EL DEBATE ESTÁ SERVIDO

Podemos y la política en red

¿Son realmente las redes sociales útiles a la hora de gestionar una democracia? El partido morado parecía la prueba de ello, y sin embargo...

Foto: Iglesias y Errejón, gestionando redes. (EFE)
Iglesias y Errejón, gestionando redes. (EFE)

Cuando apareció Podemos, me interesó teóricamente su proyecto político porque pretendía aprovechar la 'inteligencia colectiva' para la elaboración de sus políticas, a través de una democracia directa y asamblearia. Otros intentos asamblearios habían fracasado, pero en la actualidad las redes sociales permiten una comunicación que abría la posibilidad de que con Podemos funcionara. Su uso de la tecnología de la información le daba además un aspecto moderno. De ahí mi interés por su planteamiento.

La idea de inteligencia colectiva, de 'multitudes inteligentes', es sugestiva. James Surowiecki, en el libro 'Cien mejor que uno. La sabiduría de la multitud', afirma que, dadas unas circunstancias adecuadas, los grupos manifiestan una inteligencia notable, y con frecuencia son más listos que los más listos de entre ellos. Friedrich Hayek, Nobel de Economía y peso pesado del pensamiento liberal conservador, defendía apasionadamente que una inteligencia individual no podía competir con el “saber distribuido” de miles de personas. Tenía razón, pero solo en lo referente a la buena marcha del mercado, porque uno de sus activos es aprovechar ese saber distribuido en los consumidores. El conocimiento distribuido, para ser eficaz, necesita algún sistema de integración, que organice tanto saber disperso. En el caso de Hayek, es el mercado. Observé con interés si Podemos había descubierto un método que hiciera políticamente funcionales —no solo electoralmente eficaces— los conocimientos esparcidos.

Podemos es un plebiscito continuo, una autocorrección constante, como la de Wikipedia

Sin procedimiento de síntesis y un acertado criterio de evaluación, la inteligencia colectiva no produce automáticamente buenos resultados. Por eso es más verosímil que lo consigan grupos de personas competentes, con diversos saberes y una buena organización, reunidos para realizar un proyecto. Un ejemplo fue el Proyecto Manhattan, en el que trabajaron los mejores físicos, químicos, matemáticos e ingenieros de ese momento, además de 130.000 empleados. Lo triste es que esta concentración de talento tuviera como objetivo inventar la bomba atómica.

Las reuniones asamblearias pueden parecer muy creativas porque suscitan muchas ocurrencias, pero no resuelven bien el problema de integrar las opiniones ni su evaluación. Dan por sentado que el voto de la mayoría es forzosamente la solución mejor o más inteligente. Sin embargo, lo cuantitativo no se convierte necesariamente en cualitativo. Se han hecho muchos intentos para que la opinión colectiva sea la “mejor opinión posible”, como el 'Good Judgement Project' de Philip Tetlock, pero no hay manera de conseguirlo sin tener claros los procedimientos de síntesis y los criterios de evaluación.

Para Podemos, que procedía de movimientos populares, las redes sociales parecían proporcionar la posibilidad de vivir en una participación política permanente, en un plebiscito continuo. Una autocorrección constante, como la que ocurre en Wikipedia, posiblemente la creación intelectual mas valiosa hecha en red. Pensaban que de esa manera podría alcanzarse una democracia perfecta, y que esa democracía sería además justa y eficiente. Es una utopía que las tecnologías de la información han expandido.

La "comunidad global"

Eric Raymond, autor del manifiesto de código abierto 'The Cathedral and the Bazaar', formuló la Ley de Linus, llamada asi por Linus Torvalds, el desarrollador principal de Linux, que dice: "Dada una base lo bastante amplia de testadores y codesarrolladores, casi cualquier problema será rápidamente descrito, y su solución, obvia para alguien". Pero nuevamente nos encontramos con el problema de la evaluación, que también aparece en el gigantesco proyecto actual de Facebook. En febrero de 2017, Mark Zuckerberg redefinió la misión de su compañía (Zuckerberg, M. 'Building global community'). Desde su fundación, había sido un medio para conectarse con la familia y amigos. Ahora, con 2.000 millones de usuarios, su objetivo principal debía ser ayudar a formar una “comunidad global”. La humanidad ha ido agrupándose en comunidades cada vez mayores tribus, ciudades, naciones— que han tenido que inventar sus infraestructuras sociales. Facebook aspira a desarrollar las infraestructuras sociales que nos capaciten para construir una comunidad global que trabaje para todos.

Las redes sociales fomentan justo lo contrario a la libertad de expresión, debilitan la capacidad crítica y ofrecen una impresión falsa de poder

Según Zuckerberg —de quien se rumoreó que podría presentarse a la presidencia de EEUU en 2020—, esas comunidades deben fomentar la ayuda mutua, la seguridad, la información, el compromiso cívico y la inclusión social. Esta última característica se refiere a los valores y a las normas que deben regir en la comunidad global, pero se encuentra con el problema de que los valores cambian mucho de una cultura a otra, o incluso dentro de la misma. La 'solución Facebook' consiste en que cada cultura, o cada comunidad, mediante votación, decida las normas y valores preferidos, a partir de un consenso mínimo. Por ejemplo, se podría preguntar por el 'nivel de desnudez aceptable', un tema que preocupa en Facebook, porque las opiniones de sus clientes son muy diversas. De nuevo, vemos una confianza en lo cuantitatvo para determinar lo cualitativo. No se trata de suscitar ningún debate, ni de pretender que se puedan justificar las normas, sino solo de medir la aceptación, el número de 'likes'.

Se supone que Facebook podría intoducir restricciones en su red de acuerdo con esta votación. En marzo de 2017, el Comité de Interior de la Camara de los Comunes arremetió contra Google, Facebook y Twitter por no esforzarse lo suficiente en censurar internet en su nombre. En su ultima obra, 'La plaza y la torre. El papel oculto de las redes en la historia: de los masones a Facebook', Niall Ferguson comenta: “Sostener que son Google y Facebook los que deberían encargarse de tal censura no solo es eludir responsabilidades, sino la prueba de una ingenuidad poco común. Como si esas dos empresas no fuesen ya lo bastante poderosas, ahora por lo visto los políticos europeos quieren darles el poder de limitar la libre expresión de sus ciudadanos”.

Las redes sociales aparecieron como herramientas para abrir un espacio de libertad y teóricamente lo son, pero, como ya he explicado en esta sección, su 'sistema oculto' fomenta lo contrario. Debilitan la capacidad crítica y hacen mas vulnerables a quienes dependen de ellas, dándoles al tiempo la impresión de que son más poderosos. Ferguson señala que tienen una apariencia de horizontalidad, de igualdad, cuando en realidad mantienen redes jerárquicas potentísimas. Los diseñadores de redes determinan en parte los contenidos que pueden transportar. Las redes son negocios colosales. Solo en 2016, Google se gastó 15.400 millones de dólares en 'lobbies', es decir, en influir a políticos. Además, facilitan la manipulación.

Red de redes

De hecho, se ha creado una industria para hacerlo: el 'marketing' viral, la gestión de reputación, el 'astroturfing' (intoxicación introduciendo información trucada que parece espontánea), los 'spin' (técnicas de manipulación en la red), el partido de los 50 centavos (la contratación de profesionales por el gobierno chino —o por cualquier institución poderosa— para esparcir rumores en internet), los ubicuos expertos en gestión de webs, de marcas, de presencia en la red, son buenos ejemplos. Su utilización política ha conducido al Brexit y al triunfo de Trump. Es evidente que una multitud por sí sola no produce ninguna sabiduría. La conclusión de Ferguson es que no se puede prescindir de las redes verticales y jerárquicas. Podemos lo vio muy pronto, porque dentro de su ideario la participación colectiva tenía que hacerse compatible con un liderazgo muy fuerte. Pero creo que no han sabido conseguir la cuadratura del círculo.

No sé lo que sucederá a Podemos, pero creo que ha sido víctima de confiar en la inteligencia colectiva y en el poder de las redes sociales para fundamentar la acción política. La glorificación de la opinión, del 'like', y no del argumento, favorece una infinita proliferación de posturas, que lleva a la fragmentación y al enfrentamiento. Al hablar de las redes sociales, estamos tratando un problema de enorme relevancia para nuestro futuro inmediato. La experiencia histórica que estudiamos en 'Biografía de la humanidad' creo que nos sirve para vislumbrar una solución. Los seres humanos nacemos dentro de una red de relaciones sociales, que puede fomentar la independencia o la sumisión. Todo el proceso de la búqueda de la autonomía ha consistido en independizarse de las redes sin separarse de ellas, es decir, sin aislarse.

El ideal de la Ilustración ha sido integrarnos como personas autónomas en redes que fomenten la autonomía y el pensamiento crítico. En este sentido, creo que las redes sociales no están funcionando bien, que están siendo 'antiilustradas'. Favorecen más un espejismo de libertad que una libertad verdadera. Montesquieu decía que los rusos pensaban que la libertad consistía en poderse dejar la barba larga. Ahora pensamos que consiste en estar conectados a internet.

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