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Mario Alonso Puig, doctor: "La mirada de los niños, hasta los tres años, está menos sesgada por un mundo de juicios"
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Mario Alonso Puig, doctor: "La mirada de los niños, hasta los tres años, está menos sesgada por un mundo de juicios"

La forma en la que los niños perciben el mundo durante sus primeros años de vida es muy distinta a la de los adultos

Foto: (Youtube | Dr Mario Alonso Puig)
(Youtube | Dr Mario Alonso Puig)

Mario Alonso Puig vuelve a analizar cómo funciona la mente humana a partir de la infancia. El médico y divulgador sostiene que la forma en la que los niños perciben el mundo durante sus primeros años de vida es muy distinta a la de los adultos, y esa diferencia influye directamente en cómo sentimos, pensamos y actuamos.

El experto destaca: “La mirada de los niños, hasta los tres años, está menos sesgada por un mundo de juicios”. Una afirmación que conecta con su visión sobre el desarrollo cerebral y el peso que tienen las creencias en la vida adulta.

Puig explica que, durante los primeros años de vida, el cerebro infantil funciona de manera diferente. Hasta aproximadamente los dos o tres años, predomina el hemisferio derecho, encargado de procesar emociones, sensaciones e imágenes, pero no el lenguaje ni la interpretación.

Esto significa que, en esa etapa, los niños no juzgan lo que ocurre a su alrededor. Simplemente lo experimentan. “Reciben información por los sentidos y generan experiencias emocionales sin interpretarlas”, señala el médico.

A partir de los tres años entra en juego el hemisferio izquierdo, responsable del lenguaje y la interpretación. Es entonces cuando comienzan a construirse las creencias y los juicios que, con el tiempo, condicionan la percepción de la realidad.

El origen de nuestros miedos

Este cambio tiene consecuencias relevantes. Según Puig, la aparición del pensamiento interpretativo está relacionada con el miedo y la inseguridad. Cuando empezamos a juzgar lo que ocurre y a anticipar lo que podría pasar, también surge el temor al error.

“El problema del miedo a fallar es que pone tu atención en evitar el fallo, no en estar presente”, explica. Esa falta de presencia afecta al rendimiento, ya sea en un examen, una entrevista o una competición deportiva.

Desde un punto de vista neurológico, el proceso es claro: la activación del miedo reduce la capacidad de concentración y memoria, al desviar recursos del cerebro hacia mecanismos de alerta.

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Frente a esa tendencia, el experto propone recuperar parte de esa mirada infantil. Se trata de aprender a centrar la atención en el presente, sin quedar atrapados en juicios o expectativas.

“Cuando estás plenamente presente, no puede entrar el pensamiento de si vas a ganar o perder”, afirma. Ese estado, conocido como flow, permite actuar con mayor eficacia y disfrutar más de la experiencia.

En ese punto, Puig introduce otra idea vinculada a la infancia: el valor del juego y del disfrute sin objetivos. Los niños no juegan para conseguir resultados, lo hacen por el propio placer de la actividad.

Recuperar esa actitud no es sencillo en la vida adulta, marcada por la presión y la productividad. Sin embargo, el médico insiste en que es posible entrenarlo. El primer paso es reconectar con aquello que nos gustaba, pero sin exigencias ni expectativas.

Mario Alonso Puig vuelve a analizar cómo funciona la mente humana a partir de la infancia. El médico y divulgador sostiene que la forma en la que los niños perciben el mundo durante sus primeros años de vida es muy distinta a la de los adultos, y esa diferencia influye directamente en cómo sentimos, pensamos y actuamos.

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