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entrevista a nando cruz

Por favor, págame: los trapos sucios del indie

Trescientas horas de entrevistas grabadas. Dieciocho meses de intenso trabajo. Un volumen que roza las mil páginas. Más que una historia oral de la música indie, parece que estemos ante una producción de Cecil B. De Mille, maestro de las epopeyas bíblicas de Hollywood. Hablamos de Pequeño Circo (editorial Contra), un libro que se nutre de recuerdos, cotilleos y análisis relacionados con la música independiente de los noventa en el estado español.

El indie fue una escena cultural tan modesta como influyente, germen de una sólida red de festivales, la moda de los anuncios cool y la hegemonía estética hipster. 

Nando cruz

El veterano periodista Nando Cruz ofrece un detallado censo de aquella fiebre musical y plantea debates que trascienden lo musical. Los resultados van desde el destape de "pufos" económicos hasta el cantante de Los Planetas dejando caer que todo aquello fue un precedente de la protesta social del 15M (su lógica es más psicodélica que política, todo hay que decirlo).

El propio autor nos desvela las claves de este meritorio trabajo, que se publica el próximo 18 de marzo.

Uno de los títulos que tenías pensado para el libro era ‘Por favor, págame’, por la falta de honestidad de muchos empresarios indies. ¿Cuál es la historia económica que más te ha descolocado?

Lo que más me ha sorprendido es que en esa época los músicos no hablasen entre sí de dinero. Esa absurda discreción ha facilitado prácticas injustas hacia los grupos que en algunos casos llegan hasta hoy. Tampoco esperaba la cantidad de historias distintas que me han contado sobre el sello Acuarela.

'Que los músicos no hablasen entre sí de dinero ha facilitado prácticas injustas hacia los grupos que en algunos casos llegan hasta hoy'

Manuel Torresano, de discos Siesta, dice que ha visto "más comportamientos repugnantes" en la escena indie que en las compañías multinacionales. ¿Estás de acuerdo?

Torresano habla de engaños a la hora de pagar royalties. Su explicación es razonable y creíble: el jefe de un sello indie juega con su propio dinero cuando regatea pagos a un grupo, mientras que el que echa cuentas de los royalties en una multinacional no se va a quedar esas cantidades. Dicho esto, las multinacionales tienen mecanismos más elaborados para acaparar la mayor parte de beneficios que genera un disco.

 

Y esto es así desde que firmaron el primer contrato discográfico con un músico de blues. Una historia que me sorprendió es el chantaje de la editorial Warner Chappell a Australian Blonde. Pidieron al grupo que les cediesen los derechos de todo su catálogo a cambio de  salir en un anuncio de Airtel cantando My Way, original de Paul Anka, que pertenecía al catálogo de Warner. Al no acceder, ese anuncio lo grabaron Los Piratas.

El músico y promotor Juan Santaner vincula la creación de la escena de festivales indies a la burbuja inmobiliaria. ¿Qué opinas de esta acusación?

Solo puedo decir que la industria del directo es una de las más opacas. Conocemos, por ejemplo, por cuánto dinero renovó el otro día Busquets con el Barça. En cambio, nadie sabe qué cobrarán este año The Strokes, The Chemical Brothers o The Prodigy por tocar en los festivales. A partir de ahí, la música en vivo en general y los festivales en particular son ámbitos donde las cuentas se pueden cuadrar de mil maneras porque un artista puede costar ocho u ochenta. Y no es un secreto que muchos promotores han hecho el agosto y aún viven de montar festivales a ayuntamientos manirrotos.

'La industria del directo es opaca. Conocemos cuánto gana un futbolista, pero nadie sabe qué cobrarán Strokes o Chemical Brothers por tocar en festivales'

Otra de las tesis centrales es que el indie tuvo un espacio mucho más destacado en los medios de lo que merecía por el volumen de público que lo apoyaba. ¿Dirías que se puso en primer plano del escaparate mediático porque era una música inofensiva, que no creaba problemas políticos?

El indie se puso en primer plano porque era la música que gustaba a la gente que escribía en esos medios, porque estéticamente no era tan molesta como se suponía y porque tenía una apariencia de modernidad. Su docilidad fue la guinda que permitía hablar de cosas 'alternativas' sin que fuesen conflictivas de verdad. Cubrió un hueco, la cuota de lo rarito y minoritario, taponando con su presencia otras músicas realmente conflictivas, críticas y con más público.

También hay muchas voces en el libro que coinciden en el escaso nivel artístico de los indies. ¿Cuál es tu opinión al respecto?

En la revista Rockdelux dicen que, a pesar de ese bajo nivel, valió la pena apoyarlo y que volverían a hacerlo con el mismo entusiasmo. Esa obstinación me impresiona. Ahí yo no puedo estar más en desacuerdo, pese a haber sido tan culpable como el que más de fomentar la burbuja indie desde los medios en los que escribí. Fue un gran error, y no porque al final no generase suficientes discos memorables, sino porque aquella escena transpiraba unos valores que entonces asumí sin rechistar y que hoy no comparto en absoluto: sobre todo el elitismo, la anglofilia y la ausencia de una mirada social crítica.

'El indie transpiraba elitismo, la anglofilia y ausencia de una mirada social crítica'

Varios entrevistados coinciden en señalar carencias en Radio 3. Por ejemplo, que en algunos programas importaban más los egos que la difusión musical. ¿Dirías que la emisora incumplió su labor como servicio público?

Radio 3 favoreció un tipo de música en detrimento de muchas otras. Todavía es así. Por mucho que en la parrilla haya programas especializados en otros estilos, lo indie sigue copando buena parte de la programación. Más allá de las peleas entre Jesús Ordovás y Julio Ruiz (que eran peleas por ser el más indie del corral), lo más llamativo es que ambos coincidan en que Radio 3 se dirige y debe dirigirse a un sector concreto de la juventud: el de perfil universitario. Eso ya hace imposible que Radio 3 cumpla su cometido como servicio público para todo un país. 

El libro aborda el intento fallido de muchos grupos indie de sonar en radiofórmulas. El retrato que queda de Los 40 Principales en los años noventa es el de una emisora corrupta, donde se programa en función de sobornos como viajes de lujo o inserciones de campañas publicitarias. ¿Qué credibilidad le otorgas a este retrato?

Los directivos de esta emisora han tenido que responder a estas acusaciones de los periodistas desde los años ochenta. Debo puntualizar que en el libro no aparece la palabra "soborno" ni una sola vez. Y no porque yo la haya eliminado, sino porque ninguno de los entrevistados la ha llegado a pronunciar. Hablan de "regalos", "inversiones publicitarias", "cambalaches"… Y quien utiliza estos tecnicismos no es el guitarrista despechado de un grupo indie, sino gente que trabajó muchos años en RCA y Sony; incluso personas que formaban y aún forman parte del conglomerado Prisa. Son demasiadas voces apuntando en una misma dirección. Lo que retrata ese capítulo es una escena que aspiraba a sonar en Los 40 y una emisora que no tenía ningún interés por el indie, pues intuían que esa música no tenía calado social. Justo la situación contraria que pasaba con Extremoduro, donde la emisora quería que sonasen y el grupo se negaba.


Otro problema que señalas es la falta de tejido cultural en España. Lo que tenemos es un panorama con unos pocos triunfan a lo grande (Dover, Los Planetas…) y un montón de artistas precarios a los que no les alcanza para vivir. Apenas hay clase media.

Lo que tenemos es un circuito. Y si no existiera ese circuito, te lo monta una cervecera en un santiamén. Lo que falta es un tejido, que es algo muy distinto. Un tejido independiente es algo que puede existir por sí mismo y sin necesidad de un gran inversor. Hoy todo corre peligro de hundirse si a un sponsor o a un ayuntamiento se le gira una tuerca y decide no invertir. Es un espejismo. Un circuito puede ser simplemente la posibilidad de tocar durante dos semanas en doce salas... a las que luego no va nadie. Por tejido entiendo más bien un público interesado de forma natural por un tipo de música e implicado de una forma que va más allá de pagar la entrada. Eso en el indie apenas existió y ahora tampoco. Y es así porque en los noventa, cuando el indie brotó como una escena pretendidamente alternativa, no fue capaz de construir ese circuito alternativo que con los años quizás sí se hubiese transformado en un tejido.

'Hoy todo corre peligro de hundirse si a un sponsor o a un ayuntamiento se le gira una tuerca. Es un espejismo'

Libros similares sobre escenas más amplias, por ejemplo el punk neoyorquino o el hardcore estadounidense, se quedan en quinientas y pico páginas. ¿Por qué una historia oral del indie español necesita mil?

Porque quise escribir dos libros. El encargo de la editorial Contra era hacer una historia oral del indie. Yo quería aprovechar para explicar, a través de sus protagonistas, por qué el indie en España parecía tanto y fue tan poquita cosa. En realidad, Pequeño circo son dos libros en uno. La primera parte explica cómo surgió toda aquella escena y la segunda expone la trastienda del indie y detecta las grietas del edificio. No quería escribir un libro de batallitas (aunque las hay y muchas) ni un elogio de aquella época, sino construir un relato crítico que, además, diera pistas de cómo hoy la escena y la industria musical son las que son.

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