Equivocarnos forma parte de todo proceso de maduración de cualquier persona. La vida es una toma de decisiones constante. Por lo que no siempre caminaremos sobre la senda más razonable, lección que aprenderemos a base de golpes y frustraciones que calen hondo en nuestro ser para sacar una enseñanza útil de ello.
Muchos de estos errores implican un posterior arrepentimiento por no haber estado a la altura de la situación, siendo las disculpas la mejor manera de exteriorizar ese reconocimiento de la culpa. Identificar nuestro problema y tratar de ponerle remedio es una de las mejores maneras de enfocar estos escenarios tan frecuentes.
Dicho asunto ha servido de centro de debate en multitud de conversaciones, en ocasiones mantenidas por algunas de las figuras más reputadas de sus respectivos campos de conocimiento. En el caso de la literatura, contamos con autores de renombre como Mario Benedetti, que redactó una de las frases con un significado muy particular sobre este asunto.
Prevención antes que el perdón
“Pedir perdón es humillante y no arregla nada. La solución no es pedir perdón, sino evitar los estallidos que hacen obligatorias las excusas”, aseguraba el escritor uruguayo. Y es que el mejor método para que estas circunstancias no se den pasa por evitarlas a toda costa. Es por ello que debemos atender a la previsión para no sufrir las consecuencias de nuestros propios actos.
Recurrir a las disculpas implica combatir nuestro orgullo para aceptar la realidad de nuestro error. Sin embargo, la paciencia y la sabiduría apuntan a dejar a un lado nuestro instinto impulsivo y a emplear la reflexión en nuestro beneficio. Es por ello que cambiar de opción o pensamiento puede ser una victoria absoluta.
Observar el escenario que se presenta desde diferentes perspectivas puede otorgarnos una mayor información para un acierto más certero. Mientras no sea necesario hacer un movimiento, la mejor actitud es aprender del silencio. Se trata de una lección que tarde o temprano la experiencia nos enseñará a través de múltiples caminos.
Equivocarnos forma parte de todo proceso de maduración de cualquier persona. La vida es una toma de decisiones constante. Por lo que no siempre caminaremos sobre la senda más razonable, lección que aprenderemos a base de golpes y frustraciones que calen hondo en nuestro ser para sacar una enseñanza útil de ello.