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Las otras prácticas universitarias: 50 horas que "rompen prejuicios y estereotipos"
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Las otras prácticas universitarias: 50 horas que "rompen prejuicios y estereotipos"

En segundo de carrera, los estudiantes de la UFV deben realizar seis créditos en una entidad social. Lo que en un principio parece un mero trámite para aprobar una asignatura, supone para muchos de ellos una experiencia transformadora

Foto:  Estudiantes de la UFV durante su voluntariado. (Foto: cortesía)
Estudiantes de la UFV durante su voluntariado. (Foto: cortesía)

Xavier Blavia acaba de terminar su segundo año del Grado en Fisioterapia en la madrileña Universidad Francisco de Vitoria. Durante este curso, ha pasado las tardes fuera del campus, preparando bolsas de comida para personas sin hogar en el almacén de la asociación Bocatas. Lo mismo le ha ocurrido a Desirée Fernández, estudiante de Educación Primaria, aunque en su caso, su labor ha sido la de acompañar a pacientes con cáncer y sus familiares durante sus días de ingreso en el Hospital Puerta de Hierro de Majadahonda.

“El día a día se vive como un camino de ayuda mutua, que se manifiesta en algo tan sencillo como preparar un desayuno, rellenar solicitudes, organizar el despacho, hacer manualidades, dar a conocer la información sobre la Asociación Española Contra el Cáncer y, lo más importante, escuchar al paciente y a sus familiares”, explica Desiré sobre su experiencia. “Guardo un recuerdo bonito y gratificante de mi experiencia en Bocatas. Me he dado cuenta de que no necesitaba cambiar de continente para ayudar a los demás; ni siquiera mudarme a otra ciudad. Todos tenemos gente que necesita una pequeña ayuda a nuestro alrededor”, confiesa Xavier.

Al igual que Xavier y Desireé, todos los estudiantes de esta institución educativa han realizado durante su segundo año de carrera lo que en la universidad denominan prácticas sociales. “Algunos de los pilares fundamentales de nuestro ideario son la centralidad de la persona, la formación integral y el servicio al bien común”, explica Carlos Peral Diez, técnico de Acción Social de la Universidad Francisco de Vitoria.

Una puerta para salir de la burbuja del ámbito académico

Esta filosofía se materializa en el programa educativo a través de la incorporación de unas asignaturas de corte humanístico que forman parte del plan de estudios y están incluidas de forma transversal en cualquier carrera, ya sea de ciencias o letras. Aunque su nomenclatura y contenido varían en los diferentes grados, Carlos Peral, apunta que “gracias a estas materias integran en su vida diaria valores como el respeto por la dignidad humana, la tolerancia, la gratitud, la escucha activa y la vocación de servicio”. Son precisamente este tipo de asignaturas de las que dependen las prácticas sociales.

Así, lo que se busca es generar un espacio para integrar la experiencia de los tres ámbitos: asignatura, prácticas y acompañamiento. En cuanto a las prácticas, los alumnos necesitan realizar 50 horas anuales en alguna de las 157 entidades sociales con las que colabora la universidad. Pueden elegir entre una amplia lista de programas (alrededor de 950), entre los que destacan los relacionados con el apoyo escolar a niños en riesgo de exclusión, el acompañamiento a personas mayores, actividades de ocio con personas con discapacidad intelectual o física, personas sin hogar o población inmigrante. Peral, además, apunta que en carreras como Psicología, “hay un porcentaje alto de alumnos que solicitan plaza en instituciones que tienen como área de actuación las personas reclusas”.

"Gracias a estas prácticas aprenden sobre realidades que, en muchos casos, permanecen invisibilizadas y les permiten romper prejuicios"

Esta experiencia, necesaria para aprobar la asignatura de la que depende, según confiesa Carlos Peral, es “una de las más significativas para los estudiantes durante su vida universitaria. No son conscientes de la capacidad formativa que tienen para ellos cuando comienzan las prácticas, pero lo cierto es que al enfrentarse a situaciones a las que, en general, no están habituados, aprenden sobre realidades que, en muchos casos, permanecen invisibilizadas, y les permiten romper prejuicios y estereotipos”. Y añade que estas "son un medio para experimentar en primera persona que no es indiferente lo que yo haga o deje de hacer, que tiene un impacto en los demás y en mí mismo, y que eso depende en medida de mí".

Una afirmación que secunda Xavier: “Las prácticas sociales pueden ser un simple trámite. Cincuenta horas que pueden conducirte a un aprobado de seis maravillosos créditos. Sin embargo, hay otras formas de vivirlas. Creo que te introducen en el mundo real; descubriendo problemas y dificultades que probablemente desconocías”. Desirée va un pasito más: “Para mí han sido un punto de inflexión en mi vida, mi visión acerca de la muerte, e incluso mi apertura en cuanto a mi vocación como maestra”.

placeholder Acción Social Fundación Altius. (Foto: cortesía)
Acción Social Fundación Altius. (Foto: cortesía)

Así, más allá de los créditos para el expediente académico, para muchos estas horas se convierten en una vivencia humana que deja huella fuera del aula. Una forma de romper la burbuja universitaria y abrir los ojos a realidades desconocidas que, en ocasiones, pueden llegar a reorientar vocaciones. "En una época en la que la educación superior se enfrenta al reto de formar profesionales competentes y personas comprometidas, nosotros apostamos por un modelo educativo que sitúa en el centro a la persona y su capacidad de transformar el entorno", indican desde la Universidad Francisco de Vitoria.

"Porque, como recuerdan Xavier y Desirée, a veces basta con escuchar, acompañar o preparar un simple desayuno para comenzar a cambiar el mundo. Se trata de un modelo formativo integrado que se denomina Formar para Transformar, empoderamos a la persona como individuo para que quiera cambiar las cosas, teniendo en cuenta el plano colectivo: del yo, al nosotros", concluyen.

Xavier Blavia acaba de terminar su segundo año del Grado en Fisioterapia en la madrileña Universidad Francisco de Vitoria. Durante este curso, ha pasado las tardes fuera del campus, preparando bolsas de comida para personas sin hogar en el almacén de la asociación Bocatas. Lo mismo le ha ocurrido a Desirée Fernández, estudiante de Educación Primaria, aunque en su caso, su labor ha sido la de acompañar a pacientes con cáncer y sus familiares durante sus días de ingreso en el Hospital Puerta de Hierro de Majadahonda.

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