tras un ejercicio prolongado

¿Cómo evoluciona el corazón de un atleta?

Los deportistas son capaces de mantener frecuencias cardíacas altas durante más tiempo en situaciones de mayor estrés miocárdico

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Hacer ejercicio físico regular, sobre todo especialidades aeróbicas o de resistencia, beneficia al sistema cardiovascular de diversas maneras. Actividades como el 'running' o la bicicleta contribuyen a un enlentecimiento de la frecuencia cardíaca, un aumento de las cavidades cardíacas, un ligero engrosamiento de los espesores de las paredes del corazón o una mejora de la función sistólica y diastólica, entre otras cosas.

Todos estos ajustes tienen una clara repercusión en la mejora de la capacidad funcional, tanto en el rendimiento deportivo como en actividades de la vida diaria, ayudando también a disminuir el riesgo de sufrir una enfermedad cardiovascular, sobre todo cardiopatía isquémica.

Mejoras morfológicas y cardiovasculares

En personas con un corazón estructuralmente normal y que realizan una elevada actividad física, como los 'runners', suele producirse con el tiempo un engrosamiento de las paredes del ventrículo izquierdo de forma concéntrica, es decir, de forma uniforme en todos sus segmentos. Este aspecto es crucial. De hecho, si un estudio muestra un engrosamiento asimétrico de las paredes del ventrículo, nos puede hacer sospechar de una patología denominada miocardiopatía hipertrófica que puede ser el origen de arritmias.

Si un estudio muestra un engrosamiento asimétrico de las paredes del ventrículo, podríamos sufrir una patología que puede ser el origen de arritmias

Además, este tipo de deportistas también desarrolla adaptaciones en la conducción eléctrica de su corazón. Todos los atletas entrenados han comprobado cómo su frecuencia cardíaca baja y pueden mantener pulsaciones bajas incluso con nivel de ejercicio mayor, además de que son capaces de mantener frecuencias cardíacas altas durante más tiempo en situaciones de mayor estrés miocárdico. Del mismo modo, su recuperación también es más rápida que en personas no entrenadas.

Finalmente, el electrocardiograma de estos deportistas con el corazón adaptado al ejercicio no es idéntico al de las personas que no realizan esta actividad física. Que tengan un electrocardiograma diferente no quiere decir que sea patológico o que suponga riesgo, sin embargo, los cardiólogos debemos saber identificarlo.

En resumen, existe un probable aumento de la incidencia de fibrilación auricular en deportistas que han realizado deporte de resistencia a elevada intensidad durante muchos años. Aunque la causa de esta mayor incidencia no está del todo demostrada, se puede concluir que la práctica deportiva intensa y prolongada implica numerosos beneficios para el sistema cardiovascular.

Dr. José Ángel Cabrera, jefe del servicio de Cardiología del Hospital Universitario Quirónsalud Madrid.

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