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nuevo libro

Valérie Tasso y el sexo 4.0: polvos exprés, disfunción eréctil y frustración

07.06.201705:00 H.

En 2003, la publicación de 'Diario de una ninfómana', no sólo revolucionó el mundo editorial -vendió más de medio millón de ejemplares-, sino que también levantó el polvo bajo las sábanas de la moral pública del sexo. Una novela autobiográfica que hablaba de prostitución, de maltrato en la pareja, de relaciones sadomasoquistas y de liberación sexual con una pluma directa y sin eufemismos.... ¡un escándalo!

Portada de 'Sexo 4.0'

Valérie Tasso, una sexóloga francesa de 34 años, había puesto en cuestión, a través del relato de su propia experiencia, la moralidad pública y la sexualidad convencional de la sociedad occidental. 14 años y casi una decena de libros después, Valérie Tasso publica 'Sexo 4.0', una reflexión sobre cómo han evolucionado -o no- las relaciones humanas -y especialmente las eróticas- en la última década, con la aparición abrumadora de las nuevas tecnologías, los diferentes hábitos de consumo y el nuevo marco socioeconómico. Pero ¿tanto hemos cambiado en la última década? Parece que sí.

PREGUNTA. Una de las cosas más llamativas que cuenta en su nuevo libro, 'Sexo 4.0', es que a su consulta cada vez llegan más parejas con problemas sexuales y más jóvenes con disfunción eréctil. ¿A qué cree que se debe?

RESPUESTA. Efectivamente, me llegan cada vez más. El sexo tiene que ser sucio y en la actualidad está hiperhigienizado e hipermedicalizado a costa del morbo, porque una cosa es la sexualidad y otra cosa es el deseo. Por ejemplo, a mí me ponía más entrar antes en un sex-shop con esas luces sórdidas y no entrar en una de esas 'boutiques' tan monas de las que proliferan hoy. Porque hay un componente de prohibición que al deseo le gusta y es lo que genera morbo.

P. Entonces, ¿puede ser que la hipernormalización del porno esté influyendo en la desaparición de los procesos, de la capacidad de espera? ¿Nos estamos acostumbrando al placer inmediato? ¿Somos una sociedad de frustrados?

R. Somos la sociedad de la prisa. Es lo que pasa con estos jóvenes que vienen a la consulta con disfunción eréctil. Y es un problema gordo, porque la disfunción eréctil en jóvenes no se tendría que dar. Justamente ya no se disfruta de lo que llamamos en sexología la 'espera erotizada'. Lo queremos todo y lo queremos ya. Con lo cual, los procesos de seducción y cortejo, que han sido eliminados por las nuevas tecnologías, evidentemente están haciendo estragos entre los jóvenes. Uno de los casos más llamativos es la mal llamada eyaculación precoz, porque el problema es que no tienes control sobre tu eyaculación. Eso está afectando a muchos jóvenes porque ven porno todos los días, y como está a la alcance de todo el mundo, ya no genera morbo, con lo cual el deseo está aletargado -de vez en cuando se despierta- y, cuando tienen que “rendir” -no me gusta nada esta palabra-, entonces es un desastre.

P. ¿Y en el caso de las mujeres?

R. Pues luego hay muchas mujeres, y cada vez más, que curiosamente se meten en relaciones tóxicas. Y no son mujeres tontas, ni mucho menos. Y tienen un sexo a veces violento. Y lo disfrutan. Pero si les preguntas por el tipo de hombre que les gustaría tener a su lado te van a hacer la descripción contraria a lo que tienen a su lado. ¿Por qué? Porque una cosa es la realidad y otra es el deseo. El deseo es muy oscuro.

Somos la sociedad de la prisa. No se disfruta de lo que llamamos la 'espera erotizada'. Lo queremos todo y lo queremos ya.

P. ¿Siendo una sociedad más frustrada tenemos, paradójicamente, menos tolerancia a la frustración?

R. Totalmente. Además tenemos otras alternativas. Coge el ejemplo de Tinder, que es como un catálogo. ¡Es horroroso! La gente además confunde el sexo con la genitalidad, con las tuberías. El sexo es mucho más complejo. Por fin empezamos a entender que el coito o la penetración es solo una práctica más de de muchas otras. La palabra preliminares, etimológicamente, significa umbral. ¿El umbral a qué? A la penetración. ¿Recuerdas la pregunta de "habéis tenido sexo completo"? ¿Qué será eso de completo? Ya ves que los americanos consideran que el sexo oral no es sexo, ya lo hemos visto con Bill Clinton. Además, la cuestión es que ahora, el porno ha salido de la esfera en la que estaba y ahora pretenden vendérnoslo como algo intelectual, incluso. E intelectual y pornografía no pueden ir juntos.

P. ¿Se refiere a personas como Amarna Miller?

Amarna Miller es una chica lista. Otra cosa es que sea una intelectual del sexo. Yo la aprecio, la adoro, la quiero con locura, pero no es una intelectual. Amarna es una chica lista que lo hace fenomenal y que además ha destapado una serie de cosas que había que destapar. Hemos dado conferencias juntas y no es una crítica hacia ella, simplemente es muy epatante ser actor o actriz porno y tener un buen discurso. Si rascas un poquito, las dos cosas no van a la par.

P. Volviendo a las relaciones, ahora es muy habitual recurrir a plataformas o páginas de contactos como Tinder, Grinder, AdoptaUnTio, Bender, Brenda... ¿De qué manera cree que afecta esto a los procesos sexuales?

R. Estas nuevas tecnologías hacen que establezcamos contacto con lo que está lejos a costa de arriesgar el vínculo que está más cercano. No sólo hay una sobreoferta de 'apps', sino que también la hay de cuerpos deseantes y deseables. Antes éramos infieles porque estábamos mal. Ahora somos infieles porque podemos pasarlo mejor. Esta es la cultura de lo individual, del yo, del ego. Fíjate en todas las palabras que han ido surgiendo: autoayuda, autoestima, autoemprendimiento. Y eso le conviene al sistema, porque no se trata de autoayudarnos, sino lo más interesante sería ayudarnos los unos a los otros. Al poder le interesa porque mientras estamos en nuestra burbuja, pensando en el yo, conmigo misma, no generamos comunidad, por mucho que haya habido un 15M. Con todo lo que está pasando, yo no entiendo que todavía no haya habido movimientos mucho más grandes. Lo entiendo en la medida de que el sistema siempre coarta. Me preocupa ver a la gente que agacha cada vez más la cabeza, como el esclavo frente a su amo. Y lo peor de todo es que no veo alternativa ninguna. Lo que voy a decir es muy duro: es más fácil pensar en el fin del mundo que en el fin de nuestro sistema capitalista.

No veo alternativa ninguna. Es más fácil pensar en el fin del mundo que en el fin de nuestro sistema capitalista

P. Usted relaciona mucho sexualidad e ideología...

R. Lo que es muy interesante es que a pesar de que hablo, evidentemente, de sexualidad, y de cómo ha cambiado nuestra manera de relacionarnos con los demás, lo que subyace en el libro es el marco ideológico en el que nos encontramos ahora. Es un sistema neoliberal, un sistema capitalista que aparentemente no tiene ningún tipo de alternativa; de lo que se trata hoy en día es de que todo se pueda comercializar. Decía Michel Foucault decía que el poder no existe si no hay un contrapoder, pero es el propio poder el que lo genera. Los movimientos de resistencia están generados por el propio poder, que los engulle. Pongamos el movimiento punk, en la época de Margaret Thatcher, cuando no había trabajo. Este sí fue un movimiento amenazador para la sociedad. Y ¿qué hizo la sociedad? Lo engulló y ahora se vende la moda punk en Zara. Esto es lo que está haciendo el sistema neoliberal, del que es muy difícil salir. Y como lo hace a todos los niveles, y como somos seres sexuales, que es una condición ontológica del ser humano, también hay que engullir todo lo que pueda salir del modelo sexual de unos años para acá a través de la reivindicación de otras eróticas.

P. Precisamente, ha habido muchas críticas a libros y películas como los de 'Cincuenta sombras…', que aunque se venden como una aparente revolución sexual, perpetúan el estereotipo de joven, virgen y sumisa frente al hombre 'millonetis', guapo, poderoso y dominante. ¿Otra forma de engullir e inutilizar?

R. Es más peligroso y además ha hecho muchos estragos en los lechos matrimoniales (ríe). Independientemente de que Christian Grey cumple todos los estereotipos, lo que más me molesta de todo, es que este señor practica una erótica poco convencional -aunque ahora es más convencional- porque no anda bien, porque tiene sombras. ¿Qué pasa? ¿No puedes mantener relaciones sexuales poco convencionales, consensuadas, de erótica BDSM, sin tener un pasado psicológico tormentoso? Me parece genial que 'Cincuenta sombras...' hayan puesto a leer a algunas mujeres que no habían leído nunca. Puede dar ideas para la vida sexual, puede abrir un mundo pero, evidentemente, los modelos representados no son los correctos. Yo me planteo si la gente ha leído 'La venus de las pieles' de Leopold von Sacher-Masoch...

P. O el 'Manual de urbanidad para jovencitas' de Pierre Louÿs….

R. Ese libro es genial. A fecha de hoy no se podría leer. Porque lo que sí noto es que hoy tienes que cuidar mucho más lo que dices. Ahora se hace polémica de todo. En una sociedad de 140 caracteres, si tu lenguaje es pobre, tu pensamiento también. El pensamiento, efectivamente, se construye a través del lenguaje. Cuanto más pobre y vacío y descafeinado se hace el lenguaje más descafeinado nos volvemos nosotros.

Fíjate también en estos movimientos feministas que están volviendo a la palestra y estamos en 2017. Todo eso son distracciones

P. Cuenta también en 'Sexo 4.0' que esta comercialización del sexo ha 'devuelto' al mercado sexual a las mujeres de más de 50 años, a las que hasta ahora se invisibilizaba. Esto es un efecto colateral positivo, ¿no?

R. Yo estoy criticando algunas cosas de nuestro sistema que son tan evidentes que la gente ni se da cuenta. Prefiero evidentemente este modelo que el modelo represivo de la moral judeocristiana.

P. Un modelo represivo que considera que está volviendo, ¿no?

R. Ese modelo está volviendo, sí claro. En mi libro hablo de la mujer que vuelve al hogar, bajo la premisa de “soy una mujer liberada” con lo cual puedo parir en mi casa, porque es más natural. Bueno, también es más natural ir a Pamplona en burro o morir sin cuidados paliativos. ¿De qué coño estamos hablando? Y perdona por el coño. Además es un movimiento que se está radicalizando muchísimo. El sistema se está aprovechando de esta vuelta atrás. Yo en este libro no quiero decir lo que la gente tiene que hacer, sólo estoy intentando destapar las trampas. Fíjate también en estos movimientos feministas que están volviendo a la palestra y fíjate que estamos en 2017. Todo eso son distracciones.

P. ¿Cree entonces que el feminismo es una distracción?

R. Entiéndeme. Yo soy feminista, las apoyo y todo lo que tú quieras. Pero hay una serie de movimientos feministas -porque son movimientos en plural- en los que el hecho de que la mujer pueda reivindicar ahora su faceta de mujer deseante y deseable -no solamente deseable-, que la mujer pueda hacer con su cuerpo lo que le dé la gana, de alguna manera, es algo que le interesa al poder, porque así consumimos más.

P. Entonces, ¿una mujer soltera es más apetecible para el mercado?

R. El mercado coge a una mujer con un pensamiento crítico y piensa en darle de comer. A través de la posibilidad de elegir cosas a su antojo, de poder no sentirse una zorra o una puta, con perdón, si cambia de pareja cada fin de semana. Sí reivindica que una mujer sigue siendo mujer si vive sola, sin la necesidad además de estar al lado de alguien. Evidentemente, además, lo que le permite al sistema es que tú consumas más. La pareja en sí consume menos, la pareja en la que ha cuajado el amor. Una mujer como la anterior es el blanco ideal para ser una gran consumidora para el sistema. De todo tipo de cosas y, sobre todo, de relaciones amorosas. El enamoramiento, por otro lado, es como un cortocircuito cerebral y ahí se gasta la de Dios: un hotel en la playa, regalitos… La pareja como tal, ya consolidada, no interesa al sistema. Con lo cual se ha creado una sobreoferta de cuerpos.

P. ¿Y cómo es, así a grandes rasgos, la pareja que acude a su consulta en busca de ayuda?

La pareja está llena de topicazos: piensa que cuando hay menos sexo significa que se ha acabado el amor, cuando una cosa no va con la otra. La pareja se compone de amor, de pactos y de sexo. El amor no se puede negociar. El sexo sí. Una pareja que lleva 20 ó 30 años juntos, que ya sabe perfectamente que encajan, evidentemente necesitan menos relaciones sexuales, de la misma manera que besamos cada vez menos. ¿Por qué? Porque el sexo y el beso son barómetros para saber si eres compatible y cuando ves que sí eres compatible, desaparecen un poco de estas cosas. Las parejas se quejan de la rutina, pero la rutina es maravillosa, es símbolo del equilibrio. De lo que realmente se están quejando es de la falta de gratificación.

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