Objetivo 5 años: “El sistema educativo se salva por la generosidad de los profesores”

Tenemos la convicción de que el sistema educativo español puede convertirse en un sistema de alto rendimiento en cinco años. ¿Qué opinan los expertos?

Foto: Una profesora en un aula de Navarra (EFE/Jesús Diges)
Una profesora en un aula de Navarra (EFE/Jesús Diges)

Nuestras cartas están sobre la mesa: tenemos la convicción de que el sistema educativo español puede convertirse en un sistema de alto rendimiento en cinco años. Y tenemos también la convicción de que, si la sociedad no presiona, no lo vamos a tener ni en cinco, ni en diez, ni en quince. Buscando abrir el debate, estamos planteando tres preguntas a expertos y agentes sociales educativos para saber si están de acuerdo o no con el objetivo cinco años. Hoy nos visitan Mariano Fernández Enguita, profundo conocedor del mundo de la educación, y los secretarios generales de los tres sindicatos de educación más importantes –UGT, CCOO, y ANPE–.

Mariano Fernández Enguita ha sido profesor e investigador invitado en las universidades de Stanford, Wisconsin-Madison, Berkeley, el London Institute of Education, la London School of Economics, Lumière-Lyon II y la Universidad Sophía (Tokio).

PREGUNTA. Todo el mundo está de acuerdo en que la educación española debe cambiar: ¿quién cree que debe gestionar el cambio educativo?

RESPUESTA. Los requisitos del cambio son a) el compromiso del profesorado, que pasa por modificar radicalmente su formación y selección y b) el funcionamiento integrado de los centros, que requiere direcciones más profesionalizadas y más fuertes y mayor apertura a la comunidad, pero a) y b) no serán posible sin c) iniciativas atrevidas de las Administraciones, que deben perder el miedo al profesorado (y en particular a los sindicatos) y de la sociedad civil, que tiene poco papel en la educación en España.

P. ¿Cree que el sistema educativo español puede convertirse en un sistema de alto rendimiento (reducir el abandono escolar, mejorar 35 puntos en PISA, aumentar el número de alumnos excelentes) en el plazo de cinco años?

R. Creo que es posible eso y más, pero también que algunas cosas son más importantes que otras. La más importante es reducir el fracaso y el abandono a cifras marginales, e hitos imprescindibles en el camino serían eliminar la repetición de curso y proporcionar la diversificación y el apoyo necesarios para que ningún niño ni adolescente se quede descolgado.

P. ¿Qué cree que debería hacerse para conseguirlo?

R. En cierto modo está respondido en las primeras preguntas, pero cabe señalar algunas medidas que, creo, podrían sacudir el sistema. La primera es la transparencia, porque es tremendamente opaco. La segunda es la responsabilidad: hay que restructurar la carrera docente de modo que la formación inicial (que hay que hacer mucho más exigente), la inserción profesional (prácticum, PIR o MIR docente e interinidad, que han de dar lugar a un aprendizaje guiado y evaluado) y el desempeño a largo plazo en el puesto (que ha de desfuncionarizarse en alguna medida) constituyan una trayectoria de desarrollo profesional, de aprendizaje de los errores y fracasos y también, cuando esto no sea suficiente, de salida de la profesión. Todo esto deja fuera otra cuestión: la de qué aprender, y cómo (y dónde) en el nuevo entorno digital, global y transformacional, pero esa es otra historia.

Francisco García. (Efe)
Francisco García. (Efe)

Francisco García es secretario general de FE CCOO, profesor de Primaria y licenciado en Historia Contemporánea.

PREGUNTA. Todo el mundo está de acuerdo en que la educación española debe cambiar: ¿quién cree que debe gestionar el cambio educativo?

RESPUESTA. El cambio educativo no puede hacerse de espaldas a la comunidad educativa ni a la sociedad, algo que, lamentablemente, ha sucedido con la LOMCE. Al contrario, debe ser fruto de un amplio debate en la comunidad educativa (familias, profesorado) y la sociedad y de un consenso en torno a los fines de la educación y a los medios que hay que poner a disposición del sistema educativo para alcanzar esos fines. La Administración educativa debe facilitar los cauces para que ese debate se lleve a cabo y recoger las aspiraciones de la comunidad educativa y de la sociedad, que luego han de ser plasmadas en los textos legales correspondientes.

Rechazamos la idea de que sean el partido del Gobierno y la Administración de turno los que lleven a cabo reformas que son modificadas por la siguiente Administración y que tienen más que ver con el ideario político que con las necesidades educativas.

Sin duda, el principal objetivo del sistema educativo en nuestro país es mejorar en calidad sin perder en equidad.

P. ¿Cree que el sistema educativo español puede convertirse en un sistema de alto rendimiento (reducir el abandono escolar, mejorar 35 puntos en PISA, aumentar el número de alumnos excelentes) en el plazo de cinco años?

R. Claro que sí. Los resultados de nuestro sistema educativo no son inexorables y tienen que ver con nuestra historia reciente y con las políticas educativas que se han venido aplicando. Si atendemos a la primera cuestión, nuestra historia reciente, nuestro atraso educativo hunde sus raíces en un sistema educativo raquítico que ha estado muy por detrás de los países de nuestro entorno en cuanto a la importancia y el esfuerzo que se hacía en educación. Quitando el paréntesis de la II República, que apostó con mucha intensidad por ella, el siglo XX es la historia de un abandono de la educación. Sólo tras la Transición política se comenzó a hacer un esfuerzo para recuperar el terreno perdido. Desde entonces, hemos ido consiguiendo superar nuestro atraso histórico y, paulatinamente, aproximar nuestros resultados escolares a la media de los indicadores de los países de nuestro entorno. Y aproximar también paulatinamente la inversión educativa a la media de los países de la UE. Es preciso decir que ni en un caso ni en otro hemos conseguido alcanzarla, pero parece que íbamos por el buen camino.

Los durísimos recortes educativos de los últimos años han quebrado esta tendencia y sumen a nuestro sistema educativo en una crisis de consecuencias muy negativas en el futuro. Las leyes educativas que, como la LOMCE, apuestan por la segregación temprana van en la dirección contraria a lo que se necesitaría.

En cinco años sería posible poner las bases para todo ello, aunque habría que cambiar radicalmente el tenor de las políticas educativas.

P. ¿Qué cree que debería hacerse para conseguirlo?

R. Considerar la educación una política de Estado antes que una política de partido. Esto significa dotar a nuestro sistema educativo de los medios y recursos necesarios, aproximar nuestra inversión educativa a la media de los países de la Unión Europea y garantizar un consenso educativo básico que dé a nuestra legislación educativa un horizonte de estabilidad. Significa también alcanzar un gran consenso social y político entorno a este objetivo.

Como decía antes, hay que conseguir mejorar en calidad sin perder en equidad, es decir, un sistema educativo capaz de garantizar el éxito escolar de todo el alumnado desplegando las medidas de atención a la diversidad necesarias para tal fin.

Por último, creo que el profesorado es la clave de bóveda en el sistema educativo y que, por lo tanto, invertir en profesorado y recuperar los miles de profesores perdidos a consecuencia de los recortes sería una de las mejores inversiones que podríamos hacer.

Todo esto hay que hacerlo con la participación de la comunidad educativa y como fruto de un amplio debate.

Carlos López Cortiñas. (Efe)
Carlos López Cortiñas. (Efe)

Carlos López Cortiñas es secretario general de FETE-UGT. Miembro del Comité Sindical Europeo de la Educación, del Consejo Escolar del Estado, del Consejo Social de la Universidad de Zaragoza y del Comité Confederal de UGT. Es maestro de Educación Primaria, especialista en Geografía e Historia y en Educación Física.

P. Todo el mundo está de acuerdo en que la educación española debe cambiar: ¿quién cree que debe gestionar el cambio educativo?

R. El cambio educativo es necesario después de la política educativa del Gobierno del PP, ha de basarse en el mayor consenso posible y para ello un acuerdo de mínimos que contemple: la financiación suficiente del sistema educativo, la lealtad institucional entre las administraciones que gestionan la educación y fijar las prioridades para mejorar el rendimiento escolar, será suficiente para ir estabilizando la educación. El cambio lo tienen que liderar los partidos políticos en el ámbito parlamentario pero en connivencia con la comunidad educativa.

P. ¿Cree que el sistema educativo español puede convertirse en un sistema de alto rendimiento (reducir el abandono escolar, mejorar 35 puntos en PISA, aumentar el número de alumnos excelentes) en el plazo de cinco años?

R. En educación, que intervienen muchos factores (ambiente familiar, relación con los compañeros de clase, ambiente del aula, superación de las dificultades...), es complicado conseguir rendimiento a corto plazo. La política educativa debe orientar las directrices para conseguir mejorar los resultados, así como fijar las prioridades educativas a largo plazo. En un análisis comparativo de los diferentes sistemas educativos que obtienen excelentes resultados podemos observar que unos se basan en la exigencia y en la competencia escolar y otros buscan la excelencia sin renunciar a un sistema comprensivo e inclusivo. El PP busca la excelencia, pero rebajando en un punto el PIB dedicado a la educación, lo que conlleva que el alumnado que más necesita de la solidaridad de los PGE se encuentre sin los apoyos necesarios. Sirva como ejemplo que para el año 2015 el programa de compensatoria se ha visto mermado en un 90%. Tenemos que mejorar, ya que es una evidencia los resultados de los alumnos en las evaluaciones PISA pero sin renunciar a lo ya conseguido. En este sentido nuestro sistema educativo está bajando en equidad, como se manifiesta en los últimos informes PISA.

P. ¿Qué cree que debería hacerse para conseguirlo?

R.  Para conseguir mejorar los resultados se debe personalizar lo más posible la educación y para poder atender al alumnado de una forma más individualizada tienen que bajar las ratios y dotar a los centros de los programas de refuerzo y compensación necesarios, pero también apoyar a través de programas específicos a los alumnos excelentes. El profesorado es una pieza clave (junto a la familia) para mejorar la calidad del sistema y para ello la formación inicial y el ingreso a la función pública docente es determinante para elegir al buen profesorado. La motivación y la incentivación son claves y para ello la carrera profesional es imprescindible. El trabajo bien hecho en clase y la promoción profesional deben ser reconocidos para homologarnos con los países de nuestro entorno y por necesidad para el propio sistema educativo.

Nicolás Fernández Guisado. (ANPE)
Nicolás Fernández Guisado. (ANPE)

Nicolás Fernández Guisado es presidente nacional de ANPE  (Asociación Nacional de Profesionales de la Enseñanza). Maestro y Licenciado en Derecho.

PREGUNTA. Todo el mundo está de acuerdo en que la educación española debe cambiar: ¿quién cree que debe gestionar el cambio educativo?

RESPUESTA. El cambio educativo es tarea de todos. Todos estamos implicados en la mejora de la educación y sin la colaboración de TODOS es difícil lograr avances sustantivos.

Ahora bien, el cambio debe venir procedido de un pacto o acuerdo social de mínimos IMPULSADO DESDE EL GOBIERNO. Pacto político y social: el  primero entre partidos políticos y administraciones educativas y el pacto social referido a organizaciones de la comunidad educativa.

Pero para ello hay que ponerse de acuerdo en unos puntos mínimos básicos:

  1. Modelo y estructura del sistema educativo.
  2. Vertebración y organización del sistema.
  3. Los centros educativos, conciliando libertad de creación, derecho a la formación moral y religiosa de los padres y programación general de enseñanza.
  4. Situación del profesorado.
  5. Financiación.

En estos puntos hay aspectos técnicos profesionales y otros de marcado carácter político y social pero es necesario llegar a un acuerdo básico para asegurar la pervivencia y estabilidad del sistema y luego el desarrollo será cuestión de los gobiernos y administraciones correspondientes.

P. ¿Cree que el sistema educativo español puede convertirse en un sistema de alto rendimiento (reducir el abandono escolar, mejorar 35 puntos en PISA, aumentar el número de alumnos excelentes) en el plazo de cinco años?

R. El plazo de cinco años tal vez sea corto pero creo que en diez años se puede dar un impulso impresionante, sobre todo una vez que se logre un pacto o acuerdo y se desarrollen las cuestiones concretas: el modelo educativo, autonomía de los centros, el profesorado (ingreso y acceso), carrera profesional, función directiva, inspectora...  Naturalmente que hay que empezar desde el minuto uno.

P. ¿Qué cree que debería hacerse para conseguirlo?

R. Para conseguirlo hay que asegurar la estabilidad del sistema y trabajar sobre certezas y sin tantas incertidumbres.

Hablo con frecuencia de que los cambios deben ser globales y de conjunto, porque no hay nada peor que los parches. La situación del profesorado sigue sin abordarse y esto es prioritario y esencial.

El profesorado se forma y se recluta por los mismos mecanismos del siglo pasado y eso no puede ser. Si el sistema se salva es por la generosidad de muchos profesores que son autodidactas y con un carácter voluntarista se preparan y adaptan para los nuevos tiempos. Esto hay que regularlo profesionalmente, por eso reclamo un Estatuto docente que regule todas las cuestiones profesionales y sea incentivador y motivador para permitir el mejor desarrollo profesional de los docentes.

En definitiva, si se tiene un marco común es fácil desarrollarlo siendo además flexible,  porque en la sociedad actual y la del futuro hay que estar preparados para la adaptación continua. Por eso el sistema no puede ser rígido.

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