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Correr no es un juego: cinco reflexiones sobre el 'running'

Correr nos enseña a ser constantes, a superar la pereza. Sin embargo, queremos conseguir buenos resultados en tiempo récord y, para ello, sometemos al cuerpo a todo tipo de esfuerzos

Foto: Foto: Reuters.
Foto: Reuters.

Un muerto, cuatro corredores ingresados en la UCI del Hospital Donostia y 15 en observación en urgencias. Es el triste balance de una mítica carrera, la Behobia-San Sebastián, que celebraba el pasado domingo su edición número 51.

Los datos ponen los pelos de punta, si bien fueron un total de 34.000 personas las que se lanzaron a correr los 20 kilómetros de distancia que separan el barrio irunés de Behobia y la capital guipuzcoana a casi 30 grados.

La muerte de ese corredor ha abierto, inevitablemente, el debate sobre la preparación de quienes acuden a este tipo de eventos populares. Y ante el más que evidente 'boom' en torno en este deporte cabe preguntarse, ¿estamos perdiendo el respeto a correr?, ¿cualquiera puede participar en una carrera sea de la distancia que sea?

1. Correr no siempre significa salud

Parece evidente que hacer ejercicio es bueno para nuestra salud. Nos ayuda a perder unos kilos de más, a estar ágiles, a eliminar grasa de nuestro organismo, a prevenir enfermedades... Sin embargo, salir a correr y tener salud no siempre van de la mano.

Cuando buscamos rendimiento, cuando buscamos conseguir una determinada marca en una carrera, sometemos el cuerpo a un estrés que difícilmente es compatible con la salud. Hacer una tirada de 30 kilómetros para preparar una maratón o poner nuestro corazón a 190 o 200 pulsaciones difícilmente puede ser compatible con una actividad saludable. Y, sin embargo, es hacia donde se encaminan la inmensa mayoría de los corredores populares.

Correr para encontrarnos mejor, para estar más saludables, se ha convertido en una auténtica batalla por superarse a uno mismo y, siempre que se pueda, a los demás. Queremos ir un paso más allá. Correr no uno, sino cinco maratones al año. Qué digo, queremos correr ultramaratones, y maratones de ultramaratones. No importa si hasta hace apenas unos meses nos pasábamos los días, las semanas o los meses tirados ante un sofá. Vamos a pasar de cero a 100 en un abrir y cerrar de ojos y vamos a convertirnos en la envidia de los demás.

Foto: Corbis.
Foto: Corbis.

 

2. Conseguir resultados rápidos en poco tiempo

Como explico en 'Confesiones de una runner' (Ed. Larousse), correr nos enseña a ser constantes, a ser disciplinados, a superar la pereza. Sin embargo, queremos conseguir buenos resultados en tiempo récord, y para ello, sometemos a nuestro cuerpo a todo tipo de entrenamientos: series, 'fartleks', cuestas, fuerza… Si hace un año corrí mis primeros 10 kilómetros en 60 minutos, y ahora ya bajo de 50, ¿cómo no voy a ser capaz de bajar otros 10 minutos si me 'machaco' seis días a la semana y me pego unas palizas monumentales, entrenando incluso dos veces al día?

3. El gran objetivo de un corredor popular es la maratón

Correr la distancia de Filípides -el pobre acabó tan exhausto que también murió- parece que se ha convertido en único objetivo de cualquier corredor popular que se precie. LA META. Para muchos corredores populares -muchos de los cuales apenas llevan un lustro corriendo-, si no has corrido un maratón, no eres nadie. Correr 10 kilómetros lo hace cualquiera, pero un maratón... Así, nos encontramos con corredores que, en apenas un año, pasan del más absoluto sedentarismo a meterse, entre pecho y espalda, no uno, sino dos, tres, cuatro y hasta cinco maratones al año. Una auténtica locura. ¿Correr así es realmente bueno para la salud? Para que nos hagamos una idea, los atletas profesionales corren, como mucho, dos maratones al año.

Imagen de la maratón de Nueva York. (Reuters)
Imagen de la maratón de Nueva York. (Reuters)

 

4. La culpa, de los entrenadores y del entorno

Es fácil echar toda la culpa de estas locuras a los corredores populares. Son unos inconscientes, no tienen ni idea... Sin embargo, muchos siguen los planes de entrenamiento que un 'profesional' ha elaborado específicamente para ellos. Profesionales a los que, en muchos casos, poco importa que el corredor apenas lleve unos meses corriendo o que no sea lo más apropiado para él, ya sea por su condición física, porque arrastra una lesión… Aparcamos la ética profesional y damos paso a la chequera.

Obviamente, quien toma la última decisión a la hora de correr una maratón es el corredor popular. Nadie le pone sobre la sien una pistola para que lo haga. ¿O sí? Que levante la mano quien alguna vez haya intentado disuadir a un amigo 'runner' de cometer una locura con las zapatillas. Pues eso.

5. ¿Es necesaria una prueba de esfuerzo?

Seguramente, sí. Pero no solo para correr una maratón. Cuanto menor es la distancia recorrida, mayor suele ser la intensidad del ejercicio. Obviamente, no corremos al mismo ritmo un 'diezmil' que una maratón, y, por tanto, aunque a nivel físico y de articulaciones castigamos mucho más a nuestro cuerpo en los 42 kilómetros, sometemos a nuestro corazón a un mayor estrés en carreras mucho más cortas. Yo he corrido una maratón y no superé de máxima las 165 pulsaciones, sin embargo, en la última carrera de 10 kilómetros que hice rocé las 180 pulsaciones, y en la Tower Run de Madrid -consistía en subir corriendo las nueve plantas de El Corte Inglés de Callao-, se me dispararon hasta 190.

*Elena Sanz es autora de 'Confesiones de una runner' (Ed. Larousse) y del blog www.confesionesdeunarunner.com

 

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