El perdón en la era de la cancelación: esta universidad propone un enfoque académico
La indulgencia es una capacidad que, como cualquier otra, se aprende y desarrolla con la práctica. Desde el Instituto del Perdón, en la Universidad Francisco de Vitoria, investigan su efecto en las relaciones y en diferentes áreas de conocimiento
Todos necesitamos perdonar y ser perdonados a lo largo de nuestra vida. Sin embargo, este acto voluntario, que comienza a ejercerse en la infancia temprana, no se desarrolla de la misma forma para todas las personas, sino que se ve afectado por las experiencias individuales y el entorno. La buena noticia es que, como ocurre con otras habilidades, no es estática.
“El perdón es una capacidad que tienen todas las personas y se puede desarrollar mediante la práctica; requiere que nos enseñen”, explica Clara Molinero Caparrós, psicóloga y directora del Instituto del Perdón de la Universidad Francisco de Vitoria. Y añade un matiz importante "aunque a los niños para que aprendan se les dice que perdonen o pidan perdón, la realidad es que se trata de un acto libre, nadie debería obligar a hacerlo".
"El rencor genera estrés, ansiedad, sube los niveles de ira y afecta incluso a la salud física"
Bajo esta premisa, una de las claves que defienden desde el instituto para su enseñanza es que, a pesar de que inicialmente parezca que el perdón beneficia de forma exclusiva al ofensor, tiene, sobre todo, consecuencias positivas para el que perdona. “Cuando te hacen algo malo, lo más habitual es pensar ‘encima que me ha hecho esto, le voy a perdonar’ porque ponemos el foco en quien recibe el perdón. Y aunque es cierto que también le ayuda, sabemos que no perdonar hace que uno viva en un rencor que genera estrés, ansiedad, sube los niveles de ira y afecta incluso a la salud física, a nivel cardiovascular y endocrino”, señala Molinero.
"Nosotros medimos el impacto que tiene perdonar en el bien de las personas, a través de estudios desde distintas perspectivas que abarcan la filosofía, la educación, la psicología y la salud", apunta la psicóloga. Además de esta vía de investigación, ofrecen programas de entrenamiento y formación que imparten tanto en colegios y la universidad, como en cárceles. Para los niños de primaria las formaciones son muy dinámicas, con juegos. En el caso de los universitarios, tienen acceso a una actividad voluntaria, gratuita y anónima, que tiene una duración de 12 sesiones. “Se envían tareas para casa e incluye dos sesiones individuales con un formador para profundizar. Al final hay una sesión grupal en el que valoramos los efectos que ha tenido el curso”. En prisión, por su parte, el programa está enfocado específicamente en el perdón a uno mismo.
Un cambio de concepto
Esta propuesta contrasta con la sociedad actual, cada vez más polarizada y propensa a la cancelación, lo que, como plantea Molinero, lleva a que las relaciones sean frágiles y poco duraderas. “Muchos estudiantes sienten curiosidad por los cursos, pero nos dicen que no se apuntan porque no tienen nada que perdonar. Entonces escarbas un poco y lo que ocurre es que cuando alguien les falla simplemente pasan de esa persona, no la vuelven a ver y ya está. Su visión de las relaciones es muy breve y muy caduca, porque al final todos nos hacemos daño en algún momento. No hace falta irse a casos extremos ni graves, sino incluso la gente que te quiere bien, tarde o temprano, comete alguna ofensa o daño”. El perdón, por tanto, es una herramienta que nos permite avanzar en las relaciones y ser más flexibles.
“El perdón no siempre implica que se restablezca la relación, ni siquiera requiere que el otro reconozca su falta"
No obstante, Molinero hace hincapié en que el perdón no implica necesariamente la participación del otro ni restituir la relación. “La forma de perdonar que nosotros proponemos no necesita ni que el otro reconozca su falta ni que yo tenga que decirle nada. Es algo que puedes hacer solo, sin que el otro colabore, para quitarte el lastre del dolor y del peso que conlleva el rencor”, explica. Esto, en algunos casos, puede facilitar que se restablezca la relación, pero en otros no. “De hecho, nosotros trabajamos con casos graves de abuso o violencia en los cuales la relación no se puede restablecer. Tampoco supone condonar ninguna deuda ni saltarse la justicia”. Se trata, pues, de una liberación del resentimiento que también es positiva para establecer futuras relaciones más saludables.
“Y, por supuesto, requiere tiempo. Hay algunos autores que dicen que el perdón es una decisión, pero nosotros nos separamos un poco de esa línea y decimos que el perdón es un proceso que requiere de valentía, gratitud y tiempo. Cuando hablamos de cosas serias no debe apresurarse porque solo se consigue malestar”, afirma.
“Los presos no van a ver reducida su condena; ellos son conscientes de lo que han hecho. Este programa es una vía de reconstrucción interna"
Un aspecto fundamental que trabajan desde el Instituto del Perdón es el proceso de aceptación de los errores propios. “En la cultura actual se tiende a descartar al que obra mal, se simplifica la realidad y se clasifica en malos y buenos. Esto produce una visión muy sesgada de nosotros mismos, porque en realidad nadie es bueno del todo. Todos nos equivocamos y perdonarnos nos permite aprender y volver a intentarlo”, asevera Molinero. Y añade que “hay un estudio que dice que en ocasiones somos más rígidos con nosotros que con los demás. Entonces, en vez de ir amputando todas las áreas donde alguna vez me he equivocado, el perdón rescata el respeto hacia nuestra persona”.
Este abordaje lo desarrollan de forma más específica en las cárceles como un proceso voluntario, al margen de todo el camino de la Justicia que tenga que hacer cada uno. “Los presos que trabajan con nosotros no van a ver reducida su condena, ellos son conscientes de lo que han hecho, pero este programa es una vía de reconstrucción interna. Intentamos que no pierdan de vista, que siguen siendo personas y que tienen una dignidad por la que merece la pena ser mejores y recomponerse”.
En un momento en el que predomina la falta de entendimiento, la propuesta de la UFV sitúa a la persona en el centro, abordando el perdón como una herramienta de cambio social. “Hablar del perdón hoy es hablar de libertad personal, de reconciliación y posibilidad de futuro. Es abrir caminos nuevos frente a la lógica del conflicto”, señalan desde la universidad.
El Instituto del Perdón, por su parte, es un espacio donde se investiga y se reflexiona en torno a una dimensión humana aún poco explorada desde el rigor académico. De esta forma, desde la universidad ponen el foco en el crecimiento del estudiante no solo a nivel técnico, sino también personal. Los diferentes profesionales que lo conforman son profesores universitarios, la mayoría de ellos doctores, de campos como la filosofía, la educación o la psicología. “Formar a buenos especialistas es esencial, pero formar personas capaces de liderar desde la verdad, el bien y la belleza —personas con herramientas para comprender, acompañar y transformar su entorno— resulta hoy más necesario que nunca”.
A modo de conclusión, desde la institución explican que "el Instituto del Perdón es una expresión viva del compromiso de la Universidad Francisco de Vitoria con un modelo educativo revolucionario que pone a la persona en el centro, orientado al desarrollo integral del alumno desde la verdad, el bien y la belleza con la convicción de que solo quien se transforma puede transformar el mundo".
Todos necesitamos perdonar y ser perdonados a lo largo de nuestra vida. Sin embargo, este acto voluntario, que comienza a ejercerse en la infancia temprana, no se desarrolla de la misma forma para todas las personas, sino que se ve afectado por las experiencias individuales y el entorno. La buena noticia es que, como ocurre con otras habilidades, no es estática.