Las improvisaciones del Ministerio de Educación

El cambio de una Ley educativa paraliza la escuela. En el caso de la actual ley, el asunto es más grave: crece el convencimiento de que no se acabará de implantar

Foto: El talento de José Ignacio Wert para no contentar a nadie es digno de pasar al Guinness, afirma el autor. (EFE/JuanJo Martín)
El talento de José Ignacio Wert para no contentar a nadie es digno de pasar al Guinness, afirma el autor. (EFE/JuanJo Martín)

El cambio de una Ley educativa paraliza la escuela durante una legislatura. En el caso de la actual, el asunto es más grave. Crece el convencimiento de que no se acabará de implantar, lo que introduce más confusión y precariedad en la situación. Hay precedentes. La LOCE, de Pilar del Castillo, se aprobó, pero no entró en vigor. Toda la oposición se ha puesto de acuerdo en derogar la actual ley si el PP pierde las elecciones. Como es probable que no haya mayorías absolutas, tendrá que haber pactos, y nadie sabe lo que puede salir de ellos. Para colmo de males, Podemos, la nueva fuerza, entra en liza diciendo que eliminará la enseñanza concertada, lo que significa que conoce poco el sistema educativo español.

Pero las amenazas no vienen de fuera. El Gobierno publicó el pasado 3 de enero los currículos de secundaria que deben entrar en vigor el próximo curso. Me gustaría que personas del Ministerio contaran en público –como me cuentan en privado– el desbarajuste intraministerial en la elaboración de esta ley. Desde abril se ha demorado la publicación de los currículos, con el pretexto de introducir variaciones que no se han hecho, porque, por ejemplo, no se han tenido apenas en cuenta las recomendaciones del Consejo Escolar del Estado, máximo órgano consultivo en materia de educación, que eran técnicamente impecables (y que pueden consultarse en esta página). 

Hay que cambiar muchas cosas en el modo de enseñar, pero primero hay que formar al profesorado, cosa que, como todas las ley educativas españolas anteriores, la actual tampoco contempla

El talento de este ministro para no contentar a nadie es digno de pasar al Guinness. La Federación de Directivos de Institutos (Fedadi) ya dijo en noviembre que no había tiempo para desarrollar el currículo y preparar la oferta educativa de los centros. Felipe de Vicente, presidente de la Asociación Nacional de Catedráticos de Instituto (Ancaba), ha dicho que es inaplicable, porque es preciso reelaborar algo así como 110 asignaturas. Asociaciones de pedagogos también han arremetido contra los currículos. Y cuatro autonomías (Andalucía, Asturias, Canarias y Cataluña) han pedido que se aplace la entrada en vigor porque no tienen tiempo de hacer sus deberes. Recuerden que ahora las autonomías tienen que introducir sus respectivos desarrollos sobre el currículo base aprobado por el Gobierno. Las comunidades con lengua propia pueden decidir el 45% de los contenidos, y las restantes el 35%. Y en todos los casos seguir una tramitación larga.

Sede del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, en la madrileña calle de Alcalá. (CC/Zaqarbal)
Sede del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, en la madrileña calle de Alcalá. (CC/Zaqarbal)

Desde el punto de vista técnico los currículos son muy malos. No están secuenciados, lo que quiere decir que unos contenidos se pueden estudiar en cada autonomía en un curso distinto, lo que plantea problemas si un alumno tiene que cambiar de comunidad. En los estándares de aprendizaje se han soltado el pelo. Hay asignaturas que tienen más de 100 estándares. Algunos críticos suponen que esta proliferación intenta cambiar el modo de enseñar de los docentes. Pues si ese es su propósito, han comenzado la casa por el tejado. Por supuesto que hay que cambiar muchas cosas en el modo de enseñar, pero primero hay que formar al profesorado, cosa que, como todas las leyes educativas españolas anteriores, la actual tampoco contempla. Y, sin embargo, el estudio de las reformas educativas que han tenido éxito en otros países se basa en elevar la calidad de la docencia. Es en el aula y no en el Boletín Oficial del Estado donde se mejora la educación.

Todo esto sucede en un año electoral, cuando varias autonomías pueden cambiar de gobierno, y si el PP no logra mayoría absoluta va a ser muy difícil mantener la ley. Pero derogar una ley educativa que está a medio implantar es muy complicado, y no se puede hacer sin daños colaterales. Supondría otra legislatura de transición. Habría alumnos que pasarían por tres leyes: la LOE, la LOMCE y la que sustituyera a esta. ¿Pero qué nos pasa? Me consta que en el Ministerio hay buenos profesionales, no creo que haya una conspiración en contra de la educación, por lo que tengo que atribuir estas improvisaciones a una desastrosa gestión educativa que ha sido enfermedad crónica de nuestro sistema, y a un profundo desinterés por la educación que el maquillaje retórico es incapaz de ocultar.

Los partidos han sido incapaces de firmar un pacto de Estado, y creo que es hora de que la sociedad les diga que ya está bien de improvisaciones, de cambios alocados, de perder el tiempo y hacérnoslo perder a todos

En la presentación del último informe de “Panorama de la Política educativa”, de la OCDE, Andreas Schleicher, director de Educación de esa institución, señala que debemos fijar una hoja de ruta precisa para conseguir el nivel educativo necesario en un plazo razonable de tiempo. Pues a la vista está que esa hoja de ruta con objetivo temporal claro ni está ni se la espera. Lo malo es que tampoco merece gran confianza  el resto de los partidos. Han sido incapaces de firmar un pacto de Estado, y creo que es hora de que la sociedad les diga que ya está bien de improvisaciones, de cambios alocados, de perder el tiempo y hacérnoslo perder a todos. Propongo que pidamos a los partidos, en este año de elecciones, que no nos cuenten milongas, sino que firmen un compromiso educativo con la sociedad en que se fijen objetivos año por año. Por nuestra parte, los ciudadanos debemos comprometernos a elevar el debate educativo, y a ejercer nuestras responsabilidades. Hay dos contundentes principios pedagógicos: “Para educar a un niño, hace falta la tribu entera” y “Para educar bien a un niño, hace falta una buena tribu”. Desde este espacio, absolutamente independiente de todas las ideologías políticas y religiosas, podemos empezar a movilizarnos. Al menos, tenemos un punto de reunión.

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