¡Es la educación, estúpido!

El economista Hanushek señala que la variación de las tasas de crecimiento económico entre países puede explicarse a partir de dos variables: nivel inicial de ingresos y nivel intelectual de la población

Foto: Si no pensamos en la educación de los más pequeños, nuestro país sentirá las consecuencias a todos los niveles. (Corbis)
Si no pensamos en la educación de los más pequeños, nuestro país sentirá las consecuencias a todos los niveles. (Corbis)

¿Recuerdan el éxito de la frase de la campaña de Clinton: The economy, stupid!? Pues creo que hay que reformularla como indica el título de este artículo. Numerosos estudios relacionan el crecimiento económico con el nivel educativo. El economista de la universidad de Stanford Eric Hanushek muestra que el 73% de la variación de las tasas de crecimiento económico entre países puede explicarse simplemente a partir de dos variables: nivel inicial de ingresos y nivel intelectual de la población, midiendo este último como debe hacerse, es decir, evaluando el desempeño de los alumnos, no el número de años que pasan en la escuela. Luis Garicano, en el blog Nadaesgratis, que les recomiendo, escribía: “El mayor problema al que se enfrenta España no es la deuda, ni el déficit, ni el problema del sector financiero, sino los gravísimos problemas de nuestro sistema educativo (ver aquí y aquí por ejemplo), que reducirán mucho el crecimiento económico en un país que lo necesita urgentemente. Las soluciones, de acuerdo con la evidencia internacional, van estando cada vez más claras: buenos profesores y bien pagados (y aquí las iniciativas para atraer a los mejores estudiantes al sector educativo al modo del exitoso Teach For America, como la reciente propuesta en España “Empieza a Educar”, son muy bienvenidas) y escuelas con autonomía de personal y con sistemas de seguimiento y control del aprendizaje, son elementos necesarios para una reforma del sistema”.

Friedrich Hayek.
Friedrich Hayek.

Por supuesto que no es el crecimiento económico el principal objetivo de la educación, sino el aumento de la calidad de vida, del que es un ingrediente importante. Los partidos conservadores han tomado como punto de referencia económica a los economistas de Chicago, con Friedman a la cabeza, y me extraña que el partido socialista no estudie mejor las obras de otro premio Nobel de Economía –Amartya Sen– que incluye dentro de las mediciones del nivel de vida no sólo la renta per cápita, sino lo que denomina "capacidades", que serían las oportunidades de las que cada persona dispondría para poder convertir sus derechos en libertades reales. Mientras que el pensamiento liberal defiende la “libertad negativa” (que me dejen en paz y no intervengan en mis negocios), Sen aboga por la “libertad positiva” (aumentar la capacidad para hacer algo). A Podemos le recomendaría la obra de otro premio Nobel, Friedrich Hayek. Fue un feroz enemigo de la planificación socialista, y, sin embargo, estudió magistralmente la “evolución espontánea” de la sociedad, es decir, el modo en el que miríadas de decisiones individuales configuran espontáneamente la voluntad popular. Es el economista menos comunista y más populista que conozco.

Como saben, hago lo que puedo para que la educación esté en la agenda electoral. Mañana, en el Círculo de Bellas Artes, moderaré un coloquio sobre este tema con representantes del PP, PSOE, Ciudadanos y Podemos. A todos, en este comienzo de campaña, voy a hacerles tres preguntas:

¿Se comprometen a elaborar un pacto educativo a nivel autonómico y municipal?

¿Se comprometen a que, en caso de gobernar, el sistema educativo de su comunidad se convierta en un sistema de alto rendimiento en el plazo de cinco añosnbsp;               

¿Tiene algún plan municipal para colaborar en el éxito educativo?

Ya saben que el objetivo de excelencia educativa que propongo –sin duda mejorable– supondría reducir el abandono escolar al 10%, mejorar los resultados PISA en 35 puntos, aumentar la proporción de alumnos excelentes y cuidar la educación diferenciada para que todos los niños alcancen su máximo nivel de desarrollo, es decir, trabajar por la equidad del sistema. Los trabajos de Hanushek Woessman calculan que un aumento de 25 puntos PISA se traduciría en un incremento del 3% del PIB. ¿Y qué deberían aprender nuestros chicos y chicas para sobrevivir en el mundo futuro en el que ya vivimos? Según indica Luis Garicano en su libro El dilema de España, “los estudiantes tendrán que adquirir tres fundamentos claves para seguir adelante: un nivel de confianza suficiente en el uso de las matemáticas y las estadísticas; una capacidad elevada para escribir un argumento no solo correcto gramaticalmente, sino razonado con claridad y convicción, y un nivel avanzado de inglés”.

Los niños no mejoraron sus habilidades cognitivas, pero tenían más posibilidades de pasar bien la secundaria y de tener una buena carrera profesional

Sin duda, esto es verdad. Hay, en efecto, una corriente dentro de la economía de la educación que insiste en la necesidad de fomentar esas “habilidades cognitivas”. Pero cada vez tiene más fuerza otra corriente, encabezada por el premio Nobel de Economía que a mi juicio ha estudiado con más precisión el impacto de la educación en la economía. Me refiero a James Heckman. Analizó el programa de las escuelas infantiles Perry, de cuyos resultados a lo largo de muchos años se tenía información. Aparentemente, los niños no mejoraron sus habilidades cognitivas; sin embargo, tenían más posibilidades de pasar bien la secundaria y de tener una buena carrera profesional. Si ese éxito no se debía a las habilidades cognitivas, ¿cuál era su causa? Tras varios años de estudios, concluyó que eran las “habilidades no cognitivas” las responsables de ese fenómeno: la tenacidad, la capacidad de mantener el esfuerzo, de soportar la frustración o de aplazar la recompensa.

Les tendré informados del resultado de la mesa redonda. 

Educación

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