La relación entre la alimentación infantil, la microbiota y el desarrollo del cerebro preocupa a no pocos padres. La experta Dolores de la Puerta abordó este tema durante una conversación con Nazareth Castellanos, experta en microbiota, en la que ambas insistieron en la importancia de cuidar lo que comen los niños, pero sin convertir la comida en una fuente de rigidez o miedo.
La idea central es clara: la alimentación de los más pequeños influye en su microbiota, y esta, a su vez, puede tener impacto en procesos vinculados al sistema inmune, el bienestar digestivo e incluso el neurodesarrollo. Castellanos recordó que el nervio vago recoge información del intestino y la comunica al cerebro, por lo que cuidar la nutrición infantil también supone acompañar la formación de un organismo todavía en desarrollo.
Dolores de la Puerta defendió que los niños necesitan una dieta “completa, variada y rotacional”, sin grandes restricciones de grupos nutricionales. A su juicio, lo recomendable es reducir al máximo los ultraprocesados, los refinados y las grasas trans, pero sin aislar al menor de la vida social. Fue en ese contexto cuando dejó una frase muy gráfica: “No puede ir un niño en casa todo perfecto y va a un cumpleaños y le da diarrea de lo malo que se pone”.
La advertencia no busca justificar una mala alimentación cotidiana, sino evitar el extremo contrario. La clave está en que la base de la dieta sea saludable, con ingredientes reales, variedad y hábitos sostenibles, pero aceptando que en momentos puntuales el niño también participe de celebraciones, cumpleaños o comidas fuera de casa sin que eso suponga un problema.
Castellanos añadió que muchas veces los adultos saben identificar lo que significa “comer mal”, pero no siempre tienen claro qué implica “comer bien”. Por eso defendió la necesidad de educarse en nutrición y de contar, cuando sea necesario, con profesionales que ayuden a adaptar la alimentación a cada etapa de la vida.
La conversación también puso el foco en los desayunos infantiles. Citaron un experimento realizado en un colegio de Estados Unidos donde se ofreció un desayuno saludable a los alumnos y se observaron mejoras en indicadores como la violencia, el absentismo, el bullying y el rendimiento cognitivo.
Otro de los puntos destacados fue la importancia de recuperar la comida como espacio social. Castellanos alertó del aumento de familias que sientan a los niños a la mesa con una pantalla para que “desaparezcan” durante la comida. Según explicó, comer no solo tiene una dimensión nutricional, sino también afectiva y social, y esa interacción forma parte del desarrollo emocional de los menores.
El mensaje final es sencillo: cuidar la alimentación infantil no significa construir una burbuja perfecta alrededor del niño. Significa ofrecer una base saludable, enseñar hábitos, cocinar más con ingredientes reales y permitir que la vida social también tenga su lugar, sin convertir cada excepción en una amenaza.
La relación entre la alimentación infantil, la microbiota y el desarrollo del cerebro preocupa a no pocos padres. La experta Dolores de la Puerta abordó este tema durante una conversación con Nazareth Castellanos, experta en microbiota, en la que ambas insistieron en la importancia de cuidar lo que comen los niños, pero sin convertir la comida en una fuente de rigidez o miedo.