COLEGIOS ULTRACATÓLICOS Y FALTAS a clase

"Mandé a mi hijo a estudiar al extranjero y ha sido una pesadilla"

Tres familias cuentan las malas experiencias que han tenido con una ONG de intercambio que se basa en el voluntariado debido a los cambios de familia y ciudad a mitad de curso

Foto: La web de AFS.
La web de AFS.

Rosa tenía la ilusión de que su hijo siguiese sus pasos y estudiase un curso escolar en Estados Unidos para aprender el idioma y todas esas destrezas sociales y culturales de una experiencia internacional. Con casi un año de antelación, empezaron a hacer los trámites con la organización AFS Intercultura. Quería que su hijo de 15 años pudiera ir a principios o mediados de verano para aclimatarse y empezar el Bachillerato tranquilo. Sin embargo, los meses pasaban, y pasaban, y nadie les comunicaba ni a qué colegio ni a qué familia iría a parar.

“Hasta el 6 de septiembre no supimos ni el estado donde iba a vivir y el 13 se fue para allá, con el curso empezado. Habíamos acabado de pagar todo en julio, ya no teníamos opción de dar marcha atrás, con el visado cogido, las vacunas… Todo”, recuerda Rosa. “En ese momento, aunque te parezca un engaño, todavía tienes ilusión, y nos dijeron que aunque hubiesen empezado las clases se podía adaptar”.

Nos dijeron que aunque hubiesen empezado las clases, se podía adaptar

Al llegar a Tennessee, el estado donde finalmente pasaría el programa, la familia de acogida les pidió un certificado médico para matricularle. Ahí empezaron a saltar las alarmas. Preguntaron dónde iban a inscribir a su hijo y vieron que el nombre del instituto no se correspondía con el que les había comunicado AFS. “Buscamos el centro y vimos que era un colegio fundamentalista cristiano, que contemplaba el castigo físico corporal, y que defendía cosas como que la mujer está para servir al hombre, y que la homosexualidad es pecado. Se nos puso el pelo de punta”. El centro, protestante, era el único donde todavía admitían a extranjeros y seguía un sistema basado en la interpretación literal de la Biblia. Su modelo educativo se centraba en al autoaprendizaje, a base de leer libros y completar fichas. Ni siquiera había distintos cursos porque el centro solo tenía 14 estudiantes de todas las edades.

Con ese panorama, que su hijo además fuese alérgico a los gatos y le hubiesen mandado a una casa con este animal de mascota (a pesar de advertirlo) era ya casi lo de menos. “Nos quejamos a AFS por lo del instituto y lo siguiente que supimos es que mi hijo tenía que hacer las maletas en una hora porque le cambiaban de ciudad. Le mandaron a 200 y pico kilómetros, pero no sabía adónde hasta que llegó. Imagínate, mi hijo en un coche, sin saber adónde va, sin cobertura para llamarnos… Lo pasamos fatal”.

La familia de acogida les pidió un certificado médico para matricularle. Ahí empezaron a saltar las alarmas. (EFE)
La familia de acogida les pidió un certificado médico para matricularle. Ahí empezaron a saltar las alarmas. (EFE)

Al llegar, pudo ponerse en contacto con ellos, pero las noticias no fueron mejores: “Nos dice que está con tres señoras de la organización que le han puesto un papel encima de la mesa y que tiene que firmar que solo va a hablar con nosotros una vez a la semana y aceptar cualquier colegio o le expulsan del programa”, se queja Rosa. “Le querían aislar de nosotros, decían que hablábamos mucho con él y no se estaba adaptando, ¡pero cómo no íbamos a hablar con esa situación!”.

Rosa y su marido llamaron de nuevo a la oficina de AFS en Madrid y lanzaron un ultimátum: o les daban un compromiso por escrito de que no le iban a volver a cambiar de ciudad y les decían con quién estaba viviendo (solo tenían la dirección y el 'e-mail') o traían a su hijo de vuelta. “No lo hicieron. Mi hijo se pasaba el día en casa, jugando con la máquina… Todo su ocio era ir al McDonald's con la señora con quien vivía, que era voluntaria de la organización”.

Al final, 15 días después de que el hijo de Rosa pisase suelo estadounidense, pidieron a la organización que le devolviera a España, en vistas de que todavía ni tenía colegio, ni familia definitiva ni previsión de que esto fuese a cambiar. Su hijo ha vuelto, pero de momento no han recuperado el dinero del programa. “Nos mandaron una carta que decía que renunciamos a todo el dinero porque la vuelta ha sido voluntaria”, asegura. En total, 11.000 euros que invirtieron en lo que iba a ser un año que recordase toda la vida, y se ha convertido en una quincena para olvidar. Hasta la mañana del pasado viernes, después de que la organización supiese de la elaboración de este reportaje, no les han comunicado el reembolso del importe. “Sentimos que se han reído en nuestra cara, ha sido una pesadilla”, se queja Rosa, que todavía está estudiando junto a su pareja si toma medidas legales contra la organización.

Aislado en el Tirol austriaco

Pero la de Rosa no ha sido la única mala experiencia con esta organización este año. Gonzalo también confió en esta empresa para mandar a su hijo, también de 15 años, a Austria a principios del curso. A pesar de que 20 días antes de la partida les comunicaron que ya tenían elegida la familia con la que estaría todo el curso, una semana antes del vuelo les volvieron a pedir las fotografías y vídeos del menor "para la búsqueda de familia". “No entendimos nada, así que llamamos y nos dijeron muy alegremente que había sido un error, que aún no tenían sitio de acogida”.

La organización reconoce que la búsqueda de familia anfitriona no se inicia hasta que finaliza la inscripción de cada participante, por lo que la duración del proceso es variable y puede pasar que, como le pasó a Gonzalo, la primera casa no sea la definitiva. “El problema es que no tienen familias anfitrionas suficientes. Tú pagas, mandas a tu hijo, y luego resulta que no tienen capacidad. Además, creemos que los procesos de selección han sido mucho más laxos de lo debido, porque la misma directora de AFS reconoció en un encuentro que estaban teniendo problemas para encontrar voluntarios debido al problema de los refugiados”, añade Gonzalo.

El problema es que no tienen familias anfitrionas suficientes. Tú pagas, mandas a tu hijo y luego resulta que no tienen capacidad

Al final, le mandaron a un hogar temporal durante un mes, pero lo peor comenzó después, cuando lo trasladaron —de nuevo con el curso empezado— a 300 kilómetros de la localidad a la que ya empezaba a acostumbrarse y lejos de la familia con la que ya había congeniado. En su lugar, empezó a vivir con un matrimonio de mediana edad con un hijo mayor en una casa en medio del campo desde la que tardaba hora y media en llegar al instituto. Y eso, en el caso de que le acercasen a la estación de tren más cercana, cosa que no siempre sucedía. “Mi hijo empezó a faltar a clase porque nadie le llevaba por las mañanas, hasta un día en que me dice que le han levantado a las cuatro de la madrugada porque el hijo de la familia que le tenía que llevar a la estación se fue a buscar a unos empleados y le dejó en casa de una cuñada para que le acercase ella. Todo un desastre”.

Tras quejarse, las únicas opciones que les dio la tutora local encargada de su programa fue comprarle una bicicleta (inservible en el invierno tirolés, teniendo en cuenta que tenía que cruzar un puerto de montaña), o que se quedase todos los días a clases extraescolares esperando a que alguien de la familia pudiese traerle de vuelta al salir del trabajo. Ninguna de las dos opciones solucionaba la situación por las mañanas. “El problema aquí es que tú firmas el contrato en España pero luego la gestión depende de la oficina de cada país de destino”, explica Gonzalo.

En su caso, han pagado 7.000 euros por un programa que también acabó antes de tiempo. Esta vez, fue la empresa la que dio por finalizado el programa después de intentar —otra vez— que el menor firmase un compromiso. “Pasas tensión, no sabes si al día siguiente tu hijo va a ir al cole o no, o si iba a estar dos horas dando vueltas por la calle”, continúa el padre, que ha decidido contar su experiencia un blog. “Se ha pasado fines de semana metido en casa porque no tenía posibilidad de ir a ningún lado”.

AFS es una ONG basada en el voluntariado fundada en 1914 en Estados Unidos. En sus orígenes, estaba compuesta por conductores de ambulancias que altruistamente llevaban camionetas donadas por Ford para trasladar a las víctimas de un mundo en guerra. La relación que se producía después entre heridos y conductores fue el germen de los intercambios entre países que se han mantenido hasta la fecha.

“Esta gente lo que hace es que cogen chicos, digamos, a volumen. Cogen a cualquiera que hace una solicitud y luego buscan las familias y se adaptan a lo que encuentran. Mi sensación es que cuando se acerca el plazo, como no encuentran, echan mano de familiares o amigos, o de lo que sea, para que estén con ellos el primer mes hasta que encuentran algo definitivo”, explica Pedro (nombre cambiado), otro padre que tiene actualmente a una hija de intercambio en Alemania, pero que también tuvo que cambiarse de casa, ciudad y centro, al mes. “Tuvo que hacer el trayecto en tren, de tres horas y con transbordo, sola. De hecho, tuvo problemas con el revisor porque al ser menor no podía ir sin un adulto, y el señor se puso a gritarle en alemán porque no se entendían”, cuenta. Tampoco ha conseguido que reciba los cursos de refuerzo de idioma que incluía el programa, un extremo que AFS niega.

Desde AFS aseguran que no se hace firmar contratos a menores y que están contempladas las familias de tránsito en su programa

Desde la organización defienden que estos casos son “experiencias aisladas” y que tienen un ratio de satisfacción del 98%. A pesar de que las tres familias aseguran que lo de “la familia de tránsito” les pilló por sorpresa, la directora general de AFS en España, Sandra Lois, explica que “es posible que al participante se le asigne una familia de bienvenida para la estancia de un mes, para luego pasar a instalarse con una permanente. Tanto los tiempos de asignación, como la posibilidad de asignar una de bienvenida antes de la permanente, son informaciones que se trasladan siempre de manera previa en las sesiones informativas, así como durante el proceso de inscripción".

Niegan además que se coaccione a los menores para que firmen escritos donde se comprometen a no comunicarse con su familia o a tomar otra serie de medidas, aunque sí reconoce que elaboran “documentos para mejorar algunos aspectos o propuestas con ellos”, siempre con conocimiento de los padres. "AFS ha abierto una investigación interna para tratar estos casos, los cuales han sido correctamente evaluados y se han tomado las decisiones en cada caso acorde a su casuística", añaden desde la ONG.

La hija de Pedro se ha acostumbrado bien al cambio, y ha tenido suerte con el nuevo colegio y la familia que le ha tocado, “porque ella tiene buena habilidad para adaptarse, pero no todos son así”, dice su padre. “Podría estar perfectamente como los otros casos. No puedes mandar a tu hijo menor de edad a ver qué pasa, y aquí se lavan las manos”.

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