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Cádiz, la ciudad que sobrevivió al tsunami de 1755 y convirtió la tragedia en cultura, humor y eternidad
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Una historia ancestral

Cádiz, la ciudad que sobrevivió al tsunami de 1755 y convirtió la tragedia en cultura, humor y eternidad

Cádiz guarda en su memoria una de las mayores tragedias naturales de Europa. El tsunami de 1755 borró siglos de historia, pero también moldeó el carácter de una ciudad única, donde el humor y la cultura marcan el pulso cotidiano

Foto: Vista aérea de Cádiz (iStock)
Vista aérea de Cádiz (iStock)

En 1755, las gentes de aquel tiempo, musitaban oraciones recogidas tras la enorme tragedia que acabó con más de 100.000 personas en la capital lusa. Al mismo tiempo, en la costa atlántica de la península ibérica, miles de personas eran abducidas por gigantescas olas que rebasaban los 15 metros de altura, trenes de olas gigantescas arrasaban toda la costa del sudoeste de la península manifestando la ira de la naturaleza en su trágico esplendor. No se sabe la cifra exacta de las gentes desaparecidas, pero entre las costas de Huelva y Cádiz se cree que pudieron desaparecer otras 100.000. Tras la retirada del mar en la bahía de Cádiz, media hora después de la sacudida de la tierra en el rango de 8.5 Richter, un colosal Tsunami arrasó todos los pueblos de pescadores y la casi totalidad de la milenaria ciudad gaditana.

Miles de años de historia, desde la Atlántida, hoy sumergida bajo la acogedora alfombra de Doñana, el centenario y longevo Argantonio en su tumba perdida y no hallada, los puertos francos de los fenicios, la cultura Tartesia, Cartago, Roma, Al Ándalus; cientos de pecios de docenas de culturas sumergidos en el olvido del silencio y de la arena agostada en sus playas; seda, tintes, especias, porcelanas chinas, pasaron por sus aguas... ¿Hay en Europa una ciudad con más historia que Cádiz?¿En el mundo? Quizás Estambul o la sepultada Babilonia en los silencios de la historia.

Humor a raudales, retórica inigualable, una narrativa de lo cotidiano amable y lista para empacar

El acervo cultural de los gaditanos está repleto de chismes talentosos. Humor a raudales, retórica inigualable, una narrativa de lo cotidiano amable y lista para empacar; gente asertiva donde las haya, optimismo en medio del vacío más profundo, un desastre es solo un accidente sin más, no tiene plañideras que lo acompañen, la productividad no es a la "alemana" sino de una pulsión vital inigualable, la esperanza es para secundarios, la vida es de color de rosas.

En los confines de la ciudad en una recoleta plaza, mirando al inmenso mar, el ficus de Mora es una leyenda viva. Venido de la India indostánica, al amparo de la universidad alojada en el antiguo hospital de Mora, este ficus gigantesco es probablemente una de las mil almas de esta ciudad eterna mecida por el océano. Otros tres ficus le hacen la corte a la par que dan sombra a los abuelos y a los enamorados.

placeholder Vista aérea del horizonte de la ciudad de Cádiz en Andalucía, España (iStock)
Vista aérea del horizonte de la ciudad de Cádiz en Andalucía, España (iStock)

Pero Cádiz no son solo sus centenarios Ficus; es una forma de cultura vital y existencial que forma parte del ADN de sus habitantes. Ellos viven para el humor, el humor habita en ellos de forma natural de tal manera que han hecho bandera de una condición original de su acervo. Durante la semana de carnaval que se desarrolla en febrero, las agrupaciones "callejeras" también llamadas "ilegales", cantan estas coplillas llenas de vida e ingenio desde cualquier lugar de la ciudad, desde cualquier rincón o plaza o escenario sin declarar; cantan en cualquier sitio de interés y en Cádiz no son pocos, siendo el primer fin de semana de carnaval el momento más intenso en el cual miles de turistas venden su alma al diablo con tal de escuchar la versión verdadera de la realidad, que esa es otra. Con sus picantes retóricas, destripan el discurso y la milonga cotidiana. Las narrativas de las comparsas, su indumentaria escandalosa de estética rupturista y original donde las haya; multiplican el interés del oyente —aprendiz hasta elevarlo al sitial donde la gente se descubre sin inhibición alguna.

La ciudad más codiciada del occidente antiguo, saqueada, invadida, resistente, puerto de grandes aventuras, arrasada por el océano, pretendida por piratas o naciones que jugaban ese rol; sigue resiliente a las agresiones de la historia y es un mito fundacional de la España que con el tiempo sería.

Si no quiere pensar mucho y tan sol sentir, hay santuarios gastronómicos sinnúmero, pero muy destacables, lugares de parada obligatoria en esta hermosa ciudad primus inter pares entre otras que brillan con luz propia. Sin duda, a este paladar le "pone" El Ventorrillo El Chato, que tiene un servicio impecable y un condumio que parece ambrosía, no obstante, requiere localizador o ir con algún nativo, está en la Cortadura (el istmo que unía antiguamente la ciudad con tierra firme), manías que tenían los fenicios de aislarse para su seguridad; y por precaución y para no rebasarlo, se ha de ir a una velocidad moderada.

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El asador Puntaparrilla, próximo al mencionado, tiene precios más comedidos —el Ventorrillo no es caro, pero sí vale lo que cobran, porque están instalados en la excelencia—, podría ser una buena elección si el anterior está desbordado. Y si quiere manducar baratito, el Nomad es el lugar idóneo para ir con los churumbeles, dan unas hamburguesas King Size con patatitas de verdad que te arrastran a un trance, así como quien no quiere la cosa. Para rematar, playas inmortales, buena pitanza, abundante sol, humor a raudales, fiesta...

Cádiz, un instante en la eternidad.

En 1755, las gentes de aquel tiempo, musitaban oraciones recogidas tras la enorme tragedia que acabó con más de 100.000 personas en la capital lusa. Al mismo tiempo, en la costa atlántica de la península ibérica, miles de personas eran abducidas por gigantescas olas que rebasaban los 15 metros de altura, trenes de olas gigantescas arrasaban toda la costa del sudoeste de la península manifestando la ira de la naturaleza en su trágico esplendor. No se sabe la cifra exacta de las gentes desaparecidas, pero entre las costas de Huelva y Cádiz se cree que pudieron desaparecer otras 100.000. Tras la retirada del mar en la bahía de Cádiz, media hora después de la sacudida de la tierra en el rango de 8.5 Richter, un colosal Tsunami arrasó todos los pueblos de pescadores y la casi totalidad de la milenaria ciudad gaditana.

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