UNA CUESTIÓN DE FONDO

¡Es el poder, estúpido!

Las sociedades han avanzado a mejor cuando se han liberado de cinco obstáculos: la pobreza, la ignorancia, el dogmatismo, el miedo al poderoso y el odio al vecino

Foto: Manifestación convocada por la Societat Civil Catalana. (EFE)
Manifestación convocada por la Societat Civil Catalana. (EFE)

Nos vamos de vacaciones dejando planteada una cantidad escalofriante de problemas. En España, la situación en Cataluña, la posible reforma de la Constitución, el oscuro futuro de las pensiones, el poco halagüeño porvenir de nuestros jóvenes, etc. En todo el mundo, el problema de la migración, las desigualdades económicas, el auge de los populismos de derechas y de izquierda, el integrismo musulmán, el futuro del trabajo, el cambio climático, la desconfianza en la política, etc.

Thomas Homer-Dixon, de la Universidad de Toronto, nos planteó hace años una pregunta que seguimos sin resolver. ¿Seremos capaces de generar el talento necesario para enfrentarnos con tantos problemas? Hasta ahora, lo hemos conseguido, pero dejando millones de víctimas en el camino. Basta pensar en la última crisis económica. Kenneth Clark tituló uno de los capítulos de su famosísima serie 'Civilización', producida por la BBC, 'Nos hemos salvado por los pelos'. Ese es el resumen de nuestra agitada historia.

Una red de personas fanáticas no hará nunca progresar la libertad. Ni una red de aprovechados producirá un mercado justo

En los últimos decenios, había cundido la tecnoptimista idea de que las redes sociales producirían el talento necesario. Ahora estamos lejos de aquel entusiasmo por las 'multitudes inteligentes', porque las redes generalistas (no las organizadas para un proyecto concreto) se han mostrado más eficaces para la movilización que para la producción de ideas. No me cabe duda de que el político que ha entendido mejor la 'política reticular' es Donald Trump, cuya popularidad, como era de esperar de un talento para el 'marketing', va subiendo, ¡y que, además, ha conseguido que los listillos piensen que era tonto y que no había que tomarle en serio!

¡Cómo se estará riendo! Ante la aparición de una profesión de éxito que confiesa que su tarea es manipular las redes, he hablado en esta misma sección de la necesidad de aceptar que la calidad de una red depende de la calidad de sus 'nodos' (es decir de las personas). Una red de personas fanáticas no hará nunca progresar la libertad. Ni una red de ignorantes hará progresar el conocimiento. Ni una red de aprovechados producirá un mercado justo.

Demoler los obstáculos

Estos días termino la investigación sobre la 'evolución de las culturas' que comencé hace años. Del laborioso viaje a través de ellas y de su historia emerge una receta casi mágica por su simplicidad y eficacia. Las sociedades han avanzado convergentemente hacia formas de vida aceptables cuando se han liberado de cinco obstáculos: la pobreza extrema, la ignorancia, el dogmatismo, el miedo al poderoso y el odio al vecino o al diferente. Cuando se logran vencer esos obstáculos, se evoluciona hacia culturas democráticas, justas, pacíficas y creativas. Las herramientas para demoler esos obstáculos resultan pues imprescindibles para resolver los problemas. Son: asegurar el acceso a los bienes básicos, la educación, el pensamiento crítico, las seguridades jurídicas y la compasión.

¿A quién le interesan los argumentos, que suelen ser largos? Olvidamos hechos elementales, pero que no caben en 140 caracteres

Sin eliminar los obstáculos, no podremos resolver los problemas. Pensemos, por ejemplo, en el conflicto catalán. En este caso, la pobreza no es un problema, pero sí lo son —por ambas partes— la falta de información veraz y completa, la capacidad crítica —que es el temple ético necesario para dejarnos guiar por argumentos y no por emociones—, el miedo a la presión social y la agresividad que los nacionalismos inevitablemente fomentan. Sin salvar esos obstáculos, es imposible encontrar una solución inteligente. La fuerza se impondrá, de un lado o de otro.

Posiblemente, todo esto les sonará a anticuado, porque estamos en la época de las políticas de la posverdad y del tuit, que ponen descarnadamente de manifiesto que bajo sedicentes justificaciones que intentan legitimarlo, lo que hay es, como siempre, una feroz lucha por el poder. ¿A quién le interesan los argumentos, que suelen ser largos? Olvidamos hechos elementales, pero que no caben en 140 caracteres. No hay tirano que no haya dicho que gobernaba para salvar al pueblo o a la religión o a la cultura o a la nación o a la raza. Ni siquiera se puede llegar a Papa si en algún momento no se ha deseado el poder.

El ideal del empresario es convencer a todo el mundo de que su producto es imprescindible. La evolución de los nacionalismos es un buen ejemplo

El humilde Francisco de Asís no quiso ser ni siquiera superior de la orden que había fundado, y no lo fue. Schumpeter, un economista muy inteligente, recomendaba pensar la democracia como un gran mercado político, donde distintas empresas intentan atraer al cliente, que es el votante. Una gigantesca máquina publicitaria —o un sistema educativo— se pone en funcionamiento y, entre otras cosas, crea necesidades. El ideal de un empresario —también del político— es convencer a todo el mundo de que su producto es imprescindible. La evolución de los nacionalismos —sean periféricos o centralistas— es un buen ejemplo. Un grupito de 'empresarios políticos' utiliza todo lo que tiene a mano para convencer al cliente de que necesita su producto.

De nuevo vuelvo a la enseñanza derivada del estudio de la evolución de las culturas. Si no nos liberamos de los obstáculos que antes mencioné, volverán a dárnosla con queso, y, además, lo que resulta más preocupante, por procedimientos democráticos. Les deseo unas buenas vacaciones.

Educación

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