para ajustar el desequilibrio externo. El reto para el país es incrementar este superávit, pero los analistas creen que en los próximos cuatro años no alcanzará el 1% del PIB. Muy lejos del 2% de España.

Al grave problema de productividad de Portugal se une la baja inversión. El ajuste del déficit ha recaído principalmente sobre la inversión pública y el sector privado no ha dado un paso adelante debido a los problemas de financiación y a la necesidad de desapalancarse. El resultado es que Portugal es, a día de hoy, una de las economías europeas que destina menos esfuerzo a la Formación Bruta de Capital Fijo (FBCF), en 2016 apenas el 14,9% del PIB. Un dato que contrasta con el 19,9% de España o el 20,1% de la eurozona. De toda la Unión Europea solo Grecia invierte menos que Portugal, lo que siembra un panorama complicado de cara al futuro.

Costa puede seguir subiendo el SMI, pero el equilibrio de los salarios en cada país no lo determina el gobierno, sino la productividad. En Portugal el salario medio es de 24.105 dólares anuales ajustado por paridad de poder adquisitivo (dato de 2015 elaborado por el Banco Mundial), un 34% menos que en España y un 42% menos que la media de la OCDE. Los indicadores de corto plazo funcionan, pero Portugal tiene mucho trabajo por hacer antes de celebrarlo.

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