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Mencio, filósofo chino: "El hombre debe decidir qué es lo que no va a hacer; entonces podrá dedicarse con vigor a lo que se debe hacer"
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FILOSOFÍA CHINA CLÁSICA

Mencio, filósofo chino: "El hombre debe decidir qué es lo que no va a hacer; entonces podrá dedicarse con vigor a lo que se debe hacer"

Una enseñanza formulada hace más de dos mil años por el pensador chino Mencio vuelve a ganar fuerza por su defensa de los límites, la voluntad y la coherencia personal

Foto: Retrato de Mencio, filósofo chino
Retrato de Mencio, filósofo chino

La frase fue pronunciada hace más de 2.000 años, pero sigue circulando hoy como una advertencia contra la dispersión y la falta de principios. Mencio, uno de los grandes pensadores de la filosofía china clásica, dejó una reflexión que muchos consideran especialmente vigente en una época marcada por la sobreinformación, la productividad constante y la dificultad para establecer límites personales: “El hombre debe decidir qué es lo que no va a hacer; entonces podrá dedicarse con vigor a lo que se debe hacer”.

La sentencia aparece en el Mengzi, el libro que recopila las enseñanzas y diálogos del filósofo, y sintetiza buena parte de su pensamiento sobre la disciplina moral y la fuerza de voluntad. Mencio vivió entre los siglos IV y III antes de Cristo, durante el llamado periodo de los Reinos Combatientes, una de las etapas más convulsas de la historia china.

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Las guerras entre estados eran constantes y los gobernantes competían por ampliar su poder político y militar. En medio de ese escenario, el pensador recorrió distintas cortes defendiendo una idea muy diferente: la verdadera fortaleza de una persona y de un gobernante no estaba en acumular poder, sino en actuar con rectitud.

La frase original en chino clásico, “Rén yǒu bù wéi yě, ér hòu kě yǐ yǒu wéi”, suele traducirse como la necesidad de decidir primero aquello que uno rechaza antes de poder actuar con eficacia. Para Mencio, la energía humana era limitada, por lo que dedicarla a ambiciones vacías, conflictos morales o comportamientos indignos debilitaba el carácter.

Ese “no hacer” del que hablaba el filósofo no tenía relación con la pasividad o la pereza. Al contrario. Su planteamiento consistía en establecer límites claros: no caer en la corrupción, no dejarse arrastrar por la codicia o no sacrificar los principios por interés personal. Solo después de fijar esas líneas rojas, sostenía, una persona puede concentrar toda su fuerza en aquello que considera justo y valioso.

Foto: Imagen de Ortega y Gasset

La idea conecta directamente con el concepto confuciano del Junzi, el “hombre superior” o ejemplar. Mencio, considerado uno de los principales herederos intelectuales de Confucio, defendía que la virtud debía cultivarse mediante decisiones concretas y coherentes. No bastaba con querer hacer el bien; también era necesario renunciar a determinadas conductas.

Muchos especialistas interpretan esta enseñanza como una forma de “economía moral”. Según esa visión, una persona que intenta abarcarlo todo termina agotándose y perdiendo claridad. En cambio, quien tiene definidos sus principios evita conflictos internos y puede actuar con mayor determinación.

La reflexión ha sobrevivido durante siglos precisamente porque trasciende el contexto histórico en el que fue formulada. En la actualidad, la frase suele citarse en ámbitos tan distintos como la psicología, el liderazgo empresarial o el desarrollo personal. También aparece con frecuencia en debates sobre la hiperproductividad y la dificultad contemporánea para desconectar. La paradoja de su pensamiento sigue llamando la atención de estudiosos y lectores. La verdadera capacidad de actuar nace, según Mencio, de la capacidad de negarse. Un “sí” solo tiene fuerza cuando existe detrás un “no” firme y consciente.

La frase fue pronunciada hace más de 2.000 años, pero sigue circulando hoy como una advertencia contra la dispersión y la falta de principios. Mencio, uno de los grandes pensadores de la filosofía china clásica, dejó una reflexión que muchos consideran especialmente vigente en una época marcada por la sobreinformación, la productividad constante y la dificultad para establecer límites personales: “El hombre debe decidir qué es lo que no va a hacer; entonces podrá dedicarse con vigor a lo que se debe hacer”.

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