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ECOLOGÍA PUNTERA

Los riesgos de 'sembrar' nubes en el cielo para combatir el cambio climático

Un nuevo estudio refleja que en caso de usarse mal este tipo de técnicas de geoingeniería solar, los efectos en el clima podrían agravarse hasta volverse catastróficos

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Desde hace unos años, la geoingeniería ha sembrado muchas esperanzas como arma para prevenir o reducir los efectos del cambio climático en la naturaleza. Uno de los estudios que más han servido de base teórica fue el realizado por la Escuela Politécnica Federal de Zúrich (ETH, en alemán) en 2017, el cual aseguraba que 'plantar' nubes en la atmósfera de tipo cirro (compuestas por cristales de hielo y con aspecto de bandas delgadas y finas) podría ayudar a que buena parte de la radiación solar se reflejara fuera de atmósfera antes de llegar a la superficie del planeta.

Sin embargo, a raíz del efecto invernadero, que está aumentando su potencia debido al calentamiento global, este tipo de geoingeniería ya no sirve, o así lo reconoce un artículo de 'Science Alert' en el que se recopilan una serie de artículos científicos sobre el tema. La luz del sol está derritiendo a más velocidad estos cirros, y esto no solo desencadenará un mayor impacto en el cambio climático, sino también una disminución del efecto de este tipo de propuestas científicas para reducir sus efectos.

"Estas concentraciones elevadas de gases de efecto invernadero pueden provocar un calentamiento global sustancial"

Son muchos los científicos que ya han avisado que no se puede alterar de manera artificial la atmósfera terrestre. Y otros tantos avisan de que, aunque consigamos plantar nubes y estas respondan de manera efectiva, ello no resuelve otros problemas ecológicos como la contaminación de los plásticos al oceáno o los cambios en los ecosistemas.

Un punto de inflexión

Ahora, un nuevo informe realizado por el Instituto Tecnológico de California y publicado en la revista 'Nature Geoscience' alerta de que la siembra de nubes puede ser contraproducente de cara a reducir los efectos del cambio climático, agravando el problema. Los científicos realizaron una simulación en la que, suponiendo que si estas nubes generadas de manera artificial se disolvieran por el nivel avanzado de los efectos del cambio climático, llegaríamos a un punto de inflexión en el que no habría marcha atrás, multiplicando las consecuencias negativas en el calentamiento terrestre.

A medida que los gases de efecto invernadero se acumulan, las simulaciones demuestran cómo los cirros se disipan, disminuyendo su grosor

Según informa 'Quanta Magazine', la desaparición de los cirros se produce cuando la concentración de CO2 en la atmósfera alcanza las 1.200 partículas por millón, un nivel que se espera superar en aproximadamente cien años si seguimos a este ritmo en la quema de combustibles fósiles, la temperatura de la Tierra se elevaría a 8 grados, mucho más de lo previsto (alrededor de 4 grados más), provocados directamente por las emisiones de dióxido de carbono. De ahí que si estas emisiones continúan aumentando sin que haya restricciones, desencadenaremos un efecto mucho mayor, sembremos nubes o no.

"Por tanto, estas concentraciones elevadas de gases de efecto invernadero pueden provocar un calentamiento global sustancial al reducir el enfriamiento que proporcionan las nubes de estratocúmulos", concluyen los autores de este nuevo estudio. "Incluso si compensase todo o gran parte del efecto de los gases de efecto invernadero en la parte superior de la atmósfera por geoingeniería solar".

"La geoingeniería solar no es una opción segura para prevenir el calentamiento global porque no mitiga los riesgos para el sistema climático"

Obviamente, se trata de un escenario extremo en el que el dióxido de carbono sigue acumulándose en la atmósfera hasta llegar a una concentración cuatro veces mayor que la actual, lo que llevaría un siglo, pero tampoco es una hipótesis demasiado alocada, pues si no se toman medidas restrictivas contra la contaminación atmosférica la acumulación de estos gases no dejará de crecer.

A día de hoy, explica 'Science Alert', las nubes de estratocúmulos cubren grandes extensiones del planeta, como el océano subtropical, que consiguen enfriar la atmósfera y mantener la temperatura estable. Pero a medida que los gases de efecto invernadero se acumulan, las simulaciones de alta resolución demuestran cómo estas nubes 'adelgazan' y disipan a una gran velocidad, disminuyendo su grosor gradualmente. Si no tuviéramos este efecto protector, el calor podría llegar hasta la atmósfera inferior y con ello a los oceános de todo el planeta, elevando mucho más las temperaturas de todo el mundo.

Una falsa 'tirita' para el clima

Por ello, la geoingeniería que permite la siembra de nubes solo puede funcionar hasta cierto punto, mientras que a largo plazo los investigadores concluyen que no tendrá apenas ningún efecto o, en una situación muy adversa, pueden llegar a agravar el problema. "La geoingeniería solar no es una opción segura para prevenir el calentamiento global", recalcan los autores del estudio, "porque no mitiga los riesgos que suponen para el sistema climático que surgen del efecto directo de los gases invernadero en esta capa de las nubes". Algo así como poner una tirita en una herida que sangra demasiado.

Por todo ello, tanto los riesgos a los que nos exponemos como los mismos beneficios de esta técnica para frenar el calentamiento global siguen siendo inciertos, y se necesita mucha más investigación para determinar con certeza si merece la pena invertir en este tipo de proyectos para combatir el cambio climático.

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